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Range Rover Sport TDV8, prueba (parte 2)

Range Rover Sport TDV8, prueba (parte 2)
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Después del breve repaso del exterior e interior del Range Rover Sport, llegaba el momento de ponerlo en marcha y ver cómo se comporta. Hace algunos años, probé un Range Rover normal con el motor TDV6, el cual me defraudó en todos los aspectos.

El motor diesel pequeño, de 2.720 centímetros cúbicos de cilindrada en arquitectura V6 rendía sólo 190 CV y como os podéis imaginar esta potencia se quedaba muy escasa para mover un coche de este tamaño con agilidad. Además recuerdo perfectamente que hacía mucho ruido y éste se colaba en el habitáculo, tirando por tierra todo el ambiente confortable que había en el interior hasta que se ponía en marcha el motor.

Cuando giré la llave del Range Rover Sport TDV8, inmediatamente me di cuenta de que pronto me iba a olvidar de esos malos recuerdos que tenía del TDV6. El nuevo motor es mucho más silencioso, incluso cuando está frío. Además ahora la versión 2009 incorpora ventanillas con cristales acústicos laminados que mejoran el aislamiento del habitáculo.

Los primeros kilómetros con el TDV8 los hice por ciudad. El motor responde bien a las insinuaciones del acelerador, demostrando que dispone de bastante par incluso en la zona baja del tacómetro.

Esto, unido al cambio automático de seis marchas, hacen de el un coche muy cómodo para moverse por ciudad, pero hay que medirse mucho porque los 4,8 metros de largo y los casi 2,2 metros de ancho (con espejos) no lo posicionan como un coche para callejear por zonas muy estrechas o zigzaguear entre el tráfico del centro.

El motor V8 entrega 272 CV de potencia, y la cifra de par se sitúa en 640 Nm de par a solo 2.000 revoluciones, de forma que la sensación de aceleración hace que la cifra oficial de aceleración de 0 a 100 kilómetros por hora en 9,2 segundos parezca errónea.

Los sensores de aparcamiento traseros son afortunadamente de serie en esta versión SE, y los delanteros lo son en la siguiente versión HSE. Sin ellos las labores de aparcamiento se convertirían casi en una misión imposible en algunos huecos, a pesar de que la enorme superficie acristalada del coche le dan muy buena visibilidad.

Rodando por ciudad los consumos se situaron durante toda la prueba en torno a los 14 litros a los 100, incluso con ritmo alegre. No me pareció una cifra alta, teniendo en cuenta que tenemos 272 caballos bajo el pie derecho y que el motor TDV6 anuncia el mismo consumo combinado que este TDV8.

En carretera

El Range Rover Sport fue concebido por Land Rover como la versión más prestacional de la gama Range Rover. Su carrocería más baja y compacta que la del Range normal y un chasis puesto a punto para ofrecer buenas sensaciones en carretera son sus principales argumentos a priori, así que dejamos atrás la ciudad para emprender rumbo por autopista y autovía.

Al igual que ocurre en ciudad, en carretera abierta el motor TDV8 se mostró en todo momento muy lleno, con mucho par en toda la banda de revoluciones. Además, y a pesar de ser un motor con doble turbocompresor, la curva de par es muy plana, y aunque estires el motor con el pie derecho pisado a fondo, no se perciben grandes variaciones en la entrega de fuerza.

Las prestaciones son buenas, y las sensaciones al volante como ya hemos comentado no se ajustan con las cifras de prestaciones oficiales que se anuncian.

Durante los primeros kilómetros por autopista, llevamos tráfico casi siempre delante, conductores de esos que parecen estar abonados al carril izquierdo aunque vayan a 90 kilómetros por hora.

Lo bueno es que cada vez que uno de estos se apartaba, el Range respondía muy bien. Con un pisotón a fondo al acelerador, la caja de cambios ZF de seis velocidades reducía una marcha y el motor se encargaba de entregar todo el par que tiene escondido para ponernos en un abrir y cerrar de ojos a un ritmo más lógico. Las recuperaciones son de primer nivel.

Continuará...

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