Hace unas décadas, allá por 2004, probando el entonces nuevo Toyota RAV4 en pleno invierno, mi compañero y ex piloto del campeonato GT, Víctor Fernandez, se quedó tirado con 4 cm de nieve porque el SUV no conseguía subir una pequeña pendiente en un camino de tierra. Por una parte, el coche no llevaba neumáticos de invierno y, por otra parte, ante el constante patinaje de las ruedas el control de tracción y estabilidad cortaba constantemente gas y no podía subir. Y es que en ese modelo, desconectar el VSC (control de estabilidad y tracción) no se hacía pulsando un simple botón, sino mediante una oscura y compleja secuencia con, entre otros, el freno de mano.
Porque sí, aunque parezca una mala idea, conduciendo con nieve y en determinadas circunstancias es necesario desconectar el control de tracción y estabilidad.
Desconectar el ESP con nieve es contraintuitivo, pero a veces necesario
Todos los coches nuevos equipan desde hace años un control de tracción y estabilidad, llamado ESP, ESC o VSC, según las marcas. Es una ayuda inmensa que permite corregir errores de conducción, de los que de no ser por el sistema nos dejaría empotrados contra un árbol, y reírnos de las condiciones adversas, como la lluvia. Sin embargo, casi todos los coches llevan un botón (o una función en la pantalla táctil) que permite desconectar este sistema esencial para nuestra seguridad.
Y no, no es para ir más rápido en tramos o circuitos como imaginan algunos. Como dijo el gran Walter Rörhl, “si conduces o pilotas bien, el sistema no actúa, sólo entra si has cometido un error”. Además, hay mejores coches que un SUV para rodar en tandas.
Así, en la inmensa mayoría del tiempo, el control de tracción y estabilidad nunca se debe desconectar. El control de estabilidad funciona mediante sensores que monitorizan constantemente la velocidad de rotación de cada rueda. Cuando detecta diferencias en la velocidad entre las ruedas, lo que indica pérdida de adherencia, el sistema actúa instantáneamente de dos formas, según las marcas y modelos.
En algunos casos reduce la entrega de par del motor y/o aplica microfrenadas independientes en las ruedas que tienen menos adherencia. Este proceso ocurre en décimas de segundo, con tal rapidez y eficacia que frecuentemente corrige la trayectoria antes de que el conductor sea consciente del problema.
Aun así, se puede desconectar por un par de razones muy sencillas. En condiciones de muy baja adherencia, como nieve o barro, y cuando, con el sistema activado, resulta imposible superar un obstáculo, rampa o iniciar la marcha es necesario dejar que las ruedas patinen un poco. La idea es que así se puede llegar a encontrar suficiente adherencia para salir de la dificultad. Es verdad que este truco no siempre funciona. Además, en cuanto hayamos salido del pasado deberíamos volver a conectar el ESP.
Otra situación en la que sí es preciso desconectarlo es cuando se montan cadenas en las ruedas motrices y el ssitema muestra un funcionamiento erróneo. Las cadenas aumentan el diámetro de la rueda, lo que puede confundir al sistema haciéndole interpretar incorrectamente que se está produciendo un deslizamiento. No obstante, con fundas de nieve modernas esto no suele ser necesario.
Imágenes | Range Rover, Subaru
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