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¿Deportivos diésel? Oye, pues tienen su punto

¿Deportivos diésel? Oye, pues tienen su punto
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Hay aquí tema de debate para años, y tenemos dos posturas claramente opuestas. Hay quien por definición sostiene que es totalmente incompatible que un coche deportivo sea diésel, tiene que ser gasolina, sí o sí. Pero sin embargo también hay quien sostiene que no tiene por qué ser así, y que si el motor y el coche es bueno, no importa tanto qué combustible le echemos.

Ya se sabe que sobre gustos no hay nada escrito, y precisamente por eso hay colores, para que cada cual elija el que más le guste, con esto de los motores pasa algo parecido. La realidad es que, aunque no son tan habituales, se pueden encontrar deportivos diésel que no están nada mal, y que tienen su punto.

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Sonido y revoluciones

Un coche deportivo suele ser, o debiera serlo, un coche que transmite sensaciones y emociones más intensas a quien lo conduce, más atrevido y radical en su diseño, más eficaz trazando cruvas y pegándose a la carretera, y sobre todo orientado por encima de otras cosas a ser muy rápido, por potencia, por tren de rodaje, por rigidez de bastidor, por aerodinámica, etcétera.

Hay dos cualidades que suelen asociarse a un coche deportivo: por una parte el sonido del motor, que no debería ser igual que el de un modelo convencional, incluso con licencia para ser ruidoso y furioso, y las revoluciones que es capaz de alcanzar el motor, normalmente cuanto más alto gire mejor, cuestión esta que además está estrechamente relacionado con lo primero.

No todas las personas encuentran esto tan relevante, si por revoluciones fuera... ¿por qué no va a ser incluso más deportivo aún un coche eléctrico cuyo motor puede subir de 10.000 vueltas?

Ya sabéis, en el fondo esto de los coches deportivos, entre otras cosas, básicamente se resume en pisar el acelerador a fondo y disfrutar del brum, brum a todo lo que dé el coche. Pero claro, luego pasan cosas como que Audi vence en las 24 horas de Le Mans con un LMP1 TDI en 2006, y resulta que un coche de competición, de circuito, no de Dakar, puede ser diésel y hasta ganar, y ya no queda tan claro que lo deportivo sea exclusivo de la gasolina, ni siquiera en "lo profesional".

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Pero 'la pela es la pela', oiga

A esto además se suma el hecho de que un coche deportivo no siempre es un coche caro, exclusivo y minoritario para gente con mucha pasta. También hay coches deportivos, o medio-deportivos, como un compacto hot hatch, que están orientados a un público más general, y aunque no sean la versión más asequible, tampoco son prohibitivos. Y ya sabemos lo que pasó con el precio del petróleo y de la gasolina, cada son más altos, y cada vez cuesta más llenar el depósito.

Así que bastantes conductores empiezan a mirar muy mucho los costes de uso de su coche. Y si solo pueden tener un coche, y ese coche es deportivo, y a la vez van a hacer muchos kilómetros al año, empiezan a ver que el hecho de que tenga un motor diésel tampoco tiene por qué ser descabellado.

Y a esto se suma otra cosa más: hay motores diésel y motores diésel. Las cosas con estos motores han cambiando mucho también con los años. Lejos queda aquello de motor lento, ruidoso, molesto y humeante. La potencia que puede entregar un motor diésel ha aumentado notablemente, y su refinamiento también.

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Y al final, volvemos a lo que decíamos antes, al final el coche deportivo es sobre todo las sensaciones y emociones que genere en su conductor. Y si el coche es el mismo, el tren de rodaje y bastidor también, y lo único que cambia es el motor, y ese motor sigue dando buenas prestaciones y le resulta agradable al conductor, aunque lo haga de manera un poco diferente, no tiene porqué ser muy diferente la diversión o emoción que nos transmite. Puede ser un poco diferente, claro, pero ¿peor? ¿por qué?

Algunos conductores encuentran muy agradable el alto par motor que entregan desde bajas vueltas los motores diésel, y si la aceleración es igual, no echan en falta que el motor suba alrededor de 1500 vueltas más. Las recuperaciones suelen ser muy ágiles, y la salida contundente. Pero es que además algunos motores diésel no suenan tan mal como podría esperarse.

De hecho, en muchas ocasiones, incluso se empiezan a perder un poco las diferencias entre motores diésel y de gasolina. En ambos se está recurriendo ya a la inyección directa o al turbo, entre otras soluciones, y al respuesta y el tacto no siempre difieren tanto. Un motor de gasolina turbo tiende también a entregar más par a bajo régimen, por ejemplo.

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Modelos a elegir más que respetables

Tenemos ejemplos de coches deportivos o medio-deportivos que no pintan nada nada mal. Ahí tenemos el nuevo Audi TT 2014, que tendrá un motor 2.0 TDI de 184 CV que le permite acelerar en unos respetables 7,2 s de 0 a 100 km/h, o el Mercedes-Benz SLK 250 CDI, con 204 CV y una aceleración de 0 a 100 km/h de 6,7 segundos. El Peugeot RCZ es otra opción a un precio razonable, aunque con 160 CV, sigue siendo muy bonito, pero sus prestaciones son más discretas.

No podemos olvidarnos del Volkswagen Golf GTD, con el mismo motor que el Audi, y una aceleración de 7,5 segundos, pero con un consumo combinado homologado de tan solo 4,2 l/100 km, y encima suena bien, oiga, doy fe (aunque sea diferente).

De compactos picantes podemos encontrar más modelos a parte del Golf. Para empezar sus primos, el Audi A3 y el SEAT León FR, con los mismos 184 CV. Destaca sin duda el BMW Serie 1 125d, que es un diésel de 218 CV que puede pedirse con caja de cambios automática deportiva, y acelera hasta 100 km/h en tan solo 6,5 segundos, más que respetable. El nuevo Ford Focus ST 2014 también tendrá versión diésel de 185 CV, y más ejemplos que podríamos recordar.

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Alfa Romeo ya no lo vende, pero hace unos años tanto el Alfa Romeo Brera como el Spider podían montar un motor diésel de 200 CV primero y 210 CV después, con una aceleración de 0 a 100 km/h en 7,9 segundos, y eran dos coches muy pintones.

En un terreno más exclusivo, y rozando el título de superdeportivo, podemos encontrar a los Trident Iceni, con V8 diésel de 430 y 660 CV, que se dicen pronto.

Así que al final, si el coche es bonito, se conduce muy bien, corre mucho, no suena mal, nos divierte... y encima gasta menos... Pues igual no está tan mal que el deportivo sea diésel... o híbrido... o enchufable... Claro que, al final, es cuestión de gustos (de hecho, yo, si puedo elegir, me quedo con un eléctrico, raro que es uno).

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