
Estos últimos días he estado en Suiza, un bonito país. Es un paraje idílico, es como vivir en una postal o en un cuento, y hablando de cuentos, os voy a contar uno. Érase una vez un chico de 28 años, que agraciado por la fortuna y la suerte, era poseedor de un bonito Bentley, y un modelo de los gordos.
Cierto 21 de abril de 2011, sintió el impulso de hacer algo grande. Circulaba por la autopista que transcurre entre Coppet y Vengeron, y pisó el acelerador al máximo. La aguja del velocímetro del Bentley alcanzó los 325 km/h, casi triplicando el límite de velocidad local (110 km/h).
No hablamos de la A-6 mientras atraviesa Castilla, sino de una autopista que está en Suiza, un país tremendamente montañoso y repleto de túneles, cambios de rasante, etc. Nadie se habría percatado de su fechoría, pero hubo un testigo, se llama teléfono móvil, porque lo grabó y en su memoria se quedó.










