Las rotondas, esas grandes desconocidas

Las rotondas, esas grandes desconocidas
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Para bien o para mal, tengo que sufrir a diario las rotondas, pero no por el hecho de que a veces incordian más que ayudan al tráfico, sino por el mal uso que se les da en la mayoría de ocasiones. Los que viváis en Elche sabréis de lo que hablo, ya que no circulas 1 kilómetro por Elche sin encontrarte con alguna.

Pero vayámos al grano, que si no me voy por las ramas. La gente no sabe circular por una rotonda, no todos, pero sí la gran mayoría. ¿Por qué? Muy fácil, en la autoescuela apenas te enseñan a utilizarlas y una vez en la jungla de asfalto, impera la supervivencia propia al sentido común. Todo esto viene a que en un fin de semana, casi me doy un par de paseos por la hierba, gracias a dos magníficios usuarios de estas vías circulares.

Analicemos el primer especimen y el más común de ellos que habitan por estos lares, los que se piensan que es una vía recta. Es fácil reconocerlos, son aquellos que su coche venía sin intermitentes y las vueltas que da su volante son bastante inferiores a las que da el mío o el tuyo. Trazan la rotonda recta, sin mirar ni a izquierda ni a derecha, sin importarles quien venga, porque ellos lo valen, son así de machotes.

Os comento lo que me ha pasado ya en más de una ocasión. Vía de doble carril, yo me paso al izquierdo porque pretendo seguir recto y llego paralelo a la entrada con otro coche. Cedo el paso en caso de venir otro vehículo por la glorieta y procedo a entrar en ella, pero mi compañero de entrada, como es superior a mi, invade mi carril y a mí me toca frenar y si tengo suerte, no abollar mi coche contra su coche o en su defecto, destrozar una llanta contra los bordillos. Claro, luego le mandas un cordial saludo y le dedicas unas palabras a su familia y te mira o con cara de tonto porque no sabe que es lo que ha hecho o te mira mal porque eres joven y no tienes ni idea de conducir.

También están esos que el intermitente no tienen muy claro para que sirve, ni para salir, ni para circular por dentro de la rotonda ni para nada. Los más comunes son aquellos que no lo usan para salir, con lo que te toca frenar y quedarte parado con cara de tonto porque no has adivinado cual sería su reacción. Si es que… mira que no sacarte el curso de adivino de CCC… Otros menos comunes, pero también igual de molestos son los que circulan por el carril exterior con el intermitente izquierdo puesto. Vamos a ver, señores de la izquierda, ¿hacia dónde pretenden girar, hacia el centro de la rotonda? Porque otra explicación no le veo, más que nada, porque se supone que usted va recto, ¿o acaso pone los intermitentes en un curva? Y por último, el más molesto de todos y el que más se parece a una mosca cojonera, el que no usa el intermiente ni para salir ni para cambiar de carril una vez dentro de la glorieta. Generalmente, se confunden con los primeros especímenes mencionados antes, los que van rectos, pero no hay que confudirlos, a estos les gira más el volante, porque si no le sería imposible salirse desde el carril interior hasta la salida más cercana, sin previo aviso, por supuesto.

Luego están los denominados correprisas. Son detectables a larga distancia, y más vale que los detectes, si no quieres llevarte algún que otro susto. Los ves venir y piensas, no frena. Exacto, no frenan y el que tiene que ceder el paso eres tú. A ver, gañán, que aunque vengas por la derecha, la preferencia la tengo yo. En estos casos, la pitada no vale, porque cuando te has recuperado, el tipo ya está fuera del alcance de tus blasfemias. También hay otra subespecie dentro de estos, los correprisas pero no tanto. Al igual que sus congéneres, entran sin ceder el paso, pero en lugar de estorbar por su entrada, estorban una vez dentro, haciendote frenar porque su velocidad se reduce en un 75% una vez dentro de la rotonda.

Y por último, los indecisos, fácilmente reconocibles porque se leen todos y cada uno de los carteles que pueblan la glorieta, sean indicativos o sean de publicidad, lo mismo les dá. Eso sí, una vez encuentran su destino, se avalanzan sobre la salida sin indicarlo con los intermitentes. A ver, señores de por aquí o por allí, es un círculo (o en su defecto una elipse), si se pasa una salida, si sigue hacia adelante, misteriosamente volverá a su lugar de origen en un bucle infinito. Además, si en lugar de ponerse a leer carteles una vez dentro, se lee el que hay nada más entrar a la rotonda, verá con sorpresa que todas las salidas están indicadas ahí.

Seguro que os habréis encontrado más de uno de estos y de otras especies por ahí, así que ya estáis tardando en aportar vuestras experiencias. Y perdonad por el ladrillo, hacía tiempo que quería descargar mis iras contra esta fauna.

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