El mapa que demuestra que Roma no sólo conquistó Europa con legiones, sino con 300.000 km de carreteras

  • Un nuevo mapa digital y abierto recompone con tecnología SIG más de 299.000 km de vías romanas, casi el doble de lo que se esperaba

  • Hoy sólo se conserva el 2,7 % de las calzadas romanas originales

Calzada Romana
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Irene Mendoza

Roma no levantó su Imperio sólo con su ejército, sino también con su red de infraestructuras. Calzadas, postas, miliarios y una red logística tan avanzada que aún define Europa. Ahora, un grupo internacional de investigadores ha logrado reconstruirla con sorpresa incluida: el nuevo mapa cifra en 299.171 km la red viaria del Imperio hacia el año 150 d.C., casi el doble de los 188.555 km reconocidos hasta ahora.

El equipo ha cruzado textos clásicos como el Itinerarium Antonini o la Tabula Peutingeriana con excavaciones arqueológicas, miliarios y tecnología moderna de información geográfica. Las fotografías aéreas de los años 50, las misiones satelitales Corona de la Guerra Fría y los mapas topográficos actuales han permitido dibujar rutas más fieles al terreno, con curvas, pendientes y pasos de montaña reales.

De los pergaminos a los satélites: así renace el mapa de Roma

La reconstrucción del mapa se ha hecho tramo a tramo, combinando arqueología, topografía y tecnología. Cada fragmento de vía tiene su propio identificador y referencia, de modo que puede verificarse o actualizarse con nuevos hallazgos. Así nace Itiner-e, una base de datos abierta y colaborativa que cualquiera puede consultar, una especie de Wikipedia de las carreteras del Imperio romano.

¿Cómo ha sido posible? Con la misma tecnología que hoy se usa para planificar redes de cargadores eléctricos o rutas logísticas. Los sistemas de información geográfica, los modelos digitales del terreno y la teledetección han permitido seguir trazados borrados por siglos de cultivo o urbanización. En algunos casos, incluso se recurrió a fotos históricas de la USAF y satélites espía para detectar huellas apenas visibles.

El resultado de este trabajo titánico es una cartografía viva que duplica la extensión conocida, con un alto grado de certeza: apenas un 2,7% del trazado está excavado o documentado físicamente, frente a un 89,8% conjetural y un 7,4% hipotético. Los algoritmos no inventan calzadas: simplemente proponen la ruta más verosímil entre restos, puentes o miliarios, igual que lo haría cualquier navegador moderno.

El investigador Pau de Soto, de la Universidad Autónoma de Barcelona, recuerda que “las calzadas romanas no eran largas avenidas de losas como la Vía Apia, sino estructuras complejas formadas por capas de grava compactada y drenajes laterales”. Los miliarios o hitos (uno cada mille passus, o 1.478 m) servían de marcadores y testigos cronológicos, igual que hoy los puntos kilométricos de nuestras autovías.

El estudio distingue entre vías principales, respaldadas por miliarios o fuentes históricas (34,6%), y una vasta red secundaria (65,4%) que conectaba pueblos, minas y puertos. Este nivel de detalle permite analizar cómo se movían las tropas, los comerciantes o incluso las epidemias, como la peste Antonina, por los mismos caminos que siglos después se convertirían en rutas medievales o nacionales.

Las calzadas romanas que siguen bajo nuestros pies

Muchos de los grandes corredores actuales ya existían en época romana. El Mediterráneo occidental, el valle del Po o el eje del Ródano eran arterias comerciales hace dos milenios, igual que hoy lo son para camiones y trenes.

Mapa Carreteras Romanas Fuente: Itiner-e

En Hispania, el estudio estima más de 40.000 km de vías, con Augusta Emerita (Mérida) como uno de los nudos principales. Los caminos que unían Tarraco (Tarragona) con Gades (Cádiz), o Caesaraugusta (Zaragoza) con Asturica Augusta (Astorga), siguen siendo, de algún modo, nuestras autopistas: la primera trazó la columna vertebral del actual eje mediterráneo (AP-7/A-7), y la segunda anticipó la N-122 y la A-231, el corredor que cruza la meseta norte hasta León.

El proyecto también permite comparar su trazado con mapas actuales o con herramientas como OmnesViae, el planificador de rutas romanas. “El sistema viario fue el andamiaje del Imperio”, explica el coautor Adam Pažout. “Por esas calzadas circulaban las legiones, los mensajeros, las leyes y las ideas que cohesionaron Roma. Sin ellas, no habría existido una Europa romana, ni probablemente una Europa moderna.” Dos mil años después, seguimos recorriendo las carreteras de Roma.

Imágenes | Itiner-e

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