Malasia pintó sus carreteras con pintura que brilla en la oscuridad: les ha salido tan cara que han dado marcha atrás

Para mejorar la visibilidad en zonas sin alumbrado público, Malasia probó un sistema piloto: pintar las líneas de la carretera con pintura fotoluminiscente

Carretera Brillante Malasia
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Daniel Murias

Cae la noche sobre Hulu Langat, en Malasia. En medio de la oscuridad, la carretera se ilumina como si fuera una escena de ‘Tron’. Las líneas de la calzada brillan con intensidad en la noche creando un efecto visual digno de un juego de arcade de los años 90. 

Este tramo de asfalto de 245 metros se ilumina con pintura fotoluminiscente y guía a los conductores sin necesidad de farolas. Las primeras impresiones de los automovilistas son entusiastas: en estos tramos normalmente mal iluminados, la visibilidad mejora notablemente. Sin embargo, no contaban con un pequeño problema, el presupuesto. 

Una muy buena idea, pero muy cara

Hay ideas que, sobre el papel, parecen sacadas directamente del futuro. La de Malasia era una de ellas. Y si las propias carreteras pudieran iluminarse solas por la noche, sin necesidad de farolas. Esto podría ahorrar al estado una enorme factura de electricidad y de mantenimiento de miles de farolas.

Eso pensó el gobierno malayo en noviembre de 2023, cuando puso en marcha un proyecto piloto en el distrito de Hulu Langat. La iniciativa consistía en aplicar pintura fotoluminiscente sobre las marcas viales de un tramo de apenas 245 metros, en una intersección que, hasta entonces, carecía de alumbrado público. El resultado fue llamativo y prometedor: las líneas no solo eran más visibles que las blancas convencionales, sino que también superaban a los clásicos captafaros reflectantes.

Carretera Brillante Malasia 02

La pintura brilla durante hasta diez horas seguidas y, en caso de lluvia intensa, sigue emitiendo ese resplandor que ayuda a los conductores a mantenerse dentro de su carril. Para zonas rurales sin infraestructura eléctrica, parece una solución ideal, cada tramo señalizado de esta forma puede marcar la diferencia entre llegar a casa o no.

La acogida entre los conductores fue muy buena, y otros estados del país comenzaron a plantear sus propios ensayos. En un momento dado, se habían identificado hasta 31 carreteras candidatas a recibir este tipo de tratamiento. El proyecto parecía destinado a expandirse. Pero entonces alguien sacó una calculadora.

La pintura convencional costaba unos 40 ringgits por metro cuadrado, alrededor de 8,65 euros, mientras que la fotoluminiscente se dispara hasta los 749 ringgits, más de 160 euros. Es decir, cerca de veces más cara. Para hacerse una idea del impacto real: iluminar ese tramo de 245 metros con la pintura especial habría costado alrededor de 283.000 euros, frente a los poco más de 15.000 euros que habría supuesto la opción tradicional.

Con esos números encima de la mesa, el entusiasmo se evaporó rápidamente. El viceministro de Obras, Ahmad Maslan, fue claro ante el Parlamento: "El coste es demasiado alto, por lo que probablemente no continuaremos con los carriles que brillan en la oscuridad." Añadió, además, que el proyecto no había cumplido las expectativas de los expertos del ministerio.

La noticia no tardó en despertar suspicacias en medios locales. Si el coste era tan prohibitivo, ¿no lo sabían antes de empezar? ¿Quién se benefició del contrato inicial? Preguntas incómodas que quedaron flotando en el aire.

Por ahora, las carreteras de Malasia seguirán dependiendo de soluciones más humildes. Menos fotogénicas, desde luego, pero mucho más baratas.

Imágenes | Alexander Nanta Linggi, Bernama (Azlim Mansor)

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