Cuando el mar decide que no vas a comprarte ese coche japonés que tanto quieres: el día que un cargamento entero llegó a Vladivostok congelado por dentro y por fuera

Una tormenta invernal en el mar del Japón encapsuló coches nuevos y usados en una capa de hielo salado de hasta 15 cm, dentro y fuera

Sun Rio Coche Congelado Vladivostok
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Irene Mendoza

En diciembre de 2021, el ro-ro ‘Sun Rio’ atracó en el puerto ruso de Vladivostok con una estampa difícil de olvidar: cientos de coches japoneses usados y nuevos, completamente encapsulados en hielo. No era escarcha superficial, era una costra sólida, compacta, fruto de una tormenta invernal extrema en el mar del Japón que convirtió un viaje que iba a ser rutinario en una pesadilla logística.

El fenómeno tiene nombre y no es raro en esas latitudes: “glaseado marino”. Con temperaturas por debajo de -15 ºC y vientos fuertes, el agua de mar que rompe contra la cubierta se atomiza, se adhiere como una película y se congela al instante. Capa a capa, el hielo fue creciendo hasta cubrir carrocerías, bajos, pasos de rueda… y, en los peores casos, también el interior de los coches cuando algunas lunas cedieron.

Un peligro real para el barco, y no solo para los coches

Más allá del impacto visual que dejaron las imágenes entonces, el problema era serio. El hielo añade toneladas de peso en zonas altas del buque, elevando el centro de gravedad y aumentando el riesgo de escora o incluso de vuelco. Según explicó el capitán Pyotr Osichansky al medio ruso VL, no era la primera vez que ocurría algo así, pero sí uno de los episodios más intensos que recordaban por la fuerza del viento aquel invierno.

El Sun Rio, construido en Japón en 1991, era un ro-ro relativamente pequeño y con parte de la carga en cubierta abierta, expuesta directamente al oleaje. En rutas como aquella de Vladivostok-Busan-Toyama, habituales para alimentar el mercado de coches japoneses en el extremo oriental de Rusia, ese riesgo se asume… hasta que la naturaleza aprieta.

Romper el hielo a martillazos para descongelar los coches

Cuando el barco llegó a puerto, descargar fue una operación titánica. No se podía esperar a que el hielo se derritiese: hacía demasiado frío. Los equipos recurrieron a productos químicos descongelantes, mangueras contraincendios y palancas de hierro para liberar los vehículos uno a uno. Algunos salieron relativamente enteros; otros no tuvieron tanta suerte.

Sun Rio Coche Congelado Vladivostok 2

Como el agua era salada, la corrosión acelerada en pintura, tornillería, anclajes, frenos y bajos complicó el asunto. Incluso en coches que no mostraban daños evidentes, el riesgo a medio y largo plazo era alto. En Vladivostok, donde existe un mercado muy activo de importación de JDM (el famoso “Green Corner”), los propios vendedores asumen que parte de esa mercancía llega “tocada” y ajustan precios en consecuencia.

No hubo un balance oficial de pérdidas, pero ya en el puerto de Vladivostok se dio por hecho que una parte del cargamento estaba perdida. Los coches con lunas rotas y el interior congelado quedaron descartados para la venta convencional: electrónica dañada, cableados quebradizos y corrosión temprana en zonas críticas. 

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Algunos terminaron en desguaces o vendidos por piezas; otros llegaron al mercado con fuertes descuentos tras limpiezas profundas y tratamientos anticorrosión intensivos, un sobrecoste que asumieron compradores y distribuidores.

El caso del ‘Sun Rio’ fue un aviso. Un año después, el incendio del ‘Felicity Ace’, con miles de coches del Grupo Volkswagen a bordo, dejó claro que el transporte marítimo de vehículos concentra riesgos industriales y económicos enormes. En Vladivostok no hubo un naufragio ni superdeportivos calcinados, pero sí quedó claro que una sola travesía puede convertir cientos de coches listos para vender en chatarra. Basta con hielo, sal y unas horas de mar desatado.

Imágenes | SCMP Clips, Siberian Times

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