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La huelga de examinadores de DGT es sólo la puntita de un profundo iceberg
Seguridad

La huelga de examinadores de DGT es sólo la puntita de un profundo iceberg

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Días atrás, mientras impartía un monográfico de Seguridad Vial a unos conductores sénior que se preparaban para el CAP (el Certificado de Aptitud Profesional del transporte que hace años que se impuso para intentar paliar el efecto cheque en blanco en los permisos de conducir profesionales), uno de los asistentes me preguntó si no volvería a las clases prácticas en autoescuelas.

Lo cierto es que tengo las puertas abiertas para reingresar cuando me apetezca, pero también es cierto que no me apetece mucho. En abstracto sí, pero llevado a la realidad es mucho trabajo despreciado y demasiadas explicaciones que hay que dar no a los alumnos, sino a la recua de cuñaos que comparan tu labor con la del pisapedales que les tocó en gracia allá por el Pleistoceno. Pero menos me apetece aún si veo como telón de fondo a mis ex-compañeros, que hoy ya no sólo lidian con todo el berenjenal diario que supone la formación vial en España, sino que a todo lo demás se le ha añadido ahora un problema mayor: la huelga de examinadores de DGT.

Una regresión momentánea, antes de seguir

Mientras ejercí, sólo tuve un problema real con un alumno, del que aún hoy pienso que tenía una enfermedad mental —más que nada porque sus maneras me recordaban a las de una persona muy querida, hoy ya fallecida, que estaba enferma y cuando no se tomaba la medicación podía llegar a presentar unos síntomas algo parecidos, sólo que en el caso de aquel mozo la cosa estaba ya un poco desmadrada; bueno... bastante desmadrada, de hecho.

Hannibal Lecter Anthony Hopkins Nunca llegó a morderme, pero su mirada era igual de inquietante

Después de muchas trifulcas aderezadas con una agresividad latente realmente estresante, después de ver sus actitudes de amedrantamiento hacia el personal administrativo de la autoescuela, después de oírle quejarse en todas y cada una de las ocasiones, después de verle romper una pared a patadas por haber suspendido, después de haber escuchado sus amenazas como quien oye llover, porque para algo me crié en un barrio algo conflictivo y llega un momento que esas garruladas ya no me dicen ni fu ni fa, logré que uno de los varios examinadores que tuvo entendiera el problema que vivíamos dentro de aquel coche y me diera una solución: si el chaval se volvía a presentar a examen, lo examinaría el responsable de zona, y si las actitudes que se le veían al muchacho incluían animaladas como la de ir a atropellar a un peatón —motivo de su último suspenso, previa intervención correcta por mi parte— aquel alumno sería propuesto para examen médico a fondo, antes de poder volver a presentarse a un puñetero examen de conducción. Me pregunto por qué demonios un examen no-a-fondo, sino el normal y corriente, había resultado insuficiente para detectar aquella conducta tan aberrante. Bueno, lo peor es que ni me lo pregunto: lo doy por hecho.

El muchacho no se volvió a presentar. Felizmente. Tampoco pidió su expediente para ir a amenazar a otra autoescuela. Más felizmente todavía. Lo que no quieras para ti, no lo quieras para los demás.

Autoescuela Huelga Examinadores Dgt

A partir de 2009, coincidiendo con la publicación del Reglamento General de Conductores que tenemos ahora, la resolución de este tipo de situaciones comenzó a cambiar. Poco a poco se introdujo una novedad que nos había sido anunciada en 2007 y que implicaba que, a la práctica, serían los examinadores quienes darían al aspirante el resultado de su examen, comentando los errores apreciados y sugiriendo mejoras para el futuro. La idea era prescindir de la comunicación mediada por el profesor y hacer más fluida la relación entre el examinador y el aspirante, evitando así que el profesor explicara el examen de forma inexacta o hasta tergiversada. Y no era una mala idea, pero tenía una serie de consecuencias que alguien no debió de prever en su despacho.

Hace unos años que los examinadores están viendo la cara oscura de algunos alumnos, y en consecuencia están viendo el lado feo de su profesión. Tuvieron una larga época en la que más de uno de ellos se sentía como el rey del mambo, aunque es justo reconocer que no en todos los casos esto era así, pero ya se sabe que en esta vida los pagos de los pecadores van a medias con los de los justos. Y en ese ir de reyes del mambo, las reacciones del alumno tras el examen se la traían poco menos que al fresco. Bueno, y durante el examen también: ya se las apañaría el profesor para intervenir con poderes sobrenaturales y salvar al mundo de la quema en el momento en el que el alumno decidiera entrar a toda leche en una rotonda... circulando en sentido contrario, o sea, a la inglesa. Hola, señor camión que viene de frente; ¿cómo va todo? Un momento, que freno a este individuo y luego me corto las venas a bocaos, cuando este querido alumno mío al que apenas veo en clases prácticas me espete que por qué le paro si él ya iba a frenar.

La 'conducción segura y eficaz' es el ideal de conducción, y también el mantra con el que salpican las administraciones cada vez que se habla de una formación de calidad, sin poner unos medios coherentes para conseguirla.

Ahora, los examinadores están viendo más que nunca las consecuencias de que los alumnos se conviertan en aspirantes —esto es, vayan a examen— no cuando su profesor ve que está más o menos preparado sino cuando se lo dice su padre, su madre, su tutor legal o su cuñao, que de esto sabe un montón. Ahora, los examinadores están viendo las consecuencias de que no exista una mínima regulación para garantizar que el alumno, antes de convertirse en aspirante, recibe una formación de calidad. Y, por supuesto, ahora los examinadores están viendo las consecuencias de que existan unas determinadas autoescuelas que siguen trabajando a la antigua usanza con pisapedales del Pleistoceno, no enseñando más que a pagar clases en vez de enseñar a conducir de forma segura y eficaz. Nota para el neófito: la conducción segura y eficaz es el ideal de conducción, y también el mantra con el que salpican las administraciones cada vez que se habla de una formación de calidad, sin poner unos medios coherentes para conseguirla.

¿Por qué protestan los examinadores de DGT? Sobre todo, ¿por qué protestan ahora y antes no?

Iceberg Iceberg, como símbolo del problema escondido:
la falta de una formación vial seria, reglada y de calidad

Por el momento, los examinadores de DGT están realizando huelgas parciales que presentan un problema evidente a los alumnos que quieren y/o necesitan acudir a examen, en muchas ocasiones porque necesitan conducir para acceder a un determinado puesto de trabajo, y que en muchas zonas se suma a la falta de examinadores que durante años ha impedido trazar unos calendarios de exámenes adecuados a la demanda. Con una plantilla de unos 700 funcionarios en toda España, los examinadores se quejan de la inacción de DGT ante sus protestas, que van en dos direcciones:

  1. Mejoras salariales en tiempos de recortes. Su sueldo bruto anual está entre los 20.000 y los 23.000 euros (de media, unos 1.300 euros netos al mes, calculado con 14 pagas).
  2. Reivindicación de un nuevo cambio de metodología en la forma de entregar el resultado al aspirante al permiso de conducción.

De estas dos, la que más escuece es la segunda. ¿Por qué? Porque lo que illo tempore fue para mí un caso que puedo explicar cual historia del abuelo Cebolleta, se ha convertido hoy en un estándar. Y hay ya varios casos de examinadores que han sido amenazados de mil maneras, por el mero hecho de decirle a un aspirante al permiso de conducción que no es merecedor de ese permiso. O sea, por ejercer como examinadores. Durante 2014 se denunciaron ocho casos de agresiones físicas. En lo que llevamos de 2015, van 15 agresiones físicas denunciadas. Es decir, que la tendencia es a duplicar. El de las agresiones es un problema que crece y que se sale de madre.

Rocky Iv Aspirante al permiso de conducción ciertamente garrulo, agraviado por un suspenso
que considera justamente injusto, antes de emprenderla a puñetazos con su examinador

Esto viene por una suma de factores: las consecuencias de la crisis económica, sumadas a la inelasticidad de la demanda del permiso de conducir, sumadas a esa obligación que desde hace unos años tienen los examinadores de comunicar ellos mismos el resultado a los aspirantes, se convierte en un cóctel del que ahora beben los examinadores. Pero vamos, que el cóctel tiene el mismo sabor que cuando el mal trago se lo echaba el profesor mientras el examinador saltaba del coche en plan si te he visto no me acuerdo. Pasa que el profesor no podía hacer huelga ante nadie porque, por lo general, se comía las pérdidas económicas, se comía el cabreo del alumno y cuando este se le iba a la competencia se quedaba con la misma cara que se están quedando ahora los examinadores, cuando ni Marta Carrera, subdirectora de Formación Vial de DGT, ni menos aún María Seguí, directora general de DGT, les hacen demasiado caso, que digamos.

Teclearhastalamuerte
Los examinadores sugieren un cambio que imite la metodología de Francia, donde según dicen no se entrega el resultado de forma inmediata, sino al día siguiente. Algo así se hace ya en el ámbito de la Teórica, donde el aspirante conoce si ha aprobado o suspendido al día siguiente, como pronto. Lo consulta en la página web de DGT y luego es libre de hacer, si le da la gana, como el niño loco alemán o como el monigote aquel que teclea hasta la muerte, y resolver así sus conflictos existenciales en la intimidad del hogar, o del móvil, o donde sea, pero a 24 horas de distancia del examinador, por si las moscas.

¿Serviría esta medida para acabar con el conflicto? Sin duda, se acabaría con el conflicto que tienen los examinadores en el día del examen, y con eso estarían ya satisfechos. Si por el contrario la situación sigue como está, plana la convocatoria de un paro general para el día 21 de octubre, además de mantener los paros parciales que están teniendo lugar ahora.

De todas formas, esta medida salvaría los muebles en casa del examinador, pero mantendría el problema en casa del profesor. Y además, según el caso enfriaría el diálogo entre el profesor y el examinador tras el examen, al no existir la obligación de cerrar la evaluación en ese preciso momento. Vuelta, por lo tanto, a los tiempos no tan lejanos en los que el examinador podía saltar del coche en busca del siguiente como alma que lleva el diablo, a fin de terminar sus exámenes cuanto antes. Si te he visto no me acuerdo, y si me querías comentar algo, ahí te quedas.

Dicho de otra manera, un alumno presuntamente ido de la cabeza, como aquel que me trae tan gratos recuerdos, quizá no sería objeto de conversación entre profesor y examinador, por lo que seguiría asistiendo a exámenes in æternum, hasta que un mal día le sonara la flauta por casualidad... y quizá acabara matando a alguien en un paso de peatones, sin un profesor que le frenara de forma enérgica y hasta hacer saltar las alarmas, como tuve que hacer yo aquel día.

La solución está en la base, nunca en la punta del iceberg.

Nota: Dedicado a los profesores y directores que en días pasados me han preguntado por mi parecer sobre este asunto.

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