Uno a uno, los roadsters van desapareciendo del mapa. Lo que parecía una tendencia se ha convertido en desbandada, y BMW acaba de sumarse a ella: el último BMW Z4 ha abandonado la cadena de montaje sin que la marca bávara haya pronunciado una sola palabra sobre lo que viene después. Podría ser, sencillamente, que no venga nada.
Si es así, la dinastía de los BMW Z habrá durado 38 años, desde aquel excéntrico BMW Z1 de 1986 hasta este discreto adiós.
De puertas que desaparecen a una capota que se cierra para siempre
El panorama para quien busque un descapotable es desolador. Los pocos modelos que quedan en el mercado son modelos de marcas de gran lujo, desde un Mercedes SL o un Porsche 911, ambos que superan los 100.000 euros, hasta modelos de Ferrari, Aston Martin o Bentley que rozan los 300.000 euros. Para el resto de mortales, nos queda el Mazda MX-5, el MINI Cooper y el Volkswagen T-Roc. Y luego el BMW Serie 4 descapotable, cuyo precio no lo sitúa precisamente como una opción asequible.
Esta última generación del Z4 salió de las instalaciones de Magna Steyr en Graz, Austria, a principios de mayo con destino a EE.UU. (un Z4 M40i negro mate con cambio manual) y lo hacía en compañía inesperada, pues compartía su plataforma y mecánica con el Toyota GR Supra. Una alianza de conveniencia que permitió a ambas marcas repartir los costes de desarrollar un deportivo de nicho y que ninguna de las dos hubiera podido justificar en solitario.
El Supra cerró su producción apenas unos días antes, aunque con mejor perspectiva de futuro. Toyota ya trabaja en una sexta generación de desarrollo propio. BMW, en cambio, no ha confirmado nada. Ni siquiera un sucesor eléctrico.
Con el Serie 8 Cabrio también fuera de catálogo, el único descapotable que le queda a BMW es el Serie 4, un modelo que ya tiene sus mejores años a la espalda. La marca que presumía de hacer "el placer de conducir" su lema podría quedarse pronto sin un solo coche que permita sentir el viento en la cara. Igual que le ha pasado a Audi.
La historia de los Z es también la historia de una audacia que BMW fue perdiendo con los años. Todo comenzó a finales de los 80 con el Z1, un concept car apenas modificado para circular por la calle. Técnicamente era un Serie 3 por dentro, pero su carrocería no se parecía a nada conocido.
Su truco más célebre: unas puertas que no se abrían ni giraban ni se elevaban, sino que se hundían verticalmente dentro de los umbrales. Se podía conducir sin ellas, con la sensación de ir completamente al descubierto. No está mal para un debut.
Le sucedió el Z3 en 1995, más accesible en precio y más ambicioso en gama. Tuvo versión M, tuvo coupé (con esa silueta imposible que dividía opiniones) y tuvo hasta aparición estelar en el cine. Pierce Brosnan lo condujo interpretando a 007 en ‘GoldenEye’ y convirtió el coche en objeto de deseo mundial.
Casi 300.000 unidades vendidas entre 1996 y 2002 dan la medida de su éxito. Por si fuera poco, BMW lo acompañó con el Z8, un deportivo de ensueño con líneas que evocaban los años 50 y el V8 del M5 que no dejaba indiferente a nadie. Un coche cuya producción se decidió un día de euforia de los directivos de la marca en la Costa Azul.
El Z4 llegó como evolución natural del Z3, pero el mundo había cambiado. En su primera generación ofreció incluso una versión coupé de diseño provocador; en la segunda apostó por un techo rígido retráctil y un carácter más gran turismo que puramente deportivo; en la tercera y última generación volvió a la capota de tela y recuperó algo del espíritu original. Para entonces, sin embargo, los compradores miraban hacia otra parte.
Lo paradójico es que el Z4 final era, en muchos sentidos, el más auténtico de todos desde la primera generación de 2003. El restyling de 2022 no trajo grandes novedades, pero tampoco las necesitaba. El coche seguía ofreciendo un seis cilindros en línea sin hibridación, tracción trasera y unas dimensiones razonables. En un mercado invadido por SUV electrificados y pantallas omnipresentes, eso era casi una declaración de principios. La esencia estaba intacta.
Curiosamente, a pesar de su inminente fin de producción, las entregas de Z4 del primer trimestre de 2026 subieron un 4,9% con respecto al año anterior, alcanzando 2.555 unidades, probablemente por un efecto de "es ahora o nunca". Ahora lo que queda son los últimos ejemplares en stock y el mercado de segunda mano.
Imágenes | BMW
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