Le dijeron que a su abuela de 100 años le quedaba una semana de vida. Un viaje en autocaravana de 15.000 km demostró todo lo contrario

La historia de Fiona Lauriol y su abuela Dominique, que pasó de esperar la muerte en una residencia a recorrer mundo, es una lección de vida

Autocaravana
2 comentarios Facebook Twitter Flipboard E-mail
irene-mendoza

Irene Mendoza

La francesa Fiona Lauriol tenía 36 años cuando fue a visitar a su abuela Dominique a una residencia de las afueras de París. Los médicos le dijeron que, a sus 100 años, le quedaba “una semana de vida”. Dominique había dejado de comer, apenas hablaba y miraba al vacío; solo esperaba el final, como cuenta Fiona en una entrevista con La Vanguardia. Pero ella vio “una chispa, un gesto mínimo que decía que aún estaba ahí”. Y decidió que su abuela no iba a morir entre esas cuatro paredes blancas.

La sacó de la residencia, se la llevó a su casa en la región de Vendée y, contra todo pronóstico, Dominique empezó a recuperar fuerzas. Ganó peso (“el chocolate ayudó”, dice Fiona), volvió a caminar con andador y recuperó la curiosidad. Y así nació una idea que muchos habrían considerado una locura: subir a la abuela a una vieja autocaravana y recorrer Europa juntas. De ahí saldrían más de 15.000 km, un libro y una nueva misión de vida para Fiona.

Un viaje en autocaravana que empezó cuando parecía que todo había terminado

Fiona se puso en el lugar de su abuela y se preguntó si ella querría acabar así “entre cuatro paredes o viendo el mar, escuchando música, sintiendo el sol en la cara”. La respuesta la llevó a adaptar una autocaravana para su abuela centenaria. Protecciones, cama baja, equipamiento esencial para vivir sobre ruedas y sus padres siguiéndolas en una furgoneta.

Los inicios de este peculiar viaje en familia no fueron fáciles. Dominique se negaba a tomar la medicación, escupía la comida y cantaba por las noches. La relación entre ambas tampoco era idílica: la abuela la había llamado durante años “la fea” o “la solterona”. Pero poco a poco los kilómetros hicieron su trabajo y Fiona veía cómo su abuela “en lugar de envejecer, se rejuvenecía”. A las pocas semanas llegó el cambio.

Cuando la escapada ya llegaba a los 40 días, pasaron por Lourdes y allí Fiona vio cómo “algo se encendía dentro de ella”. Dominique volvió a reír, a hablar y a interesarse por todo. A partir de ahí empezó de verdad el gran viaje: a su paso por España, la abuela posó en concentraciones de coches en Gandía, cantó con músicos callejeros en Almería y descubrió el precioso “Capricho de Gaudí” en Comillas, entre otras cosas.

Abuela Y Nieta 3

Completó el Camino de Santiago en autocaravana. Y asistió, con 102 años, al primer concierto de su vida en las Bardenas. Se pasó la tarde probándose vestidos y preguntándole a su nieta si estaba guapa, “como una adolescente antes de una cita”.

La cara más bonita del viaje en autocaravana y también la más dura

Pero viajar con una persona centenaria no fue un camino de rosas. Hubo caídas serias, noches de insomnio y un presupuesto ajustado. La pandemia las sorprendió en España y pasaron dos meses confinadas en Bellús, Valencia. Fiona decidió no hablarle del coronavirus a su abuela, nacida en plena gripe española, y le dijo que en el resto del país “llovía sin parar y que debíamos esperar a que escampara”.

Para Dominique, simplemente fue otra etapa del viaje. Mientras ella ganaba vida, Fiona dará un giro brusco a la suya: en La Vanguardia recuerda que su pareja le pidió elegir “entre los dos”. Por supuesto, eligió a su abuela. Dolió, pero también confirmó la promesa que se había hecho: “Cuando tomo una decisión, voy hasta el final”. Sus padres se turnaban para ayudarla y darle respiro. Y es que detrás de cada puesta de sol aparcadas frente al mar había muchas horas de cuidados.

Abuela Y Nieta 2

Con el tiempo, la aventura familiar se convirtió en un alegato contra el edadismo. Fiona aprendió que “la edad no existe”, ni a los cuarenta ni a los cien, y que lo que realmente envejece es “dejar de tener un mañana”. Para Dominique, volver a tener un porqué fue lo que la mantuvo viva cuando ya la daban por muerta. “Dejó de resignarse a morir y volvió a orientarse hacia la vida”, explica su nieta.

Dominique falleció el 29 de junio de 2020, con 103 años. El quinto viaje que tenían preparado lo hicieron igualmente, llevando sus cenizas al pueblo donde había nacido. De esa experiencia nacería el libro “101 ans, mémé part en vadrouille” o “101 años, la abuela se va de aventura”, publicado en Francia e Italia. Fiona confiesa que le encantaría una edición española, porque buena parte de la historia “transcurre en España” y siente que debe regresar al lugar donde realmente cobró vida.

Mapa

Hoy Fiona sigue en ruta, aunque con otra misión. Recorre Francia en roulotte en su proyecto Tour de la Soledad, recogiendo iniciativas que combaten el aislamiento de las personas mayores y dando voz a quienes cuidan sin esperar aplausos. Mientras, escribe dos nuevos libros y prepara una película inspirada en su historia.

Conduce la autocaravana con la sensación de que Dominique sigue acompañándola. “Es como una presencia tranquila que me protege”, dice. Al final, la historia de Fiona y Dominique recuerda algo muy simple y muy humano: que una autocaravana no solo sirve para viajar, también puede abrir horizonte cuando la vida parece haberse quedado sin caminos.

Imágenes | 101 ans mémé part en vadrouille

En Motorpasión | Un matrimonio dio 22 veces la vuelta al mundo con cero postureo: el protagonista fue un Mercedes Clase G indestructible convertido en camper

Inicio