Hay que remontarse hasta 1868 para hablar del primer semáforo de la historia. Lo diseñó John Peake para regular el tráfico de carruajes en las calles de Londres, su ciudad natal, basándose en los sistemas para regular el tráfico de trenes que ya existían en esa época.
La idea era sencilla, al igual que con los ferrocarriles, un indicador de color verde significaba que los carruajes podían pasar, mientras que con una luz roja tenían que detenerse; un policía se encargaba de operar manualmente el cambio de luces, que funcionaban a gas. En ese momento, no existía el semáforo con tres colores que utilizamos hoy en día.
Un inventó que cambió el mundo
Ese primer semáforo de tráfico se instaló el 2 de diciembre de 1868 justo al lado del Palacio de Westminster, en Londres. El 2 de ensero del año siguiente, el semáforo se retiró porque explotó por accidente e hirió gravemente al policía que se encargaba de su funcionamiento.
Era evidente que el sistema tenía algunas lagunas, pero se perfeccionó a principios del siglo XX gracias a la luz eléctrica. Poco a poco, los semáforos se fueron extiendo, sobre todo por Estados Unidos, pero seguían teniendo un problema: utilizaban únicamente el rojo y el verde, sin tener una transición de un color a otro, de manera que cambiaban sin previo aviso del verde al rojo, por lo que a muchos conductores no les daba tiempo a frenar y había accidentes.
A William Potts, un policía de Detroit, Estados Unidos, se le ocurrió una forma de evitar este problema: incorporar una tercera luz de color ámbar a los semáforos para advertir de un cambio inminente de color.
Si el semáforo se ponía en ámbar, significaba que pronto se pondría de color rojo, de manera que los conductores tenían tiempo de frenar. Potts también tomó la idea del sistema ferroviario, en el que ya existía una luz ámbar como complemento de la roja y la verde para indicar que se circulase con precaución.
Más de 100 años después, seguimos utilizando ese sistema en todo el mundo, por lo que sobra decir que el invento de William Potts fue un éxito. Por desgracia, este policía no pudo patentar su invento porque era funcionario público y la ley no lo permitía.
El que si lo patentó fue Garret Morgan, un inventor estadounidense que vendió la patente a la compañía General Electric por 40.000 dólares En esa época, era mucho dinero, por lo que Morgan se forró, aunque William Potts ha sido la persona que ha pasado a la historia por su invento.
A pesar de que Potts no pudo hacerse rico con la idea, hoy en día agradecemos su ocurrencia porque es clave para que regular el tráfico en todo el mundo (salvo en Japón, donde utilizan una luz azul en lugar de la luz ámbar).
Imágenes | Unsplash
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