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Decídete, decídete ya y decídete bien: la decisión final

Decídete, decídete ya y decídete bien: la decisión final
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La semana pasada decidimos tú y yo que hoy seguiríamos hablando del tema que propuso Reverfons, el de las indecisiones mortales a raíz de un interesante estudio llevado a cabo por el Intras por encargo de Línea Directa, ¿recuerdas? Vamos hoy con esa segunda parte.

Habíamos quedado en que una decisión inadecuada había resultado determinante en el 73 % de los siniestros con víctimas, estuvimos viendo las implicaciones que podían tener aquellas conclusiones y nos quedó por explicar algo, o bastante, sobre la toma de decisiones, que me dijiste que era un tema interesante. Vale, pues esa es la intención que tengo con el artículo de hoy.

Para empezar, casi que tendríamos que explicar bien lo que significa “decisión inadecuada”, y lo vamos a hacer partiendo de la base. Ya sabes que de vez en cuando me gusta echarle un ojo al gran libro de las palabras, y en este caso lo voy a hacer para ver qué se supone que debemos entender cuando hablamos de decidir:


decidir.
(Del lat. decidĕre, cortar, resolver).
1. tr. Cortar la dificultad, formar juicio definitivo sobre algo dudoso o contestable. Decidir una cuestión.
2. tr. resolver (‖ tomar determinación de algo). U. t. c. prnl.
3. tr. Mover a alguien la voluntad, a fin de que tome cierta determinación. Real Academia Española © Todos los derechos reservados

Es decir, que cuando decidimos lo hacemos de forma definitiva y además resolutiva. Ya sabía yo que el Diccionario me iba a ayudar… Cerramos el libraco y volvemos a sentarnos en el interior del coche.

Definitiva es nuestra decisión al volante. Es decir, una vez que hemos decidido, es lo que hay, no existe Ctrl+Z, no tenemos el comando Deshacer. Por lo tanto, lo que decidamos, más vale que esté bien decidido. Aunque parezca una obviedad, miles de conductores no lo tienen claro. Son los que igual tiran marcha atrás medio kilómetro porque “ay, es que me he pasao de largo”, que se te cambian una y otra vez de carril porque, “joder, ¿por dónde era?”, que aceleran y de repente frenan… Sí, esos.

Por otra parte, nuestra decisión debe ser resolutiva. Esto es, que aporte algo a nuestra conducción, a ser posible seguridad y agilidad a partes iguales. A ser posible, he dicho. Para hacerlo, no sólo es necesario haber conducido en un incalculable número de escenarios diferentes – aunque eso ayuda de forma incontestable – sino que hay que tener algunos sentidos estimulados desde el primer día que nos ponemos a aprender a circular, un aprendizaje que, por cierto, nunca acaba.

Y ahora abro el libro de las anécdotas del profe, que dice mi psiquiatra que eso me ayuda.

fauna en ruta: decisiones al volante

Empiezo con un curioso fenómeno del que fui testigo directo y que, ojo, tiene la fuerza estadística que tiene: nula. La cosa es que trabajando con alumnos de 18 a 30 años (de 30 hacia arriba es otra historia) me sorprendió ver que cada vez era más frecuente ver chavales de 18 que no sabían decidir. Esa evolución (¿involución?) asusta. Y asusta porque en un coche es un peligro.

Ya metidos en harina, una de las tendencias de buena parte de los futuros conductores, a la hora de decidir, consistía en guiarse por lo que yo denominaba esquema circular, que es el que empleamos cuando tomamos una decisión clásica. Lo de circular viene porque le damos vueltas una y otra vez a nuestras opciones antes de decantarnos por una de ellas. Y en la vida cotidiana™ nos sirve.

El problema es que en un coche la toma de decisiones debe ser mucho más ágil, sin darle tantas vueltas a las cosas. Definitiva y resolutiva, que hemos dicho antes, siguiendo el procedimiento que ya esbocé la semana pasada, sin posibilidad de hacer Ctrl+Z si no es volviendo al punto 1:

  1. Observamos el entorno.
  2. Seleccionamos la información relevante.
  3. Comparamos lo que vemos con lo que conocemos por nuestro bagaje.
  4. Elegimos una respuesta adecuada.
  5. Ejecutamos limpiamente la opción elegida.

Y todo eso, en un tiempo récord. Claro, aquí la pieza clave es el bagaje que tengamos. Por eso se supone que un conductor experimentado, que las ha visto de todos los colores, tiene una capacidad de decisión más precisa. Sin embargo, este es un aspecto que se forja (o debería) en los futuros conductores ya desde su aprendizaje, incluso en el aula, antes de coger un coche.

Dos claros ejemplos de esto son las incorporaciones y los accesos a las rotondas. La técnica a la hora de acceder marca en buena medida si un conductor es o no decidido. Pero, claro, a una persona que aprende no se le puede exigir un bagaje, así que hay que dárselo. Hay que enseñarle la lógica de una incorporación (que la tiene) y la lógica del tráfico en una rotonda saturada (que la tiene también).

A la práctica, sin embargo, lo que vemos en la calle es el resultado de décadas en las que nada de esto se enseñó. Ojo, y a día de hoy hay muchas zonas en las que tampoco se enseña, me consta. Así que no nos extrañemos cuando vemos personajes que van avanzando lentamente sobre el carril de aceleración (¿por qué lo llamarán así?) hasta detenerse al final, o gente que entra a las rotondas (¡towandaaa!) sin siquiera mirar más que al frente porque no saben qué narices deben mirar.

De aquellos polvos, este lodazal.

fauna en ruta: incorporaciones

Un toque de atención a la distracción

Volvamos un momento ahora al estudio del Intras sobre las decisiones al volante, que estaba basado en el análisis de 174.000 siniestros con más de 290.000 conductores implicados. En él nos aportan una interesante tabla sobre el nivel de demanda, es decir, la combinación entre el contexto o escenario del siniestro vial y la conducta o la acción del conductor.

 SituaciónHorarioCondiciones meteorológicasSuperficieTráfico
( – ) Nivel de demanda ( + )
Incorporación a vía principal en intersecciónNocturnoMalasMalaDenso o Muy denso
Maniobra súbita en curva fuerteNocturnoBuenasLimpia y secaDenso o Muy denso
Brusca reducción de velocidad en recta o curva suaveDiurnoMalasMalaFluido
Siguiendo en la ruta en curva fuerteDiurnoBuenasLimpia y secaFluido
Adelantando en recta o curva suaveDiurnoBuenasLimpia y secaFluido
Siguiendo en la ruta en recta o curva suaveDiurnoBuenasLimpia y secaFluido

Es bastante obvio, ¿verdad? A medida que las cosas se ponen chungas, mayor es la demanda que existe sobre la decisión del conductor. ¿Cuáles dirías que son las situaciones que aglutinan la mayoría de los siniestros viales? Vuelvo a citar aquel fragmento con el que acabé la semana pasada:

Casi 130.000 siniestros con víctimas se hubieran podido evitar si los conductores hubieran sido capaces de valorar correctamente los peligros de la carretera y hubieran tomado una decisión más adecuada a la situación de riesgo.

Vale, pues aquí está la cifra: el 77 % de los siniestros analizados se produjeron en maniobras de baja dificultad de conducción. Por ejemplo, seguir la ruta sin apenas tráfico y en buenas condiciones meteorológicas. Traducción: se nos va la pinza que da gusto. Cuando el nivel de dificultad desciende las distracciones aumentan en un 11 % respecto a las situaciones más complicadas.

fauna en ruta: distracciones

Es decir, que por muy duchos en la conducción que nos creamos tú y yo, por muy integrados que tengamos los movimientos y los resortes necesarios para conducir, la distracción nos puede pasar factura si intentamos estar por demasiadas cosas a la vez. Ah, sobre esto me explayé en Circula Seguro hace unos días, por si le quieres echar un ojo a lo que conté allí. Fin de la cuña.

Por otra parte, volvemos a lo que hemos dicho tú y yo a veces: las distracciones no se persiguen con tanta virulencia como se persiguen otros factores de riesgo más sencillos y lucrativos de denunciar. Pero como eso ya está hablado y no lo vamos a cambiar, pasamos a por otro aspecto más interesante. O al menos, más útil para nosotros como conductores.

Resulta que al final la formación del conductor tiene un peso específico en el tipo de decisiones que este pueda tomar. Y sin embargo, si atendemos a los datos del estudio, veremos que lo que importa a la hora de evitar una colisión es la distracción, mucho más que saber o no saber incorporarse a una autopista, o entrar a destiempo en una rotonda o poner un intermitente y no maniobrar al final, ¿verdad?

Pues no, no es verdad. Este último párrafo contiene una falacia bastante recurrente que al menor descuido nos tiene a ti y a mí haciéndole palmas con las orejas sin pensar en lo que estamos aplaudiendo. Sobre esto hablaremos tú y yo la semana que viene (si no es que me pisas el tema ahora en los comentarios, claro). Tómatelo como un acertijo de verano, que mola más.

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