Hoy en día, las emisiones de dióxido de carbono que emiten nuestros coches son objeto constante de estudio, y dado que son directamente proporcionales al consumo de combustible del vehículo, no sólo interesan por cuestiones medioambientales, si no también económicas.
Las organizaciones no gubernamentales, como Greenpeace, tratan de fomentar que las compañías de automóviles mejores los datos de emisiones de sus vehículos, pero ahora tenemos un caso algo peculiar. Esta ONG ha centrado toda una campaña de presión contra una sola compañía, Volkswagen.
Hay varias razones por las que Greenpeace se ha centrado en un compañía en concreto y no en la industria en general. La más importante es que dado que es el primer fabricante europeo, una medida positiva por parte de Volkswagen tendrá un impacto muy grande.
El Plan Nacional de Mejora de la Calidad del Aire ha sido finalmente aprobado por el Consejo de Ministros celebrado el viernes 4 de noviembre. Sobre este asunto ya os hemos ido informando en Motorpasión, cuando se filtró el primer borrador y posteriormente al concretarse las propuestas que tendría el Plan. Se terminó el tiempo para especular porque ya es un hecho, veamos en qué consiste.
El Plan contiene noventa medidas de actuación para asegurar el cumplimiento de los valores límite de PM10 (material particulado) y NO2 (dióxido de nitrógeno), así como la reducción simultanea de precursores de ozono, con el objetivo de conseguir centros urbanos saludables.
Dado que el tráfico es el elemento clave para mejorar la calidad del aire, la mayoría de medidas van dirigidas al tráfico rodado. El Plan contempla dos lineas de actuación: un conjunto de medidas de sensibilización y el establecimiento de zonas urbanas de atmósfera protegida.
Los fabricantes europeos (excepto los que producen poco) tienen la obligación de recortar las emisiones de dióxido de carbono medias de su flota. El cálculo se hace multiplicando las emisiones de cada modelo por las unidades vendidas, dividiendo entre el total de lo que venda el fabricante.
Para 2015 se quiere llegar a una media de 130 gramos/km a nivel de flota. Más de un fabricante ya lo ha conseguido o está muy cerca. Pero para recompensar las innovaciones que reduzcan el consumo, se ha pensado en una bonificación. Esto se acerca más a las posturas de los fabricantes, porque les beneficia.
Por ejemplo, la instalación de unos paneles solares o una microhibridación (Stop&Start) computaría como 7 gramos menos de media a nivel de flota, lo que facilitaría a muchos llegar a ese nivel. Recordemos que los fabricantes que se pasen del límite de 130 tendrán que pagar cuantiosas multas, que ninguno quiere pagar.
El Ministerio de Industria, Turismo y Comercio junto con el de Medio Ambiente están cocinando el Plan Nacional de Mejora de la Calidad del Aire. Este plan propone restringir la circulación de los vehículos más contaminantes dentro de zonas especiales de circulación restringida, únicamente en vías urbanas. No es nada nuevo en Europa.
Esto no se aplicaría antes de 2012, pero puede demorarse hasta 2015. Habría que etiquetar a los coches con cuatro colores, que especificarían su nivel de emisiones. En función de la etiqueta, empezarían por no recomendar su circulación, posteriormente se restringiría en función de los niveles de contaminación.
No se trata de una simple ocurrencia recaudadora, sino una realidad en países como Alemania o Italia. En el caso alemán, si nos fijamos en el parabrisas, visto de frente, abajo a la izquierda hay una pegatina de colores. Esta pegatina determina el nivel de contaminación, y afecta a su acceso a las Umwelt Zone (todas las imágenes en adelante son del ejemplo alemán).
Como un preludio a esta situación están las imágenes de la boina marrón que tenía Madrid en febrero de este año. En esa ocasión, el Ministerio del Medio Ambiente se cabreó cosa mala, no podía ser que una ciudad española estuviera cubierta de mierda todos los días de buen tiempo y poco viento. Sin embargo tanto por parte de la Comunidad de Madrid como por parte de las autoridades municipales de Madrid todo fueron palabras que se diluyeron con el tiempo.
Que si no nos gustan los diesel pero los autobuses y taxis son prácticamente todos diesel, que si cambiamos blindados por híbridos enchufables pero es todo cara a la galería… el final de la historia, el que ninguno de los que poblamos las grandes ciudades nos gustaría, al Ministerio de Medio Ambiente se le han hinchado los neumáticos y quieren tomar medidas.
El caso es que al Ministerio de Medio Ambiente se le ha “filtrado” su proyecto para disminuir la contaminación, está recogido en el “Plan nacional de mejora de la calidad del aire“, en él se exponen medidas que afectarán a las ciudades con altos niveles de contaminación. Entre estas medidas hay varias ya vistas en otras ciudades europeas, otras aplicadas y retiradas en ciudades españolas e incluso otras medidas propuestas pero no llevadas a efecto.
El futuro de los automóviles es bastante incierto, pues nadie sabe por donde irán los tiros, todas las soluciones de movilidad hasta ahora tienen sus defectos, los eléctricos harán subir el precio de la electricidad, el zumo de dinosaurio se está agotando, el hidrógeno es de momento muy caro de producir y en los procesos para producirlo en masa actuales se genera más contaminación de la que ahorra.
Pero en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial y Aeronáutica de Terrassa (ETSEIAT), un equipo formado por un profesor y un alumno ha conseguido hacer funcionar un coche teledirigido que funciona con un combustible muy especial. Al depósito se le echa aluminio en forma de anillas de latas de refresco y agua con sosa cáustica.
La mezcla del aluminio y el agua con sosa cáustica reacciona, produciendo hidrógeno que se utiliza para generar electricidad en una pila de hidrógeno tras ser depurado por un filtro de vinagre y tratado. Con el hidrógeno generado en la reacción, el coche teledirigido tiene una autonomía de 40 minutos a 30 Km/h (20 Kilómetros). Este sistema, patentado ahora por la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), es limpio porque no genera CO2, a lo que se añade que los restos de sosa e hidróxido de aluminio se pueden volver a reutilizar y reprocesar para otros fines. Otros residuos generados en el filtro de vinagre son inofensiva agua y cloruro sódico, sal común.
Uno de los grandes problemas del tráfico rodado en los centros de las ciudades es la contaminación acústica que genera. Hay algunas medidas complejas que pueden adoptar (introducción de vehículos eléctricos e híbridos, disminución de la velocidad), pero también hay otras que por simples que parezcan pueden mejorar la situación.
Hablamos en este caso de la limitación en el uso del claxón. En algunos países su uso es prácticamente compulsivo, como es el caso de Casablanca. Por eso una asociación, Casablaklaxoon, intenta concienciar a los conductores, especialmente taxistas, que racionalicen el uso de la bocina.
Para ello, además de informar a los conductores, reparten pegatinas con la esperanza de concienciar a una población acostumbrada a utilizar constantemente el claxon. Por el momento no sabemos el resultado de su campaña, pero creo que es una buena iniciativa.
Digo esto porque seguramente todos los que viváis en el centro de una gran ciudad coincidiréis conmigo en que el ruido que genera el tráfico rodado puede ser muy problemático, además de una fuente de problemas de salud.
En España quizá no lleguemos al nivel de Casablanca, pero sí tenemos que mejorar. Todavía hay muchas personas que utilizan el claxon indiscriminadamente, sin pensar en el daño que pueden generar. Creo que este tipo de actitudes incívicas nos definen como sociedad, y aquí tenemos todavía una asignatura pendiente.
La Unión Europea, además de las normas Euro, tiene otro mecanismo para reducir las emisiones de los turismos y vehículos industriales, los topes de CO₂ por flota. Las normas Euro no controlan este gas, sino emisiones más nocias como NOx, CO, partículas e hidrocarburos sin quemar.
Por eso podemos encontrar aparentes paradojas, como coches de 500 CV que cumplen Euro 5 pero a su vez emiten mucho dióxido de carbono por kilómetro. Para 2015, los grandes grupos han de tener unas emisiones medias de 130 gramos/km, es decir, como 4,9 l/100 km de diesel ó 5,6 l/100 km de gasolina en toda su flota.
Si no, por cada gramo que se exceda de media, se pagarán 5 euros por cada coche vendido , 15 euros por dos gramos, 25 por tres y ¡95! euros por cuarto en adelante. Es decir, el que se pase por 4 gramos de media y venda por ejemplo 500.000 coches, afrontará un palo de 47,5 millones de euros.
En el Ajuntament de Barcelona se está fraguando una posible prohibición de circular a los coches con más de 10 años en algunas zonas de la ciudad. Según el consistorio, el 3% de los coches que transitan la ciudad producen el 10% de la contaminación por óxidos de nitrógeno (NOx) y partículas pequeñas (PM10).
Esta medida aparece en el Plan de Energía, Cambio Climático y Calidad del Aire 2011-2020, que aún no ha sido aprobado, con la intención de bajar las emisiones y el consumo de combustible. También concretan que la edad media de los coches que transitan la ciudad es de cinco años.
No se han mostrado partidarios a añadir peajes a la entrada a la capital (entendamos no más de los que ya hay), pero sí de poner “radares ambientales”, que informarán en pantallas de las emisiones que van produciendo los coches, a modo informativo solamente. El viernes conoceremos más detalles sobre estas y otras medidas de tipo medioambiental en la ciudad condal.
La estampa de coches parados esperando con el motor encendido podía pasar a mejor vida en Londres si finalmente la idea de Boris Johnson, alcalde de la ciudad se lleva a cabo. El alcalde ha puesto en marcha una medida para multar con unos 140 Euros a los coches que están parados con el motor encendido como manera de ahorrar gasolina, reducir el ruido y ayudar a reducir la contaminación.
Obviamente la medida no afecta a la gente parada en un semáforo, va orientada a los taxistas que se quedan en la parada de taxi con el motor encendido mientras espera que llegue un cliente, a las mamás Cayenne que van a recoger a sus hijos esperándoles durante media hora con el motor en marcha (esto dicho no-literalmente la consejera de medio ambiente de Boris Johnson), a la gente que espera a alguien… en definitiva, contra los que tiran combustible.
Recordemos que Londres es una ciudad bastante restrictiva con los coches, los cuales si quieren acceder al centro, tienen que pagar la denominada “Congestion Charge”, una tasa que pagan los coches privados a partir de ciertas emisiones por acceder al centro en ciertas horas del día. La zona afectada por dicha prohibición no se sabe todavía pero ya se está trabajando en instalar las señales de aviso.
Nota: La foto es de 2009, a día de hoy los combustibles en el Reino Unido cuestan de media 1,32 libras por litro (95 octanos), 1,33 libras por litro (98 octanos) y 1,375 libras por litro (diesel).