Las furgonetas campers son para viajar: el mayor atractivo de irnos de vacaciones nómadas es que podemos dormir cada día en un sitio diferente. Eso supone estar gran parte de las jornadas en carretera.
Como la gran mayoría de las furgos se conducen con el carnet de coche, pensamos que podemos ir tan rápido como con el coche. Pero no. Dependiendo de la furgo tenemos que ir a la misma velocidad que las tortugas de las autopistas: los camiones. Lo que significa tardar mucho más en llegar a destino.
Depende del tipo de furgoneta, pero lo normal es que tengamos que ir a 90 km/h
Camperizar una furgoneta es la opción más barata de tener una furgo camper: por ejemplo una Volkswagen California ya se te va a más de 61.000 euros. Pero hay un enorme pero: una furgoneta es un vehículo industrial y está homologado como tal. Da igual que le pongamos cama, cocina, muebles, ventanas, circuito de agua, sistema eléctrico, etc.
Y como industrial (también llamados comerciales) este tipo de camper tiene que cumplir unos límites de velocidad más bajos: no podemos ir en autovía (o autopista) a 120 km/h como con un coche.
Como una furgo de reparto. La velocidad fijada para las furgonetas de transporte de mercancías en vías rápidas de alta capacidad es de 90 km/h. Es decir, en autovías y autopistas. Como tal, cualquier furgón con un enorme espacio de carga detrás: desde una Citroën Jumper a una Fiat Ducato pasando por una Renault Traffic.
Si nos vamos al cuadro de velocidad de la DGT según tipo de vehículo, es la misma velocidad a la que tienen que ir los camiones, las autocaravanas grandes (de más de 3.500 kg) o cualquier vehículo con remolque. Efectivamente, tenemos que circular a la misma velocidad que si arrastrásemos una enorme caravana. Y por carretera convencional, el máximo para este tipo de vehículos es de 80 km/h.
Fuente: DGT
Con una Volkswagen California o una Marco Polo, al ser una furgoneta camper de fábrica y estar homologada como derivado de turismo, se puede ir algo más rápido: a 100 km/h en autovía y a 90 km/h en convencional (aquí no hay diferencia con un coche).
Una hora y media más que en coche. Ir mucho más lento supone tardar más en llegar a nuestro destino. Un Madrid-Girona (unos 670 km) se hace en unas seis horas si fuéramos a una velocidad constante de 120 km/h. Pero si vamos a 90 km/h esta distancia pasa a cubrirse en unas siete horas y media. Una hora y media más. Súmale paradas y que no siempre vamos a ese máximo constante. El viaje se convierte en una estupenda eternidad.
Lo bueno es que con una camper no tenemos que montar nada: basta con llegar al camping y dormir. O bien en un área de autocaravanas. Pero en todo caso, el tener que ir a velocidad de camión, tenemos que planificar mejor.
Radares móviles. En general los radares fijos están calibrados a la velocidad máxima de la vía o tramo específico: lo que significa que no saltan si vamos con una camper a más de 90 km/h. Pero sí lo hacen los radares móviles: un agente siempre está junto al radar, por lo que ve en ese mismo momento si se supera el límite dependiendo de la categoría del vehículo.
La DGT tiene un estupendo arsenal de radares móviles, más de 500 y un total de 1.300 tramos susceptibles de ser controlados. Además, muchos son indetectables, como los minúsculos Velolaser o los nuevos de última generación, capaces de multar en varios carriles.
Ir a 121 km/h: multa 300 euros y dos puntos menos. Las multas de velocidad dependen de en cuanto superemos el límite, siendo exponenciales: van desde los 100 euros sin resta de puntos hasta los 600 euros y seis puntos del carnet.
Siendo el límite de 90 km/h para las campers basadas en industriales, significa que si nos caza un radar a 121 km/h en autopista nos cae una estupenda receta de 300 euros y nos quitan dos puntos. Y si superamos los 141 km/h, son 4 puntos y 400 euros.
Imágenes | Motorpasión, Pexels, DGT
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