Compartir
Publicidad
Publicidad

Peugeot RCZ 2013 2.0 HDi, miniprueba (parte 2)

Peugeot RCZ 2013 2.0 HDi, miniprueba (parte 2)
Guardar
11 Comentarios
Publicidad
Publicidad

Cuando se presentó la posibilidad de probar el nuevo Peugeot RCZ antes de la presentación oficial, podíamos elegir entre la motorización de gasolina de 156 CV con cambio automático y la versión diésel de 163 CV y cambio manual de seis velocidades. La decisión de probar el “petrolero” fue mía: automatismos, los justos. Además, esa combinación de deportividad con petróleo tenía que probarla este cristiano.

En la primera parte de la prueba del Peugeot RCZ os he descrito cómo es el coche con el motor parado, tal y como viví ese primer encuentro. Ahora ha llegado el momento de introducir la llave y poner el coche en marcha. Al primer toque el motor cobró vida. El sonido del “dos litros” es profundo, grave, como la voz de un bajo y resultó ser inferior al nivel de ruido que mi 1.6 de gasolina.

Engrané la primera relación y, acariciando con suavidad el acelerador, solté sin prisa, pero sin pausa, el embrague. El Peugeot RCZ se puso en marcha con toda suavidad. Primer detalle agradable, porque el coche es muy dócil. Tras sortear varios semáforos y autobuses, que desde el asiento del RCZ parecen más grandes, llegué a la M-30. Podéis imaginar cómo está la calle treinta un viernes. Tuve que ir con cuidado.

Peugeot RCZ 2013 2.0 HDi, vista lateral trasera

Peugeot RCZ 2013 2.0 HDi, primeros pasos

Cuando por fin conseguí llegar hasta sexta velocidad, un campanazo que me asustó, me puso alerta ante la proximidad del primer radar. Miré rápidamente los instrumentos y para mi sorpresa iba un poco por encima del límite, con la aguja del tacómetro por debajo de las 2.000 vueltas. El problema no es que la quinta y sexta relación sean largas, es que la sensación de velocidad no se corresponde con la realidad: parece que vas parado y no, no lo estás.

Seguí sorteando problemas hasta llegar a la M-50. Ahí ya es más fácil conducir sin necesidad de mirar con un ojo a cuánto vas, y con el otro la carretera. En un tramo de 120 km/h, por el que iría a menos de 110 km/h, tomé el primer gran bache. Vinieron entonces a mi mente las palabras que Javier Costas dedicó en 2010 a la dureza y sensibilidad de la suspensión: Si la rueda derecha pisa un insecto, lo notaremos.

Peugeot RCZ 2013 2.0 HDi, vista posterior

Notar, lo que se dice notar, se nota, aunque la sensación que tuve en ese momento fue la de ser Buzz Lightyear, camino del infinito y más allá. Menudo bote pegó el Peugeot RCZ. Me voy a acordar del socavón (me refiero al responsable del agujero), unos cuantos meses más. Eso sí, el comportamiento del coche fue impecable.

Ciertamente la suspensión de este coche es dura, más próxima a la de un coche de competición que a un coche familiar. Es algo que me agrada y da confianza. Perfecto el RCZ en este apartado. El incidente fue el preludio de que nos íbamos a llevar bien.

Ese día tenía que preparar varias cosas, el tiempo no acompañaba y dejé para el día siguiente el viaje completo de la prueba. Al guardar el coche en el garaje pude disfrutar de los faros sensibles a la dirección, los detectores de proximidad de obstáculos, que otorgan bastante margen y del escaso radio de giro del coche. Hay que maniobrar más de lo normal, pero la dirección es tan suave que no requiere mayor esfuerzo. La visibilidad es buena para ese tipo de maniobras.

Peugeot RCZ 2013 2.0 HDi, ópticas delanteras

La verdadera prueba dinámica

Llegó el día D, hora H. Aunque en Peugeot me entregaron el coche impecable, las condiciones de agua en pista del día anterior aconsejaban visitar el lavadero. Es algo que me gusta hacer siempre que voy a emprender un viaje: tener el coche impecable y los cristales limpios. Los lavo y seco a mano. Manías.

Siendo día de estampida general, sábado para más señas, preparé una ruta con pocos kilómetros por buenas carreteras y escapada a ruta de montaña antes de los primeros 100 km. Para evadir en lo posible el tráfico saliente, decidí escapar de la vorágine por una radial.

Buen momento para vigilar el consumo del coche. En sexta velocidad, con el motor ligeramente por encima de las 2000 rpm, el Peugeot RCZ ya alcanza 120 km/h. El ordenador de a bordo indica en esas circunstancias un consumo inferior a los 5 l/100 km.

Peugeot RCZ 2013 2.0 HDi, boca de llenado de combustible

Una vez más se puso de manifiesto que es mejor dejar en manos del control de crucero la velocidad, porque si no vas muy pendiente (o te acostumbras), pasas el límite sin darte cuenta. En una buena vía la sensación de velocidad es anormalmente baja si no tienes otros coches como referencia.

En esas circunstancias, el sonido del motor es prácticamente imperceptible. La insonorización del Peugeot RCZ está bien conseguida y aprecias más los ruidos aerodinámicos que los mecánicos. El ruido de los neumáticos también pasa bastante desapercibido. Otro capítulo en el que brilla con luz propia.

Tras la radial, vuelta a la autovía de uso general. Aquí opté por situarme a la derecha y ceder el paso a todos aquellos que tenían mucha prisa por llegar al patatal del abuelo. En estas condiciones de tráfico denso aunque fluido, es muy difícil llevar el patrón de pocas vueltas para un consumo eficiente. Requiere emplear el cambio o bien no usar la sexta relación… y a veces la quinta. Ahí el consumo ya no es tan racional.

Peugeot RCZ 2013 2.0 HDi, detalle del neumático

Durante ese paseo sabático forzoso, me fui habituando a la dureza de la suspensión hasta no tener conciencia ya de las reacciones ante las irregularidades del firme. La sensación de que el Peugeot RCZ 2013 2.0 HDi tiene un gran carácter viajero se fue afianzando. Con este coche se pueden recorrer muchos kilómetros (más de 850 con el depósito prácticamente lleno, indicaba el ordenador), con gran confort.

Cuando por fin pude abandonar la autovía, llegué a una carretera secundaria de arcenes generosos, buen firme y visibilidad completa a mucha distancia. Aquí el Peugeot RCZ empezó a enseñar los dientes, pasando del sumiso cordero que pace con menos de 5 litros, a un felino con unas ganas de marcha que la vía no permite.

Hasta el momento, había podido apreciar la gran capacidad de recuperación del motor con cualquier velocidad larga engranada. En la carretera secundaria, sin apenas tráfico, estirar un poco la tercera implica ponerte el límite de velocidad por montera y saludar al tendido. El Peugeot RCZ 2013 2.0 HDi anda mucho, pero mucho, y no tienes conciencia de que es así salvo por los instrumentos. Hay que prestar atención.

Peugeot RCZ 2013 2.0 HDi en carretera de montaña

Comenzaron las primeras curvas y con ellas la impresión, nuevamente, de que las tomas parado. Pero no lo estás. Es el momento de decirlo: la estabilidad de este cupé está muy por encima de cualquier turismo convencional, obteniendo la sensación permanente de que el Peugeot RCZ y el suelo han llegado a un pacto por el que no se van a separar.

La sensación de seguridad es total y el aplomo del coche consistente. La carrocería no se balancea hagas lo que hagas y tratar de buscar los límites del coche es, sencillamente, temerario. Los frenos están a la altura del resto del conjunto. No son bruscos, pero si les exiges, paran el coche con solvencia.

Cuando la carretera cambió de confortable vía secundaria a pista de montaña radical (había nieve en las cunetas, dejando libre únicamente los carriles), fue el momento de probar la agilidad. Curvas mal asfaltadas, con todo tipo de radios, estrechas y enmarcadas por árboles. No era tanto una cuestión de velocidad pura sino de llevar un buen ritmo dentro de lo que permitía la vía, que no era mucho. En este escenario se aprecia hasta qué punto la dirección es precisa. Inscribes el Peugeot RCZ en las curvas sin que se revele.

Peugeot RCZ 2013 2.0 HDi, vista frontal lateral

Las dos únicas ocasiones en que el coche perdió el contacto con el firme, a consecuencia del mal estado y humedad del asfalto, no lo hizo como cabía esperar de un tracción delantera cabezón. No subviró, simplemente deslizó y apenas hube de mover el volante para colocar el coche en su sitio. Fue en estas condiciones tan adversas donde tuve la sensación de que el pilar A limita la visibilidad cuando has de anticiparte a la curva siguiente y comprobar si tiene inquilino.

Conclusiones de la miniprueba

Después de más de 300 kilómetros con el Peugeot RCZ 2013 2.0 HDi, en todo tipo de condiciones, creo de verdad que esta versión de gasóleo no sobra dentro de la oferta del fabricante. Tendrá su público por aquello de las preferencias en el tipo de combustible, pero cualquier amante de la gasolina no quedará defraudado con las prestaciones de la unidad probada.

El consumo al final fue de 6,4 l/100 km, y se alejó del homologado (5,1 l/100 km), pero ello es por varias razones: la prueba realizada en montaña sin tener en cuenta la conducción eficiente, y mi forma de conducir, que prefiere los regímenes de giro donde el coche entrega todo: Los atascos en ciudad y el regreso a Madrid con circulación lenta pusieron el resto.

Peugeot RCZ 2013 2.0 HDi, consumo

¿A quién va dirigido este coche? En un principio a todo a que le guste y lo quiera pagar. El Peugeot RCZ 2013 2.0 HDi tiene un comportamiento tan polivalente que puede ser conducido casi por cualquiera. Tal vez no sea el coche ideal para personas sin experiencia, ni parejas con niños, aunque sean pequeños.

La puntuación que otorgo al Peugeot RCZ 2013 2.0 HDi es un 9/10, por aquellos detalles que podrían haber estado mejor resueltos y porque el coche perfecto no se ha fabricado todavía, teniendo en cuenta lo que da, cómo lo da y el precio del producto.

En Motorpasión | Peugeot RCZ 2013 2.0 HDi, miniprueba (parte 1)

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio
Inicio

Ver más artículos