Parece un Mini camper, porque lo es: en esta diminuta autocaravana de los años 60, más pequeña que un Smart, cabía una familia entera

Con poco más de 3,3 metros de largo, el Mini Wildgoose ofrecía espacio para hasta cuatro personas

Mini Van Camper
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Irene Mendoza

A principios de los años 60 en el Reino Unido, alguien decidió que el Mini Van (un pequeño vehículo comercial derivado del Mini original) podía servir para algo más que repartir mercancía: podía convertirse en una autocaravana funcional. De esa idea nació el Mini Wildgoose, una conversión compacta y muy bien resuelta que trasladaba la forma de viajar de la época a un vehículo pequeño, coqueto y muy curioso.

Fabricado entre 1963 y 1968 en series muy limitadas, este mini-abuelo de las autocaravanas modernas estaba pensado para conducir sin prisas, gastar poco y llegar muy lejos. Según la documentación de la época, era la respuesta práctica “a una generación de parejas jubiladas que querían recorrer Europa sin renunciar a la autonomía” ni al confort básico.

El Mini Wildgoose: una autocaravana pensada para viajar despacio y con lo justo

El Wildgoose partía del Mini Van de serie, del que aprovechaba su planteamiento mecánico y su buen uso del espacio. A partir de ahí, se sustituía la parte trasera por una célula camper diseñada para concentrar cama, cocina y almacenaje en el mínimo espacio posible.

Con unos 3,3 m de largo, en sus primeras versiones, incorporaba soluciones de ampliación poco comunes incluso hoy: techo elevable tipo Westfalia o, en la versión más avanzada, una carrocería telescópica de elevación vertical con paneles abatibles que además estaban acristalados.

Cuando el Wildgoose estaba cerrado, seguía siendo poco más grande que un turismo urbano. Con el techo extendido, permitía estar de pie y desplegar una pequeña vivienda móvil con dinette de cuatro plazas, cocina de dos fuegos, fregadero, armarios, cortinas y varias camas. 

Mini Motor

En función de la versión, podía dormir una pareja o incluso dos adultos y dos niños, algo impensable para un vehículo de este tamaño en los años 60. 

Todo lo necesario para viajar, concentrado en muy pocos metros

Bajo el capó montaba el conocido motor A-Series de cuatro cilindros, con 848 cm³ y 34 CV, colocado en posición delantera transversal. Obviamente, no estaba pensado para correr y aun así su velocidad máxima rondaba los 110 km/h. 

Mini Van Camper Interior

El interior era tan austero como funcional: dos depósitos de agua de unos 7,5 litros, mesa abatible, armario, compartimentos de almacenamiento y mobiliario en contrachapado marino barnizado componían un espacio más pequeño que el de muchos monovolúmenes actuales, pero extraordinariamente bien aprovechado. Cada centímetro tenía un propósito.

Mini Camper Lateral

Detrás del proyecto estaba el ingeniero Ted Bennett, fundador de Wildgoose, que supo leer muy bien el contexto de la posguerra británica: viajar más, gastar menos y hacerlo con soluciones ingeniosas antes que con lujo. No es casual que la versión más avanzada se anunciara específicamente para parejas jubiladas que buscaban una vida nómada tranquila y asequible.

Mini Camper Trasera

Pero no todo era perfecto. Las pruebas de la época señalaban una estabilidad justa a alta velocidad, frenos exigidos por el peso extra y un comportamiento que obligaba a conducir con calma y mucha anticipación. Se estima que se fabricaron unas 60 unidades los cinco años que estuvo en producción, y apenas sobreviven unas pocas. Hoy, el Mini Wildgoose es una pieza de coleccionista muy buscada por su rareza, por su estética tan cool y por su filosofía minimalista.

Imágenes | BMW Group

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