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Honda Electro Gyro-Cator, cuando el GPS no era un GPS

Honda Electro Gyro-Cator, cuando el GPS no era un GPS
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No puedo evitar ser un GPS-hater, pero eso no me impide apreciar el trabajo que esconde el desarrollo tecnológico que han experimentado los navegadores para coches. Para muestra, el Honda Electro Gyro-Cator, que allá por 1981 se convirtió --dicen-- en el primer navegador comercializable.

Echemos la mirada atrás los que tenemos una cierta memoria de aquella época. El año en que se comercializaron los primeros compact-discs (nada, unos discos brillantes que venían para sustituir definitivamente a los discos de vinilo y que hoy en día no caben en un reproductor de MP3, ni en un móvil ni en una ventana de Spotify) aparecía un cacharrillo que ni siquiera era un GPS, porque no utilizaba un sistema de posicionamiento global (o sea, GNSS) para localizar el vehículo en la Tierra.

Satélite GPS

El Honda Electro Gyro-Cator no apoyaba su funcionamiento en satélites, sino en un sistema de navegación inercial. Esto es: se fija el punto de partida, se mide la distancia recorrida y la dirección tomada, y se deduce por dónde anda uno. Lógicamente es necesaria una cierta precisión para evitar acabar en medio de un pajar asturiano... aunque se ve que eso también sucede con los sistemas actuales, por más que utilicen un sistema de geoposicionamiento mucho más avanzado que aquel.

Total, que para evitar quebraderos de cabeza similares, los chicos de Honda trabajaron con Alpine y con Stanley Electric para conectar el navegador a la transmisión del vehículo y así refinar los cálculos al máximo en cuanto a la distancia recorrida. Y para determinar los cambios de trayectoria, montaron un giroscopio basado en un flujo de helio que corría entre dos polos para determinar cuándo se giraba hacia uno u otro lado.

Giroscopio de helio

A partir de ahí, el procedimiento era algo más que rudimentario. Se colocaba un mapa impreso que quedaba por debajo de una lámina de plástico donde se iba proyectando el recorrido trazado. Pero como no es lo mismo contarlo que vivirlo, aquí tenemos un vídeo en el que podemos apreciar cómo debieron de vivirse aquellos primitivos navegadores para coches:

Vía | Jalopnik

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