Porsche atraviesa un momento crítico tras décadas de éxito espectacular. Después de una grave crisis en los años 90, la marca se recuperó brillantemente gracias al Cayenne y el Boxster, superando las 300.000 ventas anuales y alcanzando márgenes operativos envidiables.
Sin embargo, el gigante de Stuttgart enfrenta ahora serios desafíos: sus márgenes han caído drásticamente (del 14,1% al 0,2% en los nueve primeros meses del año en ventas operativas), sus ventas en China, su primer mercado, se desploman y la transición eléctrica avanza con dificultades.
Porsche, demasiado grande demasiado deprisa
“Si fabricamos un vehículo todoterreno que cumpla con nuestros criterios de calidad y lleve el escudo de Porsche en la parte delantera, se venderá”, decía Ferry Porsche en 1989. El diseñador del 356 acertó: en plena crisis a finales de los años 90, Porsche volvió a ser rentable con un modelo inédito para la marca: el Porsche Cayenne. Este tomó el relevo de un Boxster que ya había iniciado el camino de la salvación para Porsche, una marca entonces al borde del precipicio.
Gracias a esos dos modelos, Porsche superó las 200.000 ventas anuales en la década de 2010, con un crecimiento insolente y un margen operativo que haría soñar a cualquier fabricante.
Más tarde, Porsche superó las 300.000 ventas mundiales en un año. En 2024, por ejemplo, vendió 310.078 coches en todo el mundo. Porsche ya no es un pequeño fabricante, que vendía con dificultad sus 25.000 deportivos al año en los años 90 antes de la llegada del Boxster. Pero, ¿se ha vuelto Porsche demasiado grande demasiado rápido?
Al hacerse más grande tan deprisa, se expone a vientos contrarios cada vez más violentos en caso de recesión, como le está sucediendo actualmente a Porsche. Con el mercado chino cerrándose y las ventas en Estados Unidos cayendo debido al aumento de los aranceles por culpa de Donald Trump, Porsche está atravesando una crisis.
El principal problema radica en que Porsche creció demasiado rápido: en una década pasó de 25.000 a más de 42.000 empleados, generando unos costes fijos enormes que ahora resultan insostenibles ante el estancamiento de las ventas.
En los seis primeros meses de 2025, las ventas de Porsche ya habían caído más de un 6% a nivel global con respecto al mismo periodo de 2024. En China, la caída es más brutal, con un desplome del 29% en los nueve primeros meses de 2025.
La marca debe además reinvertir en el desarrollo de modelos gasolina e híbridos, ya que la electrificación no progresa según lo previsto. Ante las
Para frenar esta sangría financiera, Porsche ha lanzado el plan de austeridad "Structure Package II", que incluye medidas drásticas: eliminación de las generosas bonificaciones anuales y los aumentos automáticos, reducción de personal administrativo, endurecimiento del teletrabajo y supresión de las pausas extraordinarias para los trabajadores de las cadenas de montaje.
Entre las medidas de reducción de costes, está también reducir su presencia en China, con el cierre de las estaciones de carga de la marca y de varios concesionarios, pasando de casi 140 centros Porsche oficiales a un centenar.
El nuevo consejero delegado, Michael Leiters, tendrá la difícil tarea de adelgazar la estructura de la compañía en 2026 para evitar que Porsche pierda definitivamente el rumbo.
Imágenes | Porsche
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