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Los siete errores de conducción que más perjudican a tu coche

Los siete errores de conducción que más perjudican a tu coche
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La antigüedad y la frecuencia de uso son dos factores determinantes a la hora de llevar o no tu coche al taller con asiduidad. Un buen mantenimiento preventivo y realizar una puesta a punto de forma regular –sobre todo tras los periodos vacacionales– ayudan a favorecer las condiciones en las que se encuentra tu vehículo. Pero ¿afecta nuestra forma de conducir al desgaste de sus componentes?

Los conductores automatizamos muchos procesos que, rápidamente, se convierten en manías que no podemos evitar y que pueden resultar perjudiciales: tanto una conducción agresiva como una revolución demasiado ahogada tienen su trascendencia. Pero por suerte, aquí descubrirás todo lo que puedes estar haciendo mal al volante y cómo corregirlo.

Mal uso de los pedales: desgaste progresivo

En este apartado podemos hablar de varios desaciertos, no en vano tenemos tres pedales, con lo que se triplica la posibilidad de hacer un mal uso de ellos.

Con tres pedales tenemos triple posibilidad de error y de avería

Vayamos con el embrague. Es habitual, por cansancio o apatía (sobre todo durante un atasco o en los semáforos) dejar el pie izquierdo apoyado ejerciendo una presión innecesaria sobre el pedal. El embrague es un mecanismo de uso rápido que debe emplearse durante un corto periodo de tiempo, ya que soporta un gran esfuerzo en cuanto a fricciones y vibraciones. Por ello, si no liberamos totalmente el embrague es probable que se dañen la placa de presión, el cojinete o el brazo de liberación por el roce continuo de sus superficies.

Con el freno ocurre algo parecido cuando descendemos por pendientes largas y continuadas. En estos casos, es preferible usar el freno motor para ralentizar el coche antes que arrastrar los frenos durante el descenso. Así, no se genera un exceso de calor en el circuito por la presión sobre el sistema (pastillas y rotores). De todas maneras, es importante mantener el pie siempre listo y preparado para disminuir la velocidad ante cualquier imprevisto.

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El pedal de acelerador tiene un recorrido más largo y al que hay que acompañar a medida que el coche gana revoluciones. Aquellos que cuentan con una mayor potencia de aceleración, ofrecen una respuesta más rápida a los movimientos de pedal pero en otros casos no es así.

En una cuesta, por ejemplo, cuando el coche está cargado de equipaje, podemos cometer el error de pisar a fondo el acelerador para que responda ante la demanda de fuerza. Si no lo hace, es probable que estemos inyectando demasiado carburante para lo que el coche está consiguiendo quemar, provocando una pérdida innecesaria de combustible.

Conducción agresiva y a tirones: mayor consumo

Cada mañana vamos con prisa, peleando contra el reloj, y queremos que nuestro vehículo cumpla su función de la manera más efectiva y rápida posible. Esa es quizá una de las razones por las que solemos caer en una conducción agresiva que perjudica el mecanismo del coche.

Acelerar y frenar bruscamente es casi un acto reflejo realizado por impaciencia en el caos matutino de las grandes ciudades. Puede ser también una manera de entretenimiento que nos hace actuar más al límite y, por tanto, más despiertos. ¡Error! Con la seguridad vial no hay espacio para divertirse y, desde luego, darle gas de forma indiscriminada tan solo va a repercutir en nuestro bolsillo.

La conducción brusca exige más de los frenos, la suspensión y la caja de cambios sin necesidad

Además de un mayor consumo, esa excesiva demanda de potencia en el arranque desde parado y en el frenado va a hacer sufrir a nuestra caja de cambios, a nuestros neumáticos, a nuestros frenos y a la suspensión. Además de ser exageradamente molesto para el resto de pasajeros.

Otro desacierto –en los meses del frío invierno– es arrancar acelerando sin dejar que el coche coja temperatura. Hasta que el aceite no se caliente y el motor no se reactive, debemos resistir el impulso de acelerar para no dañar los componentes y circuitos que no han podido lubricarse y descongelarse con tiempo.

La mano apoyada en la palanca de cambios: presión sobre la transmisión

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¿Comodidad? ¿Conducción deportiva? ¿Sentir el tacto del cuero bajo tus nudillos? Quién sabe el porqué de esta práctica tan común entre todos los usuarios de las cuatro ruedas, pero la realidad es que el que más o el que menos acostumbra a hacerlo. Es una manía que, sin embargo, es susceptible de convertirse en un problema.

Si no es para cambiar de marcha, no conviene tocar la palanca

El hecho de mantener el peso de tu mano sobre la palanca de cambios ejerce una presión sin motivo sobre los sincronizadores de la transmisión que provoca un desgaste interno constante e invisible. Además, nuestra seguridad siempre estará más garantizada cuando mantenemos ambas manos en el volante, permitiéndonos reaccionar con velocidad y eficacia.

Ahogar las revoluciones: carbonilla en el depósito

De igual manera que hablábamos de los perjuicios de la conducción agresiva, llevar el coche muy ‘ahogado’ o con un régimen de motor muy bajo también repercute negativamente en el consumo y en el deterioro del sistema. De hecho, es una de las causas de que el coche acabe en el taller.

Conducir con unas revoluciones elevadas –sobre todo en el caso de los diésel– posibilita alcanzar la temperatura de servicio y proceder a su regeneración, permitiendo emplear de forma más eficiente los sistemas anticontaminación y evitando la acumulación de depósitos de carbonilla.

Los fabricantes han intentado resolver el problema con los sistemas de regeneración automática. En cualquier caso, una buena recomendación es conducir con cierta “alegría” y procurando utilizar marchas más reducidas manteniendo una velocidad constante, incluso en entorno urbano.

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Apurar el combustible: impurezas en el sistema de inyección

Dejas pasar una estación de servicio y otra gasolinera confiando en que ya encontrarás otra a mejor precio y cuando te quieres dar cuenta… ¡En reserva! Además de la impaciencia que esta situación genera, junto al miedo a quedarnos tirados, existe un riesgo de avería importante.

Las bombas de combustible en la actualidad se enfrían mediante inmersión en ese combustible y, a medida que este se va vaciando, van aumentando de temperatura, con el consiguiente deterioro y acumulo de impurezas en el sistema de inyección. Disponer en el depósito de combustible en al menos un cuarto de su capacidad es la solución más efectiva para no verse abocado a sustituir los filtros de combustible y pasar penurias conduciendo con la reserva.

Ignorar los avisos de mantenimiento: tu seguridad en riesgo

Los avisos del fabricante sobre los pasos por taller deben de respetarse para evitar riesgos

En el salpicadero aparecen testigos luminosos que nos avisan de posibles errores en el sistema, pero también con recomendaciones del fabricante acerca de cuándo debes de llevar tu vehículo a revisión. Estos periodos programados de mantenimiento deben de cumplirse, por un lado, para tener tu coche en perfectas condiciones y, por otro, para evitar que los costes se pongan por las nubes.

Ser respetuoso con esos tiempos es indispensable para aumentar la durabilidad de componentes como el motor o el lubricante, alargar la vida útil del aceite o retrasar la sustitución de los filtros mermados por el tiempo y el uso. Si hacemos un uso exigente del coche, debemos de ser más responsables aún con los cuidados que este requiere para que se encuentre siempre a punto.

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No frenar antes de un badén: daño en la suspensión

Con las prisas, hay veces que nos ponemos en ‘modo persecución’ y circulamos como alma que lleva el diablo. Sobra decir el riesgo que eso supone para la seguridad vial del resto de usuarios de la vía, fundamentalmente, de peatones y colectivos vulnerables como ciclistas y motoristas. Pero, además, da muestra de la excesiva confianza que tenemos sobre nuestras suspensiones.

Los badenes funcionan como reductores de velocidad y, en caso de no respetarlos, van a dañar nuestro coche de forma certera. Al levantarlo del suelo, la suspensión y neumáticos sufren un importante impacto, pero al caer con fuerza sobre ellos pueden afectar tanto a los bajos como a la carrocería.

Conducir con responsabilidad y corregir los errores más habituales que cometemos al volante no solo van a mantener nuestro vehículo en buenas condiciones, sino que van a mejorar nuestra seguridad y la del resto de usuarios de la vía.

Imágenes | Sala de Prensa de Toyota iStock rawintanpin turk_stock_photographer Estradaanton Timothy Masters

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