Si has cambiado el aceite de tu coche o has visto cómo lo hacen en el taller, te habrás fijado en el color del aceite nuevo: suele ser de un llamativo color dorado. En cambio, cuando revisas el nivel de aceite con la varilla, el color de ese lubricante ha pasado a ser más oscuro y, si el coche es diésel, directamente tiene un tono negro, aunque hayas recorrido pocos kilómetros desde el cambio de aceite.
No es porque el motor de tu coche esté roto, ni porque el aceite sea de mala calidad. Ese cambio de color es normal, aunque llama la atención que se produzca tan rápido. Tiene que ver con los aditivos y detergentes que lleva el aceite, pero también con el proceso químico que experimenta este lubricante dentro del motor.
Si el aceite se vuelve negro no es una mala noticia, sino todo lo contrario
Da igual el aceite de motor que utilices en tu coche, tarde o temprano se acaba oscureciendo. Y digo tarde o temprano porque ese proceso de cambio de color no se produce igual de rápido en todos los coches: en los motores de gasolina, el color dorado o marrón de origen suele durar bastante, incluso miles de kilómetros, mientras que en los diésel, el aceite se vuelve negro a los pocos minutos de arrancar el motor después de un cambio, sencillamente porque la combustión es más “sucia” que en un motor de gasolina.
Y es que, en parte, el proceso de oscurecimiento del aceite del motor tiene mucho que ver con esto último. Los motores generan partículas minúsculas de carbono no quemado, lo que comúnmente llamamos hollín, especialmente los diésel.
Los aceites modernos llevan aditivos y detergentes para limpiar esas partículas: digamos que las arrastra y las atrapa el propio aceite para evitar que se depositen en los componentes internos del motor y como son de carbono negro, tiñen el aceite enseguida. Esa es, de hecho, una de las funciones del aceite, por lo que debe oscurecerse necesariamente con el paso del tiempo. En cambio, deberás preocuparte si el aceite es muy espeso, tiene grumos o residuos metálicos visibles.
“Los aditivos suponen una protección extra imprescindible, por eso los lubricantes de calidad utilizan paquetes de aditivos para mejorar las propiedades de las bases y aportar otras que no tienen. La mayor parte de esos paquetes de aditivos están diseñados para ser sacrificados y utilizados durante la vida útil del lubricante. Los antioxidantes y detergentes reaccionan con los productos intermedios de la degradación. Cuando esto ocurre, los aditivos pierden su efecto y, por tanto, el proceso de degradación se acelera”, explica Total Energies.
Por otro lado, el aceite se somete a temperaturas muy elevadas dentro del motor y algunos componentes de los hidrocarburos que componen el aceite reaccionan con el oxígeno a esas temperaturas, de manera que se produce un proceso de oxidación. Es algo parecido a lo que sucede con el azúcar cuando se calienta, que cambia su color blanco a un tono tostado.
Con el tiempo, el aceite se degrada, tanto por la contaminación, como por funcionar de manera habitual a altas temperaturas, aunque el color no es un indicador de esa degradación, no pienses que el aceite de tu coche diésel se ha degradado 10 minutos después de cambiarlo porque ha pasado a tener un tono oscuro.
En cualquier caso, debes tener claro que los aceites tienen una vida útil que se mide por kilometraje o por tiempo: normalmente, se recomienda cambiar el aceite cada año o cada 15.000 km, lo que llegue primero.
Imágenes | Mopar, Castrol y Unsplash
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