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¿Puede tener Madrid coches de alquiler con conductor sin que algunos taxistas los quemen?

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Es preocupante que unos coches de la empresa de alquiler de coches con conductor Cabify sufrieran días atrás actos de vandalismo, que incluyen el incendio de un vehículo y el apedreamiento de otro, con el conductor dentro. Sucedió en Madrid, donde presuntamente algunos taxistas buscan impedir de cualquier forma que se rompa el monopolio del transporte de viajeros.

Lo grave no es ya sólo que dos personas tuvieran que verse agredidas en su puesto de trabajo. Los autores de los hechos ya han sido identificados por la policía y será la Justicia la que decida cómo se saldan estos episodios. Lo grave de verdad es que estos hechos pueden reproducirse en cualquier momento. Y lo más grave todavía es que esto puede volver a pasar porque aún hay quien se resiste a comprender que el futuro de la movilidad difícilmente podrá gestionarse con monopolios, porque estos son un mero anacronismo.

Cuando una persona, física o jurídica, apuesta por un determinado modelo de negocio, lo hace en función de unas expectativas de resultados. Y en función de esas expectativas, y de cuál sea su nivel de tolerancia al riesgo, invierte en mayor o menor medida. Durante años, el sector del taxi ha vivido un oasis que hizo a más de uno confundir las expectativas con la realidad futura. De ahí, que las licencias fueran pasto de la especulación, ante la inacción de la Administración más voraz. El negocio les devolvería a los taxistas, por arte de monopolio consentido, todo lo invertido y más allá.

Cabify Taxi Madrid

El problema está en que el escenario ha cambiado. Y seguirá cambiando. En Economía en general, y en el mundo de los negocios en particular, hay una máxima de oro: Nada es permanente, salvo el cambio. Por eso, confiar en la quema de vehículos o en la lapidación de trabajadores como medio para obtener un escenario estable no sólo es pueril, sino que demuestra una grave falta de conocimiento sobre los mecanismos básicos del escenario en el que nos movemos. Nada que se pueda permitir alguien que no sólo monta un negocio, sino que pretende vivir de él.

El futuro del transporte urbano se mueve hacia la diversidad, tanto en medios para la movilidad, con redes multimodales, como en segmentos de clientes, con una creciente profusión de nichos de mercado. Los taxis convencionales seguirán teniendo su función y su público, el que sepan trabajarse día a día, pero no pueden seguir aspirando a ser los únicos reyes de la concesión. Ni tienen los medios para llegar a cada segmento, ni tienen por qué desembolsar más dinero para entrar en el detalle de esa diversidad y ofrecer un servicio de calidad a quienes buscan algo diferente al taxi de siempre. Los sistemas alternativos al taxi no son ni mejores ni peores que el taxi. Son, sencillamente, productos diferentes que conllevan sus respectivas inversiones para poder funcionar.

Si el cliente elige sistemas alternativos para satisfacer su movilidad, como pueden ser los coches compartidos o las flotas de alquiler con conductor, por citar dos ejemplos absolutamente dispares tanto en esencia como en objetivo como en medios como en metodología, quien se oponga a esa corriente acabará con la paciencia del cliente. Que es, nuevamente, nada que se pueda permitir alguien que no sólo monta un negocio, sino que pretende vivir de él.

En Motorpasión | ¿Puede vivir Madrid con coches compartidos sin que el sector del taxi salga a protestar?

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