Sólo en EEUU, cada día mueren más de 100 personas en carretera, y detrás de muchas de esas muertes hay un factor clave: el exceso de confianza al volante. La mayoría de conductores está convencida de que conduce mejor que la media, aunque eso sea estadísticamente imposible… y además de una cuestión de actitud, es psicología.
En carretera, ese exceso de confianza suele traducirse en exceso de velocidad, otro de los principales factores detrás de la mayoría de accidentes, también en España. ¿Por qué? Porque cuando creemos que tenemos el control, asumimos más riesgos sin darnos cuenta.
Estudios recientes recogidos por la Federal Highway Administration (FHWA) confirman que el exceso de confianza y el sesgo de optimismo distorsionan nuestra percepción, especialmente cuando circulamos rápido. Y hay un detalle clave que muchas veces pasamos por alto: el propio diseño de la carretera también influye en cómo percibimos el riesgo… y en lo que hacemos al volante.
No es intuición: es el efecto Dunning-Kruger actuando mientras conduces
Los estudios de la FHWA dicen que el 30 % de las muertes en carretera en los EEUU están relacionadas con el exceso de velocidad y, aun así, el 70 % de los conductores cree que conduce mejor que la media. El fenómeno tiene nombre: efecto Dunning-Kruger. Este describe cómo las personas con menos habilidad tienden a sobreestimar su capacidad, mientras que quienes realmente saben suelen ser más cautos.
Esto es algo que, relacionado con la conducción, ocurre constantemente. Como explica el psicólogo Ola Svenson, la mayoría de conductores mantiene esa percepción “porque rara vez recibe una evaluación real de su conducción”. En este sentido, la divulgadora Candela Antón opina que “los incompetentes carecen de la capacidad necesaria para reconocer su propia incompetencia”.
Es decir, no sólo cometemos errores, es que muchas veces ni siquiera somos conscientes de ellos. A esto se suma el sesgo de optimismo: pensamos que los accidentes sólo les pasa a los demás. Esa sensación reduce la percepción del peligro y hace que asumamos más riesgos sin darnos cuenta.
Las carreteras no son neutras: están diseñadas para influir en tu cerebro
Otro factor clave a tener en cuenta es el entorno, ya que no conducimos sólo con los ojos, sino con la interpretación que hace nuestro cerebro de lo que vemos. Según la FHWA, las carreteras anchas, rectas y con buena visibilidad transmiten demasiada seguridad: reducen la sensación de velocidad y hacen que aceleremos sin percibir más riesgo. Así, cuando el entorno parece “fácil”, el conductor se relaja… y corre más.
Por eso la ingeniería vial moderna ha cambiado el enfoque y, más allá de limitar la velocidad con señales, busca influir en cómo la percibimos. Carriles más estrechos, líneas más gruesas, cambios en el pavimento o curvas más marcadas generan una sensación de menor espacio o mayor complejidad. Y cuando el cerebro detecta eso, reacciona de forma instintiva: reduce la velocidad.
Este planteamiento forma parte de la estrategia de seguridad vial Safe System Approach, que ya se está implementando en EEUU y asume algo básico: las personas cometen errores y el sistema debe estar preparado para minimizar las consecuencias. Si muchas veces no aceleramos porque queramos, “sino porque sentimos que podemos hacerlo”, cuando algo cambia, levantamos el pie. Ahí es donde la carretera empieza a trabajar por nosotros.
Imágenes | Unsplash, CityNerd
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