Lo vemos todos los días, el precio de la electricidad es alto y un tercio de nuestra factura total son impuestos y peajes, entre el 30 y el 35% del total de la factura de luz, según si se es un consumidor doméstico o industrial. Y España no es el único país de la UE en esta situación. Europa tiene la electricidad cara, mucho más cara que en EEUU o China y eso es un problema, tanto para el ciudadano como para la industria.
Así, la Comisión Europea ha lanzado una propuesta contundente con su Plan de Acción para una Energía Asequible: reducir al máximo los impuestos sobre la electricidad en todos los países de la Unión.
Un tercio de la factura de luz son impuestos, es demasiado
En Europa se pagan demasiado por la electricidad, y a menudo se pagan demasiados impuestos por ella. Recientemente, la directora general de Energía de la Comisión, Ditte Juul Jørgensen, ha vuelto a señalar públicamente que España y otros países de la UE pueden y deben reducir la carga impositiva sobre la electricidad para apoyar a hogares vulnerables y mejorar la competitividad industrial.
El objetivo es doble. Aliviar la factura de la luz para hogares y empresas, y acelerar la transición hacia una economía descarbonizada. Bruselas critica que el recibo de la luz se haya convertido en un "cajón de sastre" donde se cargan costes ajenos al suministro, como pensiones de sectores específicos o cánones de radiodifusión.
Eliminar estos componentes, según la Comisión, es clave para incentivar el uso de la electricidad frente a los combustibles fósiles, un cambio urgente en una Europa donde sólo el 23% de la energía consumida es eléctrica.
El Impuesto Especial sobre la Electricidad es uno de los puntos centrales de la reforma. Bruselas propone fijarlo en cero euros por MWh para los consumidores domésticos y en el mínimo legal de 0,5 euros para las empresas. En España, donde este impuesto ha vuelto al 5,11% tras el fin de las medidas excepcionales, la medida supondría un giro radical.
Además, la Comisión recuerda que los gobiernos pueden reducir el IVA aplicado a la luz hasta el 5%, algo que apenas restaría un 0,10% a los ingresos fiscales totales de la UE, pero que tendría un impacto significativo en la competitividad y la transición ecológica.
Pero la propuesta no se limita a los impuestos directos. Bruselas va más allá y plantea una reforma profunda de los cargos y peajes del recibo de la luz. Una de las ideas más ambiciosas es sacar las primas a las renovables y la cogeneración del recibo de la luz, financiándolas a través de los presupuestos generales o con nuevos impuestos a los combustibles fósiles.
En España, esto significaría que los consumidores finales dejaríamos de pagar directamente los costes del sistema RECORE (sistema por el que impuestos y peajes compensan las pérdidas económicas de las plantas de energías limpias), eliminando una barrera que, según Bruselas, frena la transición energética. También se propone acabar con la doble imposición que sufren las tecnologías de almacenamiento, como las baterías, para que la electricidad solo tribute en el momento del consumo final.
Europa tiene una electricidad demasiado cara para atraer a industrias
La urgencia de estas medidas responde a la creciente diferencia de precios con potencias como China o Estados Unidos, donde la energía es más barata.
El precio medio actual en España es de 0,1177 €/kWh (con oscilaciones según franjas horarias), mientras que en Alemania es de 0,3835 €/kWh (el más alto de la UE, con impuestos y cargos elevados), con una media europea que se sitúa entre 0,20 €/kWh y 0,38 €/kWh. En EEUU y en China, la media aproximadamente es de 0,15 a 0,20 €/kWh y de 0,08 a 0,12 €/kWh, respectivamente.
Las diferencias a nivel de industria electrointensiva son aún mayores. En España el precio medio es de 58,78 €/MWh, muy cercano a la media europea de 58,02 €/MWh, donde la disparidad es enorme. En Francia, con las nucleares y ayudas, el precio medio es de 22,05 €/MWh, mientras que en Italia es de 108,52 €/MWh. Europa tiene así que luchar con unos precios de entre 35 y 45 €/MWh en EEUU y China.
Según el informe Draghi, la carga impositiva actual actúa como un freno para la autonomía estratégica de la UE. Para asegurar que las rebajas fiscales lleguen al ciudadano, Bruselas sugiere imponer obligaciones de transparencia a las comercializadoras, evitando que los ahorros se queden en el camino.
Con un horizonte de cinco años para implementar estos cambios, la Comisión busca enviar un mensaje claro: la electricidad debe ser más barata que el gas si Europa quiere que la descarbonización sea una realidad económica, y no solo un objetivo político.
Imágenes | Pixabay
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