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Trump está decidido a fulminar los estándares actuales y exige menos trabas para los coches más contaminantes

Trump está decidido a fulminar los estándares actuales y exige menos trabas para los coches más contaminantes
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En la particular batalla de Donald Trump por relajar los límites medioambientales establecidos en la era Obama, la administración republicana está decidida a tumbar los estándares actuales para los vehículos y acabar con la capacidad de los Estados para decidir sus límites de contaminación.

Continúa el mayor asalto al medio ambiente por parte de Trump

Eso de que los Estados tengan potestad para establecer sus objetivos en materia medioambiental no le gusta nada a Trump. California, uno de los más combativos, tiene sus propios objetivos, al igual que Connecticut, Delaware, Maine, Maryland, Massachusetts, Nueva Jersey, Nuevo México, Nueva York, Oregón, Pennsylvania, Rhode Island, Vermont, y Washington, D.C.

Para la Agencia de Protección Medioambiental (EPA por sus siglas en inglés) este permiso es una "complicación innecesaria en el marco regulatorio" además de "arbitrario y caprichoso", según recoge El País, por lo que quiere establecer las mismas cifras en todo Estados Unidos.

¿Y qué cifras son? Los objetivos pactados entre el Gobierno y la industria en 2012 establecían que la media de eficiencia de los coches para 2025 debía ser de 54,5 millas por gaslón de gasolina. Esto es: unos 87 km por cuatro litros.

La EPA, que tiene nuevo jefe tras a salida del polémico negacionista del cambio climático Scott Pruitt, propone que la reducción de emisiones se paralice a partir de 2020 y que para 2026 solo sea de 37 millas por galón; unos 60 km por cuatro litros.

California, que es el segundo mercado mundial de coches híbridos y eléctricos, ya está luchando por que esto no ocurra.

Según Paul Cort, abogado de Earthjustice y jefe de la campaña California Right to Zero, es una cuestión de salud:

"La administración Trump no solo está socavando una ley federal, sino que también destruye un acuerdo medioambiental con los estados que protege a uno de cada tres ciudadanos. Para el 2030, la contaminación generada por esta decisión sería equivalente a 30 nuevas centrales eléctricas de carbón. Esta decisión beneficia a las industrias petroleras. Pero no serán otros más que los ciudadanos estadounidenses quienes pagarán con su dinero y su salud".

La primera bala salió del bando de la industria automovilística

Para los fabricantes, los objetivos pactados durante la era Obama (2009-2017) no eran realistas y aludían a una probable desventaja competitiva además de elevar los costes de producción, que serían inasumibles y acabarían por dañar a la industria. Lo mismo que está ocurriendo ahora en Europa.

Así que General Motors, Toyota, el grupo Volkswagen y otros nueve fabricantes aprovecharon el ascenso al poder de Trump para pedirle que retirara las normas de eficiencia energética aprobadas por Obama.

En mayo, la guerra ya estaba en marcha: un total de 17 estados de Estados Unidos, incluída California, demandaron a la administración Trump por su empeño en relajar las normas de emisiones de vehículos implementadas por el expresidente.

¿A qué va a conducir todo esto? A que Estados Unidos se quede atrás ante rivales tan fuertes como China en el mercado de la electromovilidad, a un largo periodo de incertidumbre sobre la regulación de las emisiones contaminantes y a que se abra un doble mercado con diferentes estándares dentro de Estados Unidos.

Según la organización Earthjustice, la industria petrolera será quien gane con esta regresión, pues para 2040 se utilizarán más de 350 millones de barriles de petróleo extra —más de lo que importan actualmente de Arabia Saudita—. Y para 2025 se gastarán casi 17.000 millones de dólares más en gasolina, subiendo a 55.000 millones en 2040.

Todo esto sin hablar del impacto medioambiental, que debería ser lo único que importara.

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