"Pita más, espera más": la policía de Bombay estaba harta de los que abusan del claxon, así que empezó a manipular los semáforos

Este sistema, equipado con sensores de ruido, reinicia la luz roja del semáforo cada vez que el sonido del claxon de los coches supera los 85 decibelios

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Victoria Fuentes

Existen países en los que el claxon se sustituye por las señales de tráfico. Si alguna vez has tenido la suerte -o la desgracia- de recorrer las calles de El Cairo o de quedarte allí unos días, habrás visto que los conductores pasan todo su trayecto pitando. Es la forma de decir "estoy aquí, quiero avanzar", y da igual que sean las 5 de la tarde o las 4 de la mañana o que tengan un semáforo delante: en Egipto siempre hay atascos.

Pero hay otro país que compite en cuanto a la impaciencia de sus conductores, y es India. "Aquí todo el mundo pita aunque el semáforo esté en rojo", cuentan. Así que un día la policía de Bombay decidió poner en marcha un experimento para castigar esta práctica de la forma más dolorosa posible: haciendo a los conductores esperar aún más.

La señal del castigo

Conocido como "la señal de castigo", la policía de Bombay instaló un sistema de semáforos manipulado en intersecciones clave para combatir el problema de los conductores que tocan el claxon de forma temeraria. Este sistema, equipado con sensores de ruido, reinicia la luz roja del semáforo cada vez que el sonido del claxon de los coches supera los 85 decibelios. Entonces el temporizador, en lugar de bajar de 10 a nueve segundos, vuelve a subir a noventa segundos.

"Bienvenidos a la capital mundial del claxon", explicaba la policía de Bombay en un vídeo que se volvió viral. "Aquí la gente toca la bocina incluso cuando el semáforo está en rojo. Quizás piensen que así conseguirán que el semáforo cambie a verde más rápido. Nosotros, la policía de Bombay, estábamos deseando hacer algo al respecto".

Y vaya si lo hicieron. A través de un cartel que rezaba "pita más, espera más", avisaba a los conductores de las consecuencias de su impaciencia. Y funcionó: tras varios intentos por que los conductores dejaran de pitar en el último segundo, llegó la recompensa: una ingente cantidad de vehículos con sus conductores esperando en silencio a que el semáforo de pusiera en verde. Lo nunca visto.

Y es que el insoportable sonido del claxon de los coches no solo causa contaminación acústica, sino que daña los tímpanos, aumenta el ritmo cardíaco, provoca estrés y puede llevar al suicidio.

Actualmente más que un sistema instalado en cada esquina de la India, ha funcionado como una estrategia de cambio de comportamiento y una advertencia psicológica para los conductores, aunque la policía de Bombai sigue utilizando este concepto en puntos críticos y que ha servido de inspiración para propuestas similares en otras ciudades con tráfico denso.

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