Mantener el coche a salvo de roces y portazos es muy difícil, incluso si lo aparcas en un garaje comunitario, pero no es imposible. Después de encontrarme varias marcas de las puertas del coche de mi vecino de plaza, decidí solucionarlo.
Desde entonces, el lateral de mi coche ha dejado de coleccionar señales de portazos y los vecinos no han vuelto a arañarme el paragolpes.
La complicada lucha contra los vecinos incívicos
Si eres de los que cuida el coche, te gusta tenerlo limpio, y no soportas (con toda la razón del mundo) que nadie te lo raye o le de un golpe al aparcar “de oído”, eres plenamente consciente de que aparcar en la calle en España es un suplicio.
En teoría, la solución para que los que somos así estemos tranquilos es dejar el coche en un garaje, pero, por desgracia, en la práctica tampoco garantiza la integridad del coche porque muchos de los usuarios de estos párkings no tienen ningún cuidado.
La única forma de mantener el coche a salvo de los incívicos es aparcarlo en un garaje individual. En los aparcamientos comunitarios, otros usuarios pueden darte un golpe con su coche cuando hacen maniobras y es todavía más común que el vecino de la plaza de al lado abra la puerta sin ningún cuidado y acabe marcando los laterales de tu coche. Solo hay que fijarse en la cantidad de marcas que tienen en los laterales la mayoría de coches en España para ver lo habitual que este comportamiento.
El problema es que la mayoría de la gente no tiene posibilidad de guardar su coche en un garaje individual. Los que más se utilizan en nuestro país son comunitarios.
Es mi caso y, después de varios portazos, de una matrícula doblada (probablemente alguien me dio con una bola de remolque) y de un paragolpes rozado (en todos los casos sin que el autor intentase contactar conmigo ni dejase una nota en el parabrisas de mi coche), decidí ponerle remedio.
Como el coche que duerme en este garaje lo utilizo muy poco, compré una funda de lona para protegerlo dentro del garaje. Desde que la utilizo, no he vuelto a encontrar ninguna marca de la puerta del coche del vecino y tampoco roces en los paragolpes.
No es infalible porque, si el portazo es demasiado fuerte, aunque no marque la pintura, puede hacer un pequeño abollón en la carrocería, pero me permite estar un poco más tranquilo. Además, el coche me dura limpio más tiempo porque no acumula polvo dentro del garaje, todo se queda en la funda.
Eso sí, reconozco que no es lo más cómodo porque cada vez que cojo el coche tengo que quitar la funda y guardarla en el maletero o en el trastero. Y, lógicamente, cuando lo aparco, tengo que poner la funda, aunque si está sucio no la pongo para evitar que se raye. Si tuviera que coger el coche todos los días, confieso que no utilizaría la funda.
En este último caso, utilizaría un protector magnético para las puertas, una especie de colchoneta que se acopla al lateral del coche mediante imanes y se lleva los portazos de los otros coches para ahorrárselos a la carrocería. Los hay bastante compactos y traen funda para guardarlos en el maletero o el trastero cuando el coche no está aparcado.
Al igual que la funda, es una opción asequible porque estos protectores se pueden comprar desde unos 20 euros, mientras que las fundas se encuentran por menos dinero, aunque también hay modelos muy caros, todo depende de tu presupuesto.
Imágenes | Unsplash, Motorpasión y Amazon
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