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Mini John Cooper Works, la miniprueba (parte 2)

Mini John Cooper Works, la miniprueba (parte 2)
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Como prueba de que el confort es bueno basta con decir que hay que tener cuidado de no despistarse con el pie derecho porque el John Cooper Works apenas da sensación de velocidad, algo poco común en un coche de este tamaño y de planteamiento tan deportivo.

El motor como ya he dicho empuja mucho, pero una de las diferencias que noté respecto al Cooper S normal, además del aumento de potencia, es que éste retiene más. Así cuando sueltas el acelerador, el motor apenas baja de vueltas, y es fácil llevarlo en su punto óptimo de funcionamiento. Pisas y de nuevo te pegas al asiento.

Mini John Cooper Works

Tras recorrer los 40 kilómetros de autovía en apenas un suspiro, llega lo bueno, lo divertido y lo que realmente nos apetecía a John y a mi. Las montañas se ven a lo lejos, pero una enorme nube negra amenaza un chaparrón de los buenos. Perfecto, parece una película de terror pero a John y a mi no nos da miedo.

Comienzo la carretera de curvas con buen firme, curvas rápidas en subida y bajada y poco tráfico. El John Cooper Works parece estar viendo lo que tenemos ante nosotros a través de sus dos ópticas delanteras, e incita a darle más y más. Tercera estirando, mientras un sonido realmente ronco se cuela en el habitáculo.

Mini John Cooper Works

Tacto general

Los cambios de marchas se hacen de forma fácil y precisa, a pesar de que la palanca de marchas puede parecer incómoda. Es fácil subir y bajar marchas, y hay que destacar que en esto la caja de seis marchas del nuevo Mini nada tiene que ver con la primera generación.

En cuarta y rodando a 4.000 vueltas fue dónde me pareció que el coche funcionaba de forma más óptima. Es ahí dónde los 211 caballos se dejan sentir más, el empuje es más fuerte y cuando pisas el acelerador con ganas te mimetizas con el cuero del asiento.

Llega una zona de curvas rápidas y enlazadas, y entramos pisando el acelerador a mitad de recorrido, dejando que el coche se apoye primero sobre las ruedas de la derecha y luego, tras el cambio de pesos sobre las izquierdas. Ni un solo movimiento extraño, el John Cooper Works se mantiene firme como una tabla a la trayectoria que le marcamos con el volante.

El volante debemos moverlo con sutileza, nada de movimientos bruscos porque la dirección tan directa no está hecha para manos poco delicadas. El coche transmite una confianza increíble que incita, como muchos deportivos por el estilo, a rodar a ritmo ágil de forma constante.

Mini John Cooper Works

Después de estas enlazadas rápidas, llegan por fin las curvas más cerradas. Toca tirar de frenos, y no precisamente del de mano. Ahí, junto con el empuje del motor, es dónde la preparación especial John Cooper Works se deja notar de forma más evidente. El coche tiene un tacto de freno muy fuerte, al que cuesta un poco acostumbrarse. Por eso en las primeras frenadas estuve a punto de que la cabeza me saliese volando hacia delante.

Eso si, una vez que le coges el tacto al freno, éste te permite jugar con el coche todo lo que quieras, llegar a la entrada de las zonas de frenada previas a las curvas a un ritmo realmente alto y apurar las frenadas tanto como en los mejores coches de altas prestaciones del mercado. Es más, he de decir que en ocasiones el tacto de los frenos me recordó en parte al del Porsche 911, que es uno de los mejores en este aspecto.

Saliendo de la primera curva lenta de derechas, piso a fondo el acelerador en segunda, y el John Cooper Works se pega literalmente al asfalto, sin que las ruedas delanteras pierdan tracción en ningún momento. Es como si la parte trasera se hundiese y la delantera tendiese a levantarse, esa es la sensación que da desde dentro.

El control de tracción no es nada intrusivo, es más, apenas lo vi un par de veces durante los 1000 kilómetros que le hice a John. Y eso que al poco tiempo de empezar la zona de curvas, comenzó a llover bastante. Incluso con agua, el John Cooper Works demostró que es un coche tremendamente fiel a la trayectoria que le marcamos, sin apenas moverse.

Mini John Cooper Works

Fueron unos 15 kilómetros de disfrute, por la misma carretera por la que Javier y yo habíamos probado en su día el Audi R8 pero en sentido contrario. El R8 era rápido y se mantenía pegado al suelo por esas estrechas carreteras, pero no tengo dudas de que el John Cooper Works sería capaz de hacerle sombra e incluso “achucharle” en las frenadas y curvas más pronunciadas.

Vuelta a la autovía

Mientras asimilaba todo este cúmulo de sensaciones, me acordé de la obsesión de Javier por el consumo, y pulsé un par de veces el botón del ordenador de abordo para ver cuanto estaba bebiendo el coche llevándolo a ritmo alegre. Mi sorpresa fue mayúscula cuando vi que apenas marcaba 11 litros cada 100 kilómetros.

Después de la carretera de montaña, regresé a una autovía que me llevaría directo a casa. Metí sexta en cuanto pude, y bajé hacia Madrid con el coche rodando en la marcha más larga pero manteniendo ritmos que en todo momento se situaban en los límites legales. Incluso en sexta, el coche responde con fuerza sin hacer que sea necesario bajar una para tener respuesta. Es sencillamente una configuración perfecta para combinar sensaciones en marchas cortas y un funcionamiento óptimo en marchas largas.

Unos días más tarde tenía que ir y volver de Madrid a Valencia, así que ya tendría tiempo de sobra para experimentar como se comporta en carreteras amplias. Además iba a la entrega de coches de la Mini Challenge, así que nada mejor que ir en un John Cooper Works.

Mientras tanto, el consumo bajaba hasta menos de 10 litros cada 100 kilómetros, pero nunca conseguí llevarlo hasta los 6,9 litros a los 100 que anuncia el fabricante, pero hay que decir que tampoco lo intenté demasiado.

En Motorpasion | Mini John Cooper Works, la miniprueba (parte 1)

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