
En el stand del Cavallino Rampante no había ninguna novedad destacable, pero ¿qué más da? Siempre es gratificante ver unas cuantas bellezas como las que nos muestra siempre la casa italiana, y no me refiero a las chicas.
De entrada, te encontrabas con un Ferrari 599 GTB (igualito que el que me compré en la Ferrari Store de Roma, pero un pelín más grande) acompañado de la última criatura de la marca, el Ferrari F430 Scuderia, un coche que emana una belleza imponente (qué por cierto es el segundo que ví en dos días, el otro lo dejo para más adelante).











