Imagina que vas pedaleando tranquilamente por un carril bici de tu ciudad y, sin saberlo, pasas sobre una zona industrial romana que producía aceite hace 1.700 años. Eso es exactamente lo que ocurre en Jaén, donde la movilidad del siglo XXI se ha encontrado cara a cara con el pasado más profundo de la ciudad.
Las infraestructuras modernas y la arqueología a veces no pueden convivir… O no al mismo nivel. En este caso, el conflicto se resolvió enterrando de nuevo el tesoro para protegerlo, permitiendo que las obras avanzaran sin renunciar a la conservación del patrimonio. Y así siguen.
Del aceite romano a las bicicletas: un trazado condicionado por la historia
En abril de 2024, mientras las máquinas trabajaban junto a la carretera de Córdoba para conectar La Granja con el casco urbano de Jaén, aparecieron los primeros restos. Al indagar un poco más, los trabajadores dieron con un gran yacimiento romano de los siglos III y IV después de Cristo, con una potente zona de producción de aceite y cerámica.
Pero debajo de estos restos romanos, dormía un poblamiento íbero y, en niveles superiores, estructuras musulmanas de entre los siglos IX y XI. Los arqueólogos documentaron una necrópolis con tumbas de niños y adolescentes, además de cerámicas y utensilios que sí fueron retirados para su estudio y catalogación.
Según declaró la entonces consejera de Fomento, Rocío Díaz, este hallazgo fue de gran interés y condicionó toda la obra para no cimentar directamente sobre las estructuras romanas y así evitar daños irreparables. Es fascinante pensar que este enclave estuvo ocupado de forma casi ininterrumpida durante más de mil años.
¿Por qué volver a taparlo en lugar de dejarlo a la vista? El delegado de Fomento, Miguel Contreras, explicó en su momento que “es una práctica habitual en arqueología urbana: si no se puede musealizar por costes o logística, lo mejor es protegerlo, georeferenciarlo y dejarlo bajo tierra” para que futuras generaciones puedan estudiarlo sin que la erosión lo destruya. Así, la decisión de conservar los restos enterrados contó con el visto bueno de la Consejería de Cultura y se han protegido y dejado en su sitio bajo supervisión técnica constante.
Este proyecto ha supuesto una inversión total de 2,5 millones de euros, cofinanciados con fondos europeos para ampliar la red ciclista en 3,5 kilómetros. Desde el punto de vista de la planificación vial, surge la duda de por qué el trazado discurre precisamente por este punto. La respuesta es puramente técnica: la carretera de Córdoba ofrecía la anchura necesaria para garantizar la seguridad de los ciclistas sin recurrir a expropiaciones masivas que habrían disparado el presupuesto y los plazos legales del proyecto.
A día de hoy, en mayo de 2026, el carril bici está plenamente operativo y se ha convertido en una ruta fundamental para la movilidad de la capital. Aunque por fuera solo vemos asfalto y señalética, bajo las ruedas queda el testimonio de siglos de civilización, preservado bajo el firme mediante un sellado específico que garantiza su integridad a futuro. La próxima vez que pases por allí, recuerda que no solo estás haciendo deporte, estás recorriendo una línea temporal que va desde los íberos hasta la era de la micromovilidad.
Imágenes | Diario de Jaén, Consejería de Fomento, Junta de Andalucía
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