La indecisión se cura en la cuna

La indecisión se cura en la cuna
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Si te acuerdas, el mes pasado comentamos lo de las decisiones al volante, la siniestralidad vial debida a la distracción y todo aquello. Hoy cierro ya esa parcela y prometo no dar la vara más con este tema en un cierto tiempo, pero es que ya te dije el primer día que la caja de los truenos que habíamos abierto era muy interesante.

Tanto, que en una de esas humoradas tan mías acabé el último día con una suerte de acertijo en el que mezclaba la formación del conductor con la distracción y con el peso de la siniestralidad vial, y lo remataba desmintiendo mis propias palabras anunciando que esto que sigue encerraba una falacia:

Resulta que al final la formación del conductor tiene un peso específico en el tipo de decisiones que este pueda tomar. Y sin embargo, si atendemos a los datos del estudio, veremos que lo que importa a la hora de evitar una colisión es la distracción, mucho más que saber o no saber incorporarse a una autopista, o entrar a destiempo en una rotonda o poner un intermitente y no maniobrar al final, ¿verdad?

Y no, no era verdad. Aunque la formación del conductor realmente tiene un gran peso especifico en la toma de decisiones, mucho mayor del que solemos tomar en cuenta, no es cierto que el factor de riesgo más importante para evitar colisiones sean las distracciones.

Distracciones al volante

¿Cómo? ¿Pero no es la distracción el factor de riesgo fundamental? Pues sí, pero si te acuerdas bien, la semana pasada hablábamos de siniestros con víctimas, no de “colisiones”. Y lo entiendo, porque los siniestros con víctimas son más graves que los simples toques de chapa. Pero como yo soy un poco talibán para estas cosas, no concibo que nadie tenga que chocar ni siquiera aparcando.

¿Sabes por qué? Pues porque si admito esa posibilidad estoy abriendo la puerta a la siniestralidad con víctimas. Al fin y al cabo, no conozco a nadie que lleve anotado en su agenda: “Hoy le voy a hacer un rayajo al coche que me va a doler en el alma”, y tampoco sé de nadie que dijera: “Hoy me quedaré en silla de ruedas para toda la vida”. Y todo sucedió. Y la diferencia entre uno y otro caso seguramente fue circunstancial.

Quizá sea un soñador, pero no soy el único, como cantaba Lennon. No, en serio. Si hay algo que no sea es una persona despegada de la realidad, pero me niego a pesar la siniestralidad vial a razón de las consecuencias que acarrea en cada caso. No sería justo para nadie, y el día que lo haga así estaré colaborando para que haya más fallecidos en las carreteras.

La siniestralidad vial es toda ella grave, toda indica que algo ha fallado, y hasta el más simple roce de chapa – que de simple no tiene nada – es un toque de atención para que no fallemos más. Si luego ya hablamos de fallecidos, heridos y familiares o amigos que sufren (un centenar de personas alrededor de cada víctima, más o menos), entonces ya estamos en el peor de los escenarios.

fauna en ruta: simple roce de chapa

Formación, formación y formación

Aquí, quien se acercó bastante al quid de la cuestión (y no me extraña, porque fue él quien propuso el estudio del Intras para que lo desgranáramos) fue Reverfons, en los comentarios:

Es cierto que las distracciones provocan muchas situaciones de riesgo, pero las indecisiones o las malas decisiones quizá mas, la formación es fundamental, alguien con muy buena formación y bagaje puede cometer errores por distracción pero muy difícilmente por mala decisión ya que es difícil que cometa un mal análisis de la situación y resuelva mal o tenga indecisión, en cambio una persona sin formación además de las distracciones puede cometer también malas decisiones.

Bueno, yo entiendo que había una buena razón por la que el Intras decía que la distracción estaba detrás de la mala decisión. Cuando uno se distrae, aumenta su tiempo de reacción, las cosas se le tiran encima y ya no es capaz de decidir de forma correcta. Intuyo que los tiros iban por ahí.

Distracción con un smartphone en el coche

Dejando eso de lado, es cierto que hay que aprender a decidir, y que no todo el mundo lo ha hecho. De ahí que yo siempre haya abogado por una formación que enseñara a decantarse por una elección de forma definitiva y resolutiva. Ya sabes, lo de enseñar a pescar. Había por ahí (de hecho, hay) un gran examinador y jefe de examinadores que hace años explicaba esto de una forma muy gráfica y acertada: “No miréis nunca por vuestros alumnos, enseñadles a mirar y supervisad lo que miran”. Pues eso.

Por retomar los ejemplos que me parecen clásicos para la toma de decisiones, ¿a ti te enseñaron a incorporarte a una autovía con el coche detenido en la calle, papel y boli en mano (o con un iPad, tanto me da), explicándote cuál era el objetivo, cómo conseguirlo y qué había que evitar a toda costa? ¿Alguien se molestó en dibujarte una rotonda, proponer varias situaciones tipo y comentarte qué pasaría si entrabas o si no entrabas en cada momento? ¿O quizá te encontraste un día decidiendo a la buena de dios, sin tener un referente claro?

Pues de eso va la cosa. Sin unas técnicas adecuadas de aprendizaje, difícilmente las decisiones serán correctas. Por supuesto que existe el autoaprendizaje y hay personas extraordinariamente hábiles en aprender de forma autodidacta. Pero la cotidianeidad nos dice, a poco que observemos lo que sucede en las carreteras día tras día, que al volante hay muchos supuestos conductores que, más que conducir, se dejan conducir por los acontecimientos. Y así nos va.

En Motorpasión | Decídete, decídete ya y decídete bien: la decisión final

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