En el momento en el que los fabricantes comenzaron a ir en serio con la venta de coches eléctricos, surgió un negocio paralelo: el reciclaje de baterías usadas. Hace cinco años hablábamos ya de un ‘boom’ de las plantas de reciclaje de baterías en Europa y, por supuesto, China no está dispuesta a quedarse atrás en este sector.
Como sucede en Europa, recientemente, el país asiático ha implementado estándares nacionales para el reciclaje y la reutilización de baterías de vehículos eléctricos a través de 22 nuevas normas. Pero una cosa es la teoría y otra la práctica: la realidad es que el reciclaje de baterías en China funciona al margen de la ley, al menos una buena parte.
El beneficio es tan alto que pagan más que las empresas legales para quedarse con las baterías usadas
Según informa el medio chino Yicai, el 75% de las baterías que se reciclan se están tratando en talleres que no tienen licencia para esta actividad y, por lo tanto, son ilegales.
Es un negocio al margen de la ley que resulta muy lucrativo, por lo que cada vez hay más talleres clandestinos que se dedican a ello. El problema es que no hay ningún control sobre estas baterías ni sobre el proceso de reciclaje, por lo que existen todo tipo de riesgos, desde medioambientales hasta de seguridad porque manipular estas baterías y reutilizarlas sin ningún tipo de supervisión legal puede ser peligroso.
Yicai asegura que estos talleres pueden ganar alrededor de 10.000 yuanes con cada batería reciclada, el equivalente a unos 1.200 euros al cambio actual. El funcionamiento del negocio es sencillo: los talleres ilegales compran paquetes de baterías usadas, los abren para comprobar en qué estado están las celdas para reutilizar las que mantienen una buena capacidad (más del 50%) y desmontar las que ya están muy degradadas.
Los talleres compran los paquetes de baterías a compañías de seguros, a empresas de subastas, a compañías de transporte e incluso a los propietarios particulares de coches eléctricos.
Según cuenta a Yicai un contacto que trabaja en uno de estos talleres, ha llegado a tener acceso a casi 1.000 paquetes de batería al día y asegura que hacen lo que haga falta para hacerse con estas baterías: “Si el cliente no puede quitar la batería de su coche particular, también podemos ir a recogerlo para llevarlo todo el desguace, a la fábrica de chatarra o la planta de demolición, tenemos conocidos que pueden ayudar a quitar el coche, pero lo único que necesitamos es la batería”.
En el taller utilizan todo tipo de herramientas para desmontar las baterías y no hay ninguna medida de seguridad, los trabajadores ni siquiera llevan gafas de protección.
Cuando encuentran celdas que tienen más del 50% de capacidad, las empaquetan y las venden para que se reutilicen en motos eléctricas o sistemas de almacenamiento de energía, como una batería de uso doméstico que acumula la energía obtenida por paneles solares. Las que no llegan a ese nivel de capacidad, se trituran para reciclarse y aprovechar los materiales con los que están hechas: níquel, cobalto, litio, etc.
Por su puesto, la trazabilidad de las baterías reutilizadas y de los materiales reciclados es nula. Todos estos talleres operan al margen de la ley y tampoco proporcionan ningún tipo de garantía a las empresas a las que ofrecen sus servicios.
Según las estadísticas de la Asociación de la Industria Química y de Energía Física de China, alrededor del 75% de las baterías usadas en China fueron a parar empresas de reciclaje ilegales.
Hay una explicación: el contacto de Yicai asegura que los talleres clandestinos pagan un precio más alto por estas baterías que las empresas de reciclaje legales, alrededor de un 30%. Como el margen de beneficios es muy alto, se lo pueden permitir.
Imágenes | MEB, Mahle, CERBF
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