Estambul quiere hacer lo que no consiguió ni el Imperio Romano: unir Europa y Asia con un tren clave para el comercio global

  • Una línea ferroviaria de 125 km para pasajeros y mercancías conectará Europa y Asia

  • Permitirá mover hasta 30 millones de toneladas de mercancías al año

Proyecto Colosal Turquia Northern Ring Railway
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Irene Mendoza

Estambul siempre ha sido mucho más que una ciudad: es un punto de paso obligado para el comercio entre Europa y Asia. El problema es que esa conexión, en pleno siglo XXI, sigue dependiendo en gran parte de carreteras ya saturadas y de un túnel ferroviario que ya se ha quedado pequeño.

Turquía quiere cambiar eso con una infraestructura gigantesca: una línea ferroviaria de 125 kilómetros que no solo unirá ambos continentes, sino también sus dos grandes aeropuertos, como apunta Reuters. Una obra estratégica que aspira a convertirse en pieza clave del transporte global.

El tren que quiere convertir Estambul en el gran puente logístico del mundo

El llamado Northern Ring Railway recorrerá el norte de Estambul desde Halkalı (lado europeo) hasta Gebze (lado asiático), cruzando el estrecho del Bósforo a través del puente Yavuz Sultan Selim. Además de estar diseñada para mover pasajeros, esta infraestructura mixta está diseñada para ser mover trenes de mercancías pesadas.

El proyecto, en cifras, es descomunal: según el Ministerio de Transporte turco, la línea podrá transportar hasta 33 millones de pasajeros y 30 millones de toneladas de carga al año. Para ponerlo en contexto, el actual túnel ferroviario de Marmaray apenas ha movido 1,7 millones de toneladas entre 2020 y 2025, y solo en horarios limitados.

Proyecto Colosal Turquia Northern Ring Railway

Cuando esté completado, el proyecto conectará por primera vez los dos grandes aeropuertos internacionales de la ciudad, el de Estambul y el Sabiha Gökçen, algo que en otras grandes capitales ya es básico para la logística aérea. Aquí, hasta ahora, era una asignatura pendiente.

Una obra colosal… y llena de obstáculos técnicos, ambientales y económicos

El coste total de esta obra colosal se estima en más de 8.000 millones de dólares y ya cuenta con acuerdos preliminares de financiación por 6.750 millones procedentes de grandes organismos internacionales como el Banco Mundial o el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo. Según ha declarado a medios locales el ministro Abdulkadir Uraloğlu, el objetivo es iniciar las obras antes de que termine este año.

No será tarea fácil, porque más del 65 % del trazado discurre entre túneles y puentes, con unos 60 km bajo tierra y más de 20 km en viaductos. Y es que el norte de Estambul es complejo, con colinas, valles y una elevada actividad sísmica al estar cerca de la falla del Norte de Anatolia. En este sentido, no hay que olvidar el impacto ambiental de algo así.

El proyecto atraviesa zonas forestales clave y cuencas hídricas, lo que ha llevado al Banco Mundial a clasificar su riesgo ambiental y social como “sustancial”. También hay incertidumbre en los plazos: aunque Turquía apunta a 2032 como horizonte, el proyecto aún está en fase inicial y sujeto a posibles retrasos y sobrecostes.

Si todo sale según lo previsto, Estambul podría convertirse en uno de los nodos logísticos más importantes del planeta. Si no, será otro ejemplo de cómo los grandes proyectos estratégicos también pueden quedar atrapados entre la ambición, la geografía y la realidad.

Imágenes | Turkish Ministry of Transport

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