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La guerra de la publicidad

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En el mundo del automóvil, una buena campaña comercial puede significar la diferencia entre el éxito y el fracaso, independientemente de la calidad del producto. Pongamos algunos ejemplos. El Nissan Qashqai ha funcionado tan bien que la lista de espera llegó a superar con creces el año. Sin duda los compradores perciben que tiene un precio competitivo (no digo que no sea un buen producto, pero su campaña ha sido muy acertada).

En el lado contrario podemos poner a Jaguar. Una parte importante de sus clientes potenciales son directivos que tienen coche de empresa, y curiosamente sus ventas no se han dirigido hacia ese público. La razón es que las empresas creen que son más caros de lo que realmente son, y los excluyen directamente de las posibilidades.

Por si fuera poco este problema no es nuevo, y en la marca inglesa ya no saben qué hacer para conseguir que sus posibles compradores perciban sus coches como vehículos de calidad pero a la vez con un precio competitivo (desde mi punto de vista lo tiene comparado con sus rivales alemanes si igualamos equipamiento).

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Ahora bien en España la publicidad tiene ciertas restricciones que no existen en todos los mercados, y que impiden que las campañas sean más agresivas y evitando la competencia desleal. Lo curioso es que no en todos los sitios es así, y sinceramente me parece bien siempre y cuando no se diga nada que no sea cierto.

El caso de Ford, es para nosotros, especialmente chocante. No dudan en comparar su Taurus con sus máximos rivales: Lexus LS 460, Infiniti M45X, Audi A6 y el Acura RL.

Las pruebas a las que someten a ambos contrincantes son también bastante curiosas: circular detrás de un camión de grava al que se le escapa la carga, una persecución en la que el detector de ángulo muerto juega un papel fundamental, una prueba de aceleración y por último una medición de ruido interior teniendo cerca un vehículo a reacción.

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Es cierto también que en España nuestro Derecho es muy garantista, y prefiere evitar el daño a repararlo si fuera necesario. En el caso de los coches, si una marca vertiera información falsa sobre otra sería difícil por muchas rectificaciones públicas que hiciera la infractora, reparar completamente la imagen dañada de la agraviada.

En este sentido comparto la postura actual de la legislación, que evita un daño irreparable, aunque nos perdemos algunas campañas realmente ingeniosas por el camino, que cobran especial interés cuando se trata de una lucha de una marca contra otra, como en el caso de BMW y Audi, que ya empieza a ser toda una tradición.

En Motorpasión | Publicidad de coches, ¿engañosa?

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