En pleno auge de la electrificación, la digitalización y la conectividad, la firma americana Hennessey lanza un superdeportivo que se centra en conectar al conductor con el coche y la carretera.
Se llama Hennessey Blackbird, se inspira en el legendario avión Blackbird y tendrá una producción limitada a 71 unidades.
Tiene lo que todo amante de los coches busca en un coche deportivo
A lo largo de los últimos años, las cifras de potencia y las prestaciones de los coches han alcanzado récords que rozan lo absurdo, y ha sido gracias a la electrificación.
Se ha normalizado que hablemos de berlinas de 1.500 CV que aceleran de 0 a 100 km/h en 2 segundos, de hypercars con más de 3.000 CV que rozan los 500 km/h y de SUV eléctricos de más de 1.000 CV que superan con creces las 2 toneladas, pero son más rápidos que cualquier superdeportivo.
Cualquier mejora de prestaciones siempre es bienvenida en el mundo del motor, pero cada vez hay más personas que piensan que a estos coches les falta algo: alma.
No todo se reduce a acelerar de 0 a 100 km/h más rápido: muchos conductores prefieren las sensaciones a las prestaciones, y eso es algo que cada vez cuesta encontrar más en el mercado actual de coches nuevos.
Los fabricantes empiezan a ser conscientes de ello, por eso están lanzando modelos que priorizan las sensaciones y la conducción sobre cualquier otra cosa, incluso si son eléctricos.
Sirve como ejemplo el Porsche 911 GT3 S/C con cambio manual que probó hace unas semanas mi compañero Héctor Ares. También el nuevo Ferrari 12Cilindri Manuale, que permite “emular” la experiencia de conducir un V12 con cambio manual. Incluso el Hyundai IONIQ 5 N eléctrico que probó mi compañero Daniel Murias, con sonido de motor de combustión y cambio de marchas simulados. Pero la marca estadounidense Hennessey ha ido más allá y directamente ha lanzado un superdeportivo que parece de los años 90.
Se trata del Hennessey Blackbird y no parece un coche de hace tres décadas por su diseño, sino por todo lo demás. Estéticamente es plenamente actual, de hecho, tiene un aspecto más moderno que el Hennessey Venom F5.
Según dice Hennessey, se han inspirado en el mítico avión Lockheed SR-71 Blackbird (de ahí su nombre) para darle forma, de hecho, el alerón trasero tiene una forma muy particular porque la aerodinámica, que es activa, se basa en la del avión de reconocimiento americano.
Pero lo más llamativo está debajo de ese espectacular traje inspirado en el Blackbird. Hennessey ha hecho un coche completamente analógico con el objetivo de ofrecer algo distinto en este segmento: “Es una auténtica alternativa a los hipercoches modernos cada vez más complejos, digitalizados e hibridados”, dice la marca.
Hennessey explica que este modelo, el tercer coche de su historia, ofrece algo diferente a los Venom GT y Venom F5: en lugar de buscar los límites a nivel de potencia o en el apartado de las prestaciones, se centra en “la conexión entre el conductor, la máquina y la carretera”.
Por eso recurre a un motor V8 atmosférico de gasolina sin electrificar, tiene un cambio manual de seis marchas, tracción trasera, mucho carbono para pesar poco y un interior sin pantallas. Sí, en pleno 2026 se ha lanzado un coche con estas características, es decir, completamente analógico.
El motor V8 tiene 6.2 litros y está desarrollado por el especialista Ilmor Engineering. De momento, no se ha desvelado su cifra de potencia exacta, pero Hennessey asegura que desarrolla entre 800 y 850 CV a más de 9.000 rpm.
Como el coche pesa 1.360 kg (para que te hagas una idea, el Alpine A290 pesa 1.554 kg y el BMW M5 de 727 CV pesa 2.510 kg), las prestaciones son brutales, sin llegar a los límites de los coches eléctricos más rápidos. Hennessey indica que acelera de 0 a 100 km/h en 2,5 segundos y que alcanza los 354 km/h.
Por dentro, tiene botones físicos de los de toda la vida y no hay pantalla, de hecho, ni siquiera tiene cuadro digital y es uno de los poquísimos coches nuevos que quedan con relojes analógicos convencionales. Lo que sí tiene es espacio para llevar el equipaje de los dos ocupantes y cuatro posavasos, al fin y al cabo, es un coche americano y los posavasos son imprescindibles. También incluye de serie el clásico sombrero Stetson texano.
Eso sí, cuenta con conectividad para poder utilizar la navegación, Apple CarPlay y Android auto a través de un teléfono móvil, aunque Hennessey aclara que el móvil se deja en una funda durante la conducción para que no haya ninguna pantalla a la vista.
Se fabricarán 71 unidades en las instalaciones de Hennessey de Texas, EEUU, y cada ejemplar cuesta 2,5 millones de dólares antes de impuestos. Las entregas están previstas para 2029 o 2030 y más de dos tercios de la producción ya tienen dueño, a pesar de que todavía no se ha presentado oficialmente: debutará en público el próximo 14 de agosto en la Monterey Car Week de California.
Imágenes | Hennessey
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