Quien controle los chips, controlará el mundo: EEUU sabotea a China por el control de la industria
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Quien controle los chips, controlará el mundo: EEUU sabotea a China por el control de la industria

Hace meses que EEUU declaró la guerra económica a la industria China de semiconductores y, con las últimas restricciones a la exportación, la tensión se ha disparado. El gigante asiático ha pasado de ser un socio que trabajaba en silencio para conseguir la autosuficiencia tecnológica que le permitiera liderar (también) este sector, a ser un invitado incómodo.

En este conflicto hay mucho en juego a nivel global: maquinaria, armamento (incluido el nuclear), supercomputación, inteligencia artificial y conducción autónoma, y cómo no, vehículos de todo tipo. Además, el talento también forma parte del tablero.

China ya está prescindiendo de personal extranjero para proteger su industria y, a su vez, los profesionales americanos que estén al servicio de empresas especializadas chinas deberán ir pensando en abandonar sus puestos de trabajo si no quieren exponerse a perder la nacionalidad estadounidense.

Una guerra sin trincheras por el control de la industria

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El virus que hace ya tres años lo paró todo nos ha dejado más de una valiosa lección. Entre otras, y centrando el tiro en el terreno de la economía mundial, ha quedado patente la vital importancia de los microchips en gran parte de la industria y, por ende, en el origen de su producción.

China lleva años siendo “la fábrica del mundo”, y es dueña y señora de gran parte de las materias primas, líder en producción de baterías… Su producción manufacturera rivaliza con la de Estados Unidos y toda Europa juntas. Pero sigue importando millones y millones de chips al año, sobre todo de Estados Unidos, Corea del Sur, Taiwán y Japón.

Esta semana, la administración de Joe Biden ha aumentado la dureza en los controles de exportación en todo el sector de chips de China con tres acciones principales que buscan el bloque del sector.

En primer lugar mediante la prohibición de la exportación de chips específicos para la Inteligencia Artificial o de equipos para fabricarlos; después con las restricciones a las exportaciones de semiconductores de alta gama a China. Por último, con la actualización de la lista de empresas chinas específicamente vetadas para la compra de material, conocida como “Entity List”.

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Estas medidas quieren poner freno al ascenso de Pekín, por ejemplo, en la fabricación de coches, pero también buscan impedir su acceso a tecnología puntera que pueda utilizar para su desarrollo tecnológico o militar, ahora que el orden geopolítico mundial lleva meses alterado desde la invasión de Rusia a Ucrania.

En definitiva, este anuncio es toda una declaración de "guerra económica" (literalmente) que lleva meses en gestación.

Y es que estas restricciones de EEUU a China están focalizadas no solo en proteger a la industria estadounidense, o en detener “la fuga de talentos” y de propiedad intelectual: su propósito es amputar a la industria china de semiconductores para conseguir frenar su impulso hacia la autosuficiencia tecnológica.

Un nuevo orden mundial en el horizonte

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Sobre todo en los últimos dos años China ha estado redoblando sus esfuerzos para construir una industria nacional de chips que pudiera rivalizar con la de EEUU y sus aliados de Asia Oriental. Esto ha conllevado mucho despilfarro y mala gestión, pero también algunos éxitos sorprendentes en los últimos meses en materia de chips avanzados.

Ejecutivos y analistas de semiconductores ya están evaluando las consecuencias del movimiento estratégico de EEUU, y los resultados no son nada halagüeños para las empresas de chips.

Muestra de ello, según recoge El País, es que las acciones de la mayor compañía del sector en el gigante asiático, SMIC, han caído en los últimos días, igual que las de la taiwanesa TSMC, el mayor fabricante mundial.

Para las empresas chinas que dependían de la gestión estadounidense, el golpe podría ser potencialmente devastador, tal y como señala el reconocido analista Jordan Schneider en un hilo de twitter que está teniendo mucha repercusión.

Sin embargo, esto no solo será negativo para la industria china de semiconductores, sino que también podría tener un impacto en la industria mundial. En este sentido, Sarah Kreps, directora y fundadora del Tech Policy Institute de Cornell, advirtió en una entrevista con el Wall Street Journal que las empresas estadounidenses de chips también “podrían perder cuota de mercado”.

De hecho, las principales empresas norteamericanas del sector como Philadelphia Index Semiconductor (agrupa a las 30 firmas más importantes del sector en EEUU), ya ha perdido casi la mitad de su valor el último año.

También empresas punteras como AMD y Nvidia han perdido valor en lo que va de ejercicio, sin olvidarnos de Intel, que pese a sus inversiones en Europa y EE UU ya ha bajado el 50 %.

Si se ejecuta correctamente, la maniobra de Biden podría resultar astuta a largo plazo, ayudando a garantizar que los mercados globales de chips prosperen. Sin embargo para que eso ocurra, además de que muchos fabricantes de chips se quedarán por el camino, EEUU previsiblemente va a necesitar más aliados.

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