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Mercedes-Benz S 63 AMG y S 65 AMG 2011, la dictadura del biturbo se impone en la Clase S

Mercedes-Benz S 63 AMG y S 65 AMG 2011, la dictadura del biturbo se impone en la Clase S
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Dentro de la gama AMG, hay dos escalones en la Clase S de Mercedes-Benz. Por un lado tenemos el Mercedes S 63 AMG y por el otro, el S 65 AMG. El segundo es un 6.0 -V8- V12 biturbo, y su escalón inferior adopta la doble sobrealimentación también. Nos vamos de un 6.2 V8 atmosférico a un 5.5 V8 biturbo.

Por primera vez, se combina en la Clase S la inyección directa de gasolina (mediante inyectores piezoeléctricos) junto a la doble sobrealimentación. Este motor rinde 544 CV de potencia y 800 Nm. La berlina se catapulta a 100 km/h en 4,5 segundos y alcanza 250 km/h de punta.

Eso en la especificación “básica”, ya que por 9.300 euros más, se le añade el AMG Performance Package. Básicamente es una versión con más presión de turbo, pasa de 1 bar a 1,3 bares, por lo que la potencia sube hasta 571 caballos y 900 Nm (2.250-3.750 RPM)... y la tapa superior del motor en fibra de carbono.

Mercedes-Benz S 63 AMG

Con la especificación más bestia, el Mercedes S 63 AMG coge 300 km/h de punta (autolimitada) y rebaja el 0-100 en 0,1 segundos. El motor pesa en vacío 204 kg, tiene el cigüeñal en aluminio para ahorrar peso. Otras características son las válvulas de alzado variable y gestión inteligente del motor.

Aunque el cliente típico de estos coches no tiene problemas para llegar a fin de mes, se ha trabajado en reducir el consumo un 30% respecto al 6.2 V8 previo, a la vez que le han aumentado la potencia y el par. Homologa 10,5 l/100 km, en versión “básica” y vitaminada, un dato excelente para un coche tan grande y potente.

El motor no tiene mucha relación de compresión (10:1), otro aspecto que le ayuda a cumplir con las normativas Euro 5 de contaminación. Principalmente estos pepinazos bajan el consumo por temas de legislación y emisiones medias, no porque el consumo sea un problema para sus dueños. Aún así, se agradece.

Mercedes-Benz S 63 AMG

El motor 5.5 V8 tiene Stop&Start integrado, por lo que el motor consume menos en zona urbana. Es más, solo por la función de frenada regenerativa del alternador, se ahorra 0,15 l/100 km en zona extraurbana y 0,2 l/100 km en zona urbana. A lo largo de la vida útil del coche, se amortiza el sobreprecio de esta función.

En su próxima evolución, ya lo veo siendo híbrido, aunque solo tenga una asistencia de 15 CV. En el Mercedes-Benz S 400 BlueHYBRID se aprecia una notable reducción de consumo, un coche como la Clase S gasta con él menos de 8 l/100 km con una potencia combinada de 300 CV.

La transmisión automática es de siete velocidades, con embrague húmedo en vez de un convertidor de par. Existe un modo económico (Controlled Eficiency), que por ejemplo arranca siempre en segunda para ahorrar combustible. No le falta par y potencia, precisamente, es más, le sobra por todos lados. Así que puede.

Mercedes-Benz S 63 AMG

El motor M157 no es el primer 5.5 V8 biturbo que se usa en la Clase S, ya se utilizó en el pasado el motor M113K, con 582 CV de potencia y 800 Nm de par máximo. Fue en 2005 cuando se dio “un paso atrás” volviendo a poner un motor atmosférico, que daba 525 CV de potencia y 630 Nm. ¡La magia del turbo!

¿Cómo distinguir un 6.2 V8 de un 5.5 V8 sin levantar el capot? Cerca de los guardabarros veremos la inscripción “V8 Biturbo”, junto a unas llantas de triple radio con neumáticos 255/40 R18 o 275/40 R19. En la pantalla de bienvenida del coche también se ve la insignia “V8 Biturbo”.

Opcionalmente puede tener, entre otra mil cosas, unas ruedas 255/35 R20 delante y 275/35 R20 detrás. Cuesta 160.362 euros en versión de batalla corta y 168.858 euros en batalla larga. Otras “chucherías” que puede tener es la dirección AMG con volante en alcántara o interiores en negro piano con fibra de carbono.

Mercedes-Benz S 65 AMG

Mercedes-Benz S 65 AMG

¿Y qué hay del hermano mayor? Se vende exclusivamente con carrocería larga, por 255.543,75 euros. El motor 6.0 V12 biturbo daba antes 612 CV, pero ahora pasa a dar 630 CV “de nada” y 1.000 Nm autolimitados. El motor puede dar 1.200 Nm, pero se limita para que no reviente la transmisión. A cambio, los 1.000 Nm están de 2.300 a 4.300 RPM constantes.

Acelera a 100 km/h en 4,4 segundos, como el S 63 5.5 V8 AMG de batalla corta, y la punta es de 250 km/h, aunque es capaz de muchísimo más. El consumo es 14,3 l/100 km, puede parecer muy alto pero hay que mirar lo que gasta una berlina de más de dos toneladas y con más de 600 jacos en la cuadra.

La ganancia de potencia respecto al S 65 AMG previo se debe a las nuevas turbinas de los turbocompresores. La electrónica se ha optimizado y el límite de soplado de los dos turbos es 1,5 bares, una burrada. También corre más y gasta menos que antes. No tiene Stop&Start, pero sí frenada regenerativa.

Estas salvajadas con ruedas y lujo supremo estarán a la venta a lo largo del mes que viene.

NOTA: No hay imágenes del nuevo S 65 AMG, las fotos que están aquí son del modelo 2009, debo entender que no cambian exteriormente.

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