Siempre me ha fascinado esta autocaravana de los 80: era fea, carísima y estaba diseñada como si fuera una cabina de avión sobre ruedas

Se hicieron menos de cien unidades, con tecnología avanzadísima, diseño extremo y un nivel de lujo inédito

Emc Starfire
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Irene Mendoza

A finales de los años 80, cuando las autocaravanas Clase A (las más grandes y lujosas del mercado) seguían apostando por soluciones bastante conservadoras, una marca estadounidense decidió romper todas las reglas. La EMC Starfire no quería parecer moderna: quería serlo, aunque para ello tuviera que romper con los códigos de diseño de la época y poner a prueba el bolsillo de sus clientes.

Nació así una autocaravana tan avanzada como polémica. Fea para muchos, fascinante para otros, solo estuvo en producción tres años y se hicieron muy pocas unidades. Hoy es en una pieza de culto que demuestra que innovar no siempre significa triunfar.

Una autocaravana que nació para no parecerse a ninguna otra

El proyecto fue obra de ElDorado Motor Corporation (EMC), una empresa con experiencia en autobuses y campers convencionales que decidió apostar todo a una sola carta. La Starfire fue su buque insignia: una Clase A concebida como escaparate tecnológico, con desarrollo propio y asesoramiento técnico de Ford Motor Company.

Su diseño era imposible de ignorar. Ese morro larguísimo, que le valió apodos como “oso hormiguero”, además de ser una excentricidad escondía generador, baterías y parte de la ingeniería que explicaba su sorprendente comportamiento dinámico. EMC quería que se condujera más como un turismo que como una autocaravana convencional, y lo logró.

Construcción monocasco y soluciones propias de la aviación

La clave estaba en su estructura. La Starfire utilizaba una carrocería y un suelo de fibra de vidrio de una sola pieza, unidos como un casco de barco invertido. EMC lo llamó “Monoframe”, una solución pensada para eliminar crujidos, filtraciones y deformaciones, algo casi revolucionario en las Clase A de la época. A eso se sumaban suspensión neumática y un eje trasero adicional para ganar estabilidad.

Parte A

Por dentro era puro exceso ochentero e innovación, con un puesto de conducción y soluciones interiores más propias de una cabina de avión que de una autocaravana de la época. Incorporaba cámara trasera con pantalla, sistema de audio modular Fujitsu con reproductor de CD, aspiración centralizada, máquina de hielo y doble aire acondicionado de serie. Elementos que hoy nos parecen normales, pero que entonces no existían siquiera en muchos coches de alta gama.

Distribuciones pensadas para un público muy concreto

Había varias configuraciones interiores, desde versiones para dos o cuatro personas hasta otras adaptadas como limusinas u oficinas móviles para flotas de Las Vegas. Cocinas completas, baños amplios, armarios tipo avión y muebles con persianas enrollables reforzaban la sensación de estar ante algo más cercano a un jet privado sobre ruedas que a una autocaravana convencional.

The Emc Starfire Was Pure 80s Excess Ugly But Also A Pioneer For Luxury Class A Rvs 4

El problema fue el precio. Costaba entre 80.000 y más de 100.000 dólares de la época, cifras que hoy superarían con holgura los 250.000 euros. Para el comprador medio de una Clase A, sencillamente, era inalcanzable. Así, las ventas fueron mínimas, la producción se detuvo y EMC acabó en bancarrota a finales de los 80.

Se estima que se fabricaron menos de un centenar de unidades, lo que explica que hoy cada aparición de una EMC Starfire en subastas genere mucha expectación, sobre todo en EEUU. Algunas se han vendido por cifras relativamente modestas, otras se han quedado en proyectos inacabados, pero todas comparten ese mismo aura de rareza absoluta.

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