Gladsaxe, a las afueras de Copenhague, lleva tiempo sustituyendo parte de su alumbrado público blanco por iluminación LED roja, como en el transitado tramo de 700 m de la avenida Frederiksborgvej y la autopista ciclista Farum. La medida busca reducir la alteración que provoca la luz artificial en la fauna nocturna sin comprometer los niveles de visibilidad que exige la normativa.
No es una moda estética, ni tampoco tiene nada que ver con el biohacking que populariza el futbolista del Atlético de Madrid Marcos Llorente, conocido por usar gafas rojas para bloquear la luz azul y proteger su ritmo circadiano favoreciendo la producción de melatonina y mejorar su descanso. En este caso, el color rojo busca reducir el impacto de la iluminación artificial sobre los murciélagos y otras especies nocturnas. Y funciona.
Iluminar una ciudad también es intervenir en su ecosistema
La actuación forma parte del programa europeo Lighting Metropolis, que hace años utiliza el área de Copenhague como laboratorio urbano para desarrollar infraestructuras más sostenibles y alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas.
Esta última instalación, diseñada por la firma danesa Light Bureau, combina 30 balizas de un metro de altura colocadas cada 30 metros que proyectan luz roja y dejan entre ellas corredores de oscuridad total. Estos espacios permiten que los murciélagos crucen sin exposición directa a la luz. En los puntos de cruce con la calzada se añadieron postes de 3,5 metros para reforzar la percepción visual de ciclistas y peatones, cumpliendo los niveles de iluminancia exigidos.
La base científica es clara. Diversos estudios citados por la Dirección Danesa de Carreteras señalan que la luz blanca y azul altera la actividad de especies nocturnas, en especial murciélagos como el común o el orejudo pardo presentes en la zona. La luz roja, con mayor longitud de onda, reduce esa interferencia y permite mantener sus rutas de alimentación y desplazamiento.
Gladsaxe es uno de los ejemplos más interesantes de este tipo de acciones, aunque no es el único. En Países Bajos se han instalado farolas rojas en corredores ecológicos y zonas de dunas, y en el Reino Unido también se han realizado pruebas en entornos naturales sensibles. Alemania también ha aplicado sistemas de iluminación adaptativa con tonos cálidos en parques y bordes urbanos.
Y más allá de Europa, en Florida (EEUU), municipios costeros emplean iluminación roja o ámbar en playas durante la anidación de tortugas marinas para evitar que las crías se desorienten.
Además de girar en torno a la biodiversidad, este tipo de acciones también afectan a la salud y a la eficiencia energética. La reducción de luz azul favorece los ciclos circadianos y las luminarias LED permiten ajustar intensidad y horarios según el uso real de la vía.
El Ayuntamiento de Gladsaxe acompañó la implantación con campañas informativas en medios locales y redes sociales para explicar a los vecinos que, aunque la percepción visual cambia, los niveles técnicos de seguridad exigidos por la normativa danesa se mantienen. Una intervención puntual que adapta la iluminación al entorno sin comprometer la seguridad vial y que pronto podría ser ejemplo para otras ciudades europeas.
Imágenes | Ayuntamiento de Gladsaxe
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