A medida que siguen subiendo los precios de los coches, las tasas de interés de los préstamos para automóviles y así como el coste del seguro y del mantenimiento, tener o comprar un coche se vuelve cada vez más difícil. Es la sensación en nuestro país y una realidad mucho más dura en Estados Unidos.
Hasta el punto de que el número de conductores con retrasos graves en el pago de sus cuotas alcanzó un nivel récord preocupante a principios de año, con lo que podría indicar problemas en la economía en general.
El coche nuevo se ha convertido en EEUU en un bien de lujo
La cuota mensual media por un coche nuevo alcanzó los 774 dólares en enero de 2026, frente a los 588 de enero de 2021. Más del 20% de los compradores asumen pagos superiores a 1.000 dólares al mes, un récord histórico. En EEUU, el tipo de interés medio de un préstamo a 60 meses ronda el 7,22%, y si se suman seguros, gasolina, averías y mantenimiento, el coste total de tener un coche ha subido más de un 40% desde 2020. El conflicto con Irán ha metido más presión aún al provocar una subida del precio de la gasolina.
Todo ello tiene consecuencias muy concretas: los impagos de préstamos de coche con más de 60 días de retraso han crecido casi un 28% en tres años; los embargos de vehículos van en aumento; y cada vez más conductores circulan sin seguro (un 15% en 2023, frente al 11% de 2019), lo que dispara las primas del resto de conductores.
Además, los impagos se disparan en los subprime. Un préstamo subprime, recordemos, es un crédito concedido a personas con un historial crediticio deficiente o con escasa capacidad de pago demostrada. Al representar un mayor riesgo para la entidad financiera, se concede en condiciones más desfavorables para el prestatario: tipos de interés más altos, comisiones más elevadas y plazos que pueden ser engañosamente largos para reducir la cuota mensual, pero que disparan el coste total. Por ejemplo, empiezan a verse créditos por un coche a 84 meses (siete años).
La alta tasa de impagos en préstamos subprime, atribuida a la combinación de pagos elevados por vehículos y al aumento general del coste de vida, no solo ha hecho que la gente pierda sus coches, sino que también podría costarle el empleo a algunos en un país donde el transporte público es casi inexistente, salvo en unas pocas grandes urbes.
A nivel económico, las ventas de coches cayeron en EEUU más de un 3% en febrero. Los aranceles de Trump sobre coches y piezas encarecen todavía más el precio de los coches, porque aunque sean 'Made in USA' sus piezas no lo son, y las marcas han ido suprimiendo los modelos de acceso, los más asequibles. El comprador tipo de coche nuevo es ahora, en un 43% de los casos, alguien con ingresos familiares superiores a 150.000 dólares anuales. Es decir, la clase media ya no compra un coche nuevo.
Así, lo más preocupante es lo que la situación de los préstamos para automóviles revela sobre el estado de toda la economía estadounidense. Nadie quiere dejar de pagar su coche y arriesgarse a que se lo embarguen, pero si una familia no tiene suficiente dinero para cubrir todas las facturas, el préstamo del coche suele ser una de las primeras cosas que dejan de pagar, con la esperanza de que quede suficiente dinero para pagar la comida y el alquiler.
El resultado es una brecha social cada vez más evidente: el automóvil, históricamente un bien de primera necesidad en un país construido sobre el coche, se está convirtiendo en un artículo de lujo para quienes no se lo pueden permitir.
Imágenes | Chevrolet, Frontier Toyota
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