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No, los taxistas de Madrid no se levantan en armas

No, los taxistas de Madrid no se levantan en armas
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Tengo que dejar de fiarme de algunos titulares golosos, que luego pasa lo que pasa con lo que se explica a continuación. Me refiero a una información que días atrás aseguraba esto:

Taxistas madrileños piden a Ana Botella la posibilidad de ir armados

Vi aquello y automáticamente me acordé de un viaje en taxi que me supo a atraco a mano armada, así que me dije a mí mismo que no sabía para qué puñetas querrían los taxistas llevar más armamento que el dichoso taxímetro, si con él se bastaban y se sobraban.

Una vez superado el momento chascarrillero tontorrón, pensé en la seguridad de los taxistas, en los muchos atracos que sufren en el desempeño de su labor y en cómo se juegan la vida por ganarse el pan detrás de un volante. Y sí, la semana pasada hablamos de furgoneteros y hoy le toca un repaso a los taxistas; lo has adivinado con tu habitual sentido del olfato.

No es de extrañar que haya preocupación en el gremio del taxi. En la petición se habla de “clima de inseguridad” y, de hecho, cuando la crisis empezó a llamarse crisis se explicó que habían aumentado los atracos a taxistas, así que la noticia podría percibirse como una petición del agravado sector.

Claro, uno puede llegar a pensar en hordas de taxistas violentos que están hartos de sufrir atracos y ansían llevar un pistolón en la guantera, por lo que pueda pasar. Algo parecido a aquel De Niro de cuando De Niro no era el suegro de Ben Stiller sino Travis Bickle, sólo que con otras motivaciones.

Pero decía yo que tengo que dejar de fiarme de ese tipo de titulares, y es que la noticia, leída un poco más en serio, contaba que el delegado de la Plataforma de las Clases Medias para el taxi de Madrid, Luis Mollón, pedía a la alcaldesa de la capital de España, Ana Botella, que los profesionales del taxi pudieran ir armados, previa obtención de la licencia correspondiente, claro.

Diantres, eso cambia las cosas. El delegado de la Plataforma de las Clases Med… ¿Mande? ¿Y eso qué es lo que es?, me pregunto mientras me levanto la boina por encima de las cejas. Como buen intelectual de nuestro tiempo, voy a Google y, hábil como yo solo, escribo lo siguiente: “Plataforma de las Clases Medias”. Bueno, ¿a quién pretendo engañar? Simplemente lo copio y lo pego en el buscador.

Búsqueda en Google

Leo en plan rápido y veo algo de manifestaciones, Intereconomía, “un barbudo con una mochila” (sic)… Hum, eso no suena a taxistas. De hecho, no sé a qué suena pero no me suena demasiado bien, y tras visitar su sitio web me acabo de convencer de que no se dedican a hacer el taxi, aunque piden un montón de cosas en nombre de los profesionales del sector.

De hecho, el presidente de la Federación Profesional del Taxi de Madrid, Mariano Sánchez, dice que ellos no han pedido nada de llevar armas a bordo, y el presidente de la Gremial del Taxi, Julio Moreno, asegura que quienes piden ir armados no son taxistas. Reconfirmadas mis sospechas, vuelvo a hablar de la seguridad del taxista… y de la seguridad de quienes no somos taxistas, aunque tampoco seamos barbudos ni estemos en la plataforma esa.

Los riesgos que corre el taxista suelen acompañar a las informaciones que se dan sobre el gremio. De hecho, no sólo acompaña a las informaciones. Si un profesional del taxi puede trabajar por dentro de la ciudad sin llevar abrochado el cinturón de seguridad es, en parte, para facilitarle la movilidad en caso de atraco. Es contrario a su seguridad vial, pero favorece su integridad física, no sé si me explico.

Riesgo de ser atracado

De todas formas, convendrás conmigo que no es el único que, circulando por estos mundos, se expone a que alguien le intente atracar. Ya te dije que yo fui furgonetero, y cuando iba con el camión de reparto una de las cosas que hacía era cobrar a los clientes en metálico. ¿Te imaginas el pastón que llevaba yo encima al acabar cada viaje? Ya respondo yo: No, no te lo imaginas.

Recuerdo que en una de las rutas, cuando llegaba a determinado barrio que se encontraba bastante… degradado, escondía la bolsa del dinero antes de bajar del camión para entregar la mercancía. Cierto es que el peligro nunca sabes de dónde te va a venir, pero también es verdad que cuando me enseñaron la zona me dijeron que obrara así. Y como yo por aquel entonces era muy obediente y además el dinero no era mío, pues hacía lo que me mandaban.

Tengo un amigo de la infancia que es taxista. Le viene de tradición familiar. Recuerdo que su padre me explicaba, hará como veintitantos años, que había zonas a las que él prefería no acercarse; me ejemplificaba con casos de clientes con pintas peculiares que lo hacían ir a lugares poco recomendables, y entonces él ejercía la objeción de conciencia, bien a la hora de llevarlos bien a la hora de esperarlos “un momento aquí, que ahora vuelvo”.

Nunca me he visto madera de taxista. Suelen ser blanco de muchas críticas, y algunos quizá lo tienen más que merecido, pero creo que estar todo el día batallando por encontrar un cliente en la acera mientras te mueves con agilidad entre el tráfico no es fácil. Y si encima tienes que trabajar pensando en que un tipo te ponga una navaja en el pescuezo, apaga y vámonos. Que no es excusa, pero…

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