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Mini John Cooper Works, la miniprueba (parte 1)

Mini John Cooper Works, la miniprueba (parte 1)
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Ahora que está a punto de dar comienzo la Mini Challenge en España, no quise perder la oportunidad de echarle mano al Mini John Cooper Works, el modelo que sirve de base para el coche de competición. Aunque ya había tenido oportunidad de darme unas vueltas con un John Cooper Works Clubman al Jarama durante la presentación de la copa monomarca, ahora tocaba el turno de ver como se comporta la versión normal.

Lo recogí el pasado jueves y literalmente no me he bajado de el, tal y como demuestran los más de 1000 kilómetros que tiene el cuentakilómetros desde que me lo dejaron. Han sido cinco días de sensaciones, de disfrute y de emociones bastante fuertes, posiblemente las más fuertes que un coche de esas dimensiones te puede dar.

Mi intención es trasladaros estas sensaciones, y una vez más espero lograrlo. Como me imagino que todos sabréis, una de las principales características de los Mini es que tiene infinidad de opciones de personalización. Es difícil decantarse por un color u otro, una tapicería, unas llantas, detalles de carbono, cromados, techo panorámico, las rayas sobre el capó o el kit de carrocería aerodinámico.

Todos y cada uno de ellos tienen algo especial, algo que aunque no lo parezca define un poco la personalidad de quienes los conducen, ya sean hombres o mujeres, jovenes o menos jóvenes. La unidad de pruebas era bastante simple en contra de lo habitual en estos modelos de la compañía. El color de la carrería era rojo, con el techo negro y las franjas sobre el capó, negras también.

Las llantas multiradio de 17 pulgadas no eran ni mucho menos las más espectaculares, pero durante la prueba me di cuenta de que si podían ser las más racionales. En la parte de atrás ni los paragolpes que eran de serie, ni el alerón trasero también de origen permitían diferenciar de forma clara a este John Cooper Works de un Cooper S “maqueado”.

Mini John Cooper Works

El interior del Mini John Cooper Works

En el interior más de lo mismo. A mí me gusta el Mini John Cooper Works con los asientos backet opcionales, el kit de fibra de cabrono para la guantera, freno de mano y el volante en piel vuelta, muy racing.

En cambio cuando llegúe a recogerlo me encontré con un John Cooper Works un tanto (permitidme la expresión) afeminado, sin ese aspecto de carreras que siempre esperas encontrarte en un coche de escasos 3,7 metros de largo, 1.205 kilos de peso y 211 caballos bajo el capó.

Los asientos eran los deportivos normales, y además llevaban un perfil por la banqueta y el respaldo del asiento en color hueso, que aunque le daba un aspecto muy elegante, no transmitía demasiadas sensaciones. Eso si, la piel era de primera calidad, como no podía ser de otra manera.

El cuentakilómetros tradicional se había modificado por el que llevan los modelos con navegador por satélite, que por cierto se maneja desde un mando giratorio situado entre los asientos, que tiene un tacto poco intuitivo.

Mini John Cooper Works

El funcionamiento es el mismo del i-Drive de BMW, con movimientos giratorios sobre si mismo y hacia arriba, abajo y hacia los lados. El problema es que en el i-Drive, cuando giras la rosca entre un paso y otro, notas resistencia, de forma que sabes sin tener que mirar a la pantalla si has pasado al siguiente paso. En el del Mini esta resistencia se ha eliminado, y así giras la rosca sin saber en que paso estás a cada momento.

El resto del interior del coche tampoco daba ni la más mínima concesión a la deportividad. Techo de cristal completo que daba mucha luz al interior, volante multifunción y los automatismos clásicos para el encendido de las luces. Además las lunas traseras llevaban un pequeño toque tintado, un detalle que le da un aspecto atractivo y elegante al mismo tiempo.

Por lo que llevo contado hasta ahora pensaréis que el Mini John Cooper Works no me ha gustado. No sólo no me ha defraudado, sino que me ha gustado tanto que sigo pensando que puedo hacer para quedarme con él para siempre.

Mini John Cooper Works

Lo primero que hice después de analizar con detalle el exterior e interior del coche, fue sentarme en ese bonito asiento y pulsar el botón de arranque, situado al lado de la llave que tiene forma circular. Pisando el embrague el motor se pone en marcha, y al instante el sonido que percibimos nos hace olvidar todos esos detalles poco deportivos de los que hablamos en los párrafos anteriores.

El motor

El motor del John Cooper Works es el mismo del Mini Cooper S, desarrollado conjuntamente con el Grupo PSA (es el mismo motor del Peugeot 207 RC por ejemplo) pero debidamente afinado y mimado para que de ni más ni menos que 211 caballos. Este pequeño cuatro cilindros con Twin-Scroll-Turbo e inyección directa de gasolina cambia respecto al motor del Cooper S en los pistones, válvulas, turbo, sistema de admisión y sistema de escape, y os aseguro que esos cambios se perciben fácilmente cuando estamos al volante.

El sonido ronco me incitaba a ponerme en marcha, y así lo hice. Los primeros kilómetros fueron lentos, dejando que el motor cogiese temperatura y se fuese poniendo a tono. Las primeras sensaciones que me transmitió el Mini John Cooper Works fueron las mismas que en los anteriores Mini que había conducido, dirección muy directa y sensaciones muy semejantes a las de un kart.

Esa es una de las características del Mini que lo hacen único y en las que todos los que hemos tenido oportunidad de conducir uno coincidimos en destacar. Para moverse entre el tráfico de las ciudades, callejear y sentir la carretera, pocos coches son más recomendables que un Mini.

Pero lo cierto es que para hacer todo esto tampoco es necesario tener 211 caballos bajo el pie derecho, y es que este Mini tiene otras aspiraciones muy distintas. En cuanto tuve la primera oportunidad, me hice una escapada con el John Cooper Works. Mi destino una carretera de curvas, cómo no. Pero antes de llegar a la zona elegida teníamos John y yo 40 kilómetros de autovía por delante.

Mini John Cooper Works

En autovía el John Cooper Works se comporta como un coche de mucha mayor cilindrada. Las insinuaciones al acelerador se traducen de forma casi instantánea en respuesta del motor, que soprende por su gran empuje a bajas revoluciones. En contra de lo que pasaba en la anterior generación del Cooper S, el nuevo no te pide que lo estires hasta los límites para tener potencia, sino que desde abajo y hasta la línea roja tienes respuesta más que de sobra.

Además si quieres una respuesta todavía más inmediata y contundente, delante de la palanca de marchas tienes el botón “Sport”, hermanastro del de sus primos de BMW y que modifica por completo la respuesta del coche. El John Cooper Works entrega 260 Nm de par entre 1.850 y 5.600 rpm, pero John siempre tiene algo guardado bajo la manga, y eso son los 20 Nm de par extra que entrega en modo overboost, o lo que es lo mismo, pisando a fondo el acelerador, todo un placer.

Por autovía las suspensiones aunque son firmes, tampoco se muestran tan duras como en un principio me esperaba. Seguramente con los asientos backet mi espalda estaría ahora mismo más dolorida, pero lo cierto es que con los deportivos de serie tienes bastante “colchón” para amortiguar los baches.

Continuará...

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