Cuando el invierno quiso parar la II Guerra Mundial, el Ejército de EEUU respondió con su arma definitiva: un Jeep burbuja

Un Willys MB modificado sobre el terreno con una cabina de plástico permitió seguir moviéndose durante el invierno más duro de la IIGM

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Irene Mendoza

El invierno entre 1944 y 1945 fue uno de los más duros que vivió Europa en todo el siglo XX. Temperaturas extremas, nieve persistente y carreteras impracticables pusieron en jaque a soldados, vehículos y líneas de suministro en el tramo final de la Segunda Guerra Mundial. Mantener la movilidad era una cuestión crítica y estratégica.

En ese contexto nació uno de los vehículos más insólitos del conflicto: un Jeep Willys MB del Ejército de EEUU equipado con una cabina de plástico en forma de lágrima, completamente cerrada y dotada de limpiaparabrisas, foco frontal y sistema de desempañado. No fue ni mucho menos un modelo oficial: fue una solución improvisada en pleno frente.

El Willys MB, el corazón mecánico del ejército aliado

El Willys MB fue mucho más que un vehículo ligero. Nació como respuesta a una necesidad muy concreta del Ejército de EEUU: disponer de un 4x4 sencillo, resistente y fácil de mantener en el frente. Pero pronto se convirtió en una herramienta clave para la guerra moderna. Esa robusto, fácil de reparar y capaz de llegar casi a cualquier sitio, por lo que pronto se convirtió casi en una extensión de los soldados.

La propia marca Jeep recuerda cómo muchos combatientes desarrollaron un vínculo emocional con su vehículo, presente en todas las zonas de combate y en misiones de todo tipo, gracias a su versatilidad. Sustituyó rápidamente a caballos y motocicletas, pudo equiparse con armamento pesado, adaptarse a desiertos, nieve o vadeos profundos, servir como ambulancia de campaña, tractor, vehículo de comunicaciones o plataforma logística.

Willys Jeep Willys MB

Además, era lo bastante pequeño como para viajar en aviones de transporte y caber en los planeadores utilizados durante el desembarco de Normandía. El general George C. Marshall lo definió como “la mayor contribución de EEUU a la guerra moderna”. El periodista Ernie Pyle fue aún más gráfico: “Lo hacía todo. Iba a todas partes. Era fiel como un perro, fuerte como una mula y ágil como una cabra. Transportaba constantemente el doble de aquello para lo que fue diseñado y aun así seguía adelante”.

El jeep burbuja, ingeniería de campaña contra el frío

La versión con cabina transparente fue una evolución directa de esa filosofía. Durante el invierno extremo del 45, el Willys abierto dejaba de ser operativo durante largas jornadas por el riesgo de congelación del conductor y la pérdida de visibilidad.

Según veteranos e historiadores, la cabina se fabricó reutilizando piezas de aviación, probablemente conos de morro de plexiglás procedentes de bombarderos como los B-24 o B-25. Era ligera, ofrecía una visibilidad excelente y ayudaba a conservar el calor. 

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El batallón 644.º Ordnance Depot, activo en Francia y Alemania en la fase final de la guerra, estaría detrás de estas modificaciones, pensadas para desplazamientos críticos, a menudo reservados a oficiales que necesitaban moverse entre frentes en condiciones extremas.

Pero este “Jeep burbuja” al más puro estilo Papamóvil no fue una rareza aislada. Durante la guerra se vieron Willys equipados con orugas, cadenas especiales, calefacciones improvisadas y configuraciones casi artesanales. Así, mucho antes de convertirse en un icono civil, el Jeep ya había demostrado en la guerra que su verdadero valor estaba en su capacidad para adaptarse a cualquier situación, incluso a las más extremas.

Imágenes | Reddit, Jeep

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