Australia lleva casi una década inmersa en la construcción de uno de los mayores proyectos energéticos de su historia. Bautizado como Snowy 2.0, pretende conectar dos embalses separados por casi 30 km mediante una red de túneles, y a su vez con una central eléctrica subterránea a casi 1 km bajo tierra. Su objetivo: ser una suerte de gigantesca batería de agua para gestionar energía renovable.
Los sobrecostes y los retrasos han sido santo y seña en este ambicioso plan de energía renovable: la factura inicial rondaba los 2.000 millones australianos, pero se estima que superará los 40.000 millones. Su gran talón de Aquiles: la tuneladora Florence, que se quedó atrapada en el barro durante año y medio.
Una batería de agua tan ambiciosa como complicada
La idea coleó durante casi tres décadas, pero fue en 2017 cuando el gobierno australiano anunció el proyecto de Snowy Hydro 2.0, a cargo de la empresa de energía Snowy Hydro. Se enmarca en las Montañas Nevadas (Snowy Mountains -Nueva Gales del Sur), y aspira a ser uno de los sistemas de energía hidroeléctrica de bombeo subterráneo más grandes del planeta.
Es tan ambicioso como complejo: este megaproyecto hidroeléctrico de bombeo va a conectar dos embalses, el superior de Tantangara con el inferior de Talbingo. Ambos están separados por 27 km, bajo las montañas. Su tercera pieza es una central eléctrica, a 800 m bajo el subsuelo. La kilométrica red de túneles se extiende bajo el Parque Nacional Kosciuszko.
Su fin es el de operar como una inmensa "batería de agua", para equilibrar la producción intermitente inherente a las renovables. Cuando haya superávit por alta generación de solar o eólica, el agua se bombeará al embalse superior para almacenarla. Cuando la demanda eléctrica aumente, el proceso se invierte dejando caer agua al embalse inferior, moviendo las turbinas de la central subterránea y generando electricidad. Cuando esté lista, se prevé que proporcione hasta 2.200 MW a la red nacional. Suficiente, prometen, para asumir el 10% de la demanda australiana en horas punta.
El drama de Florence: la tuneladora que no pudo con la roca y el barro
La mala planificación ha sido el gran problema de este proyecto: las condiciones geológicas del terreno de excavación para los túneles no se calcularon correctamente. En 2021, y tras años de preparación del terreno y adjudicaciones, empezaron a operar las tres tuneladoras TBM (Tunnel Boring Machine por sus siglas en inglés) para hacer realidad los túneles. Entre ellas Florence.
Esta inmensa tuneladora de más de 11 m de diámetro empezó a excavar en marzo de 2022, pero se quedó atascada dos meses después, tras tropezar con suelo blando y arcilloso. Las tareas para liberarla fueron complicadas, alargándose meses: Florence pasó la mayor parte de 2023 atorada en el barro, provocando además un hundimiento en el Parque Nacional Kosciuszko. Volvió a coger ritmo en diciembre de 2023, perforando unos seis metros por jornada, hasta que en mayo de 2024 volvió a atascarse. Esta vez por toparse con roca dura. Terminó dañada, y hubo que detener nuevamente los trabajos. Para liberarla, emplearon chorros a alta presión.
La solución finalmente fue la de comprar una cuarta tuneladora: Monica. Más avanzada, está diseñada para superar la zona geológica más compleja del trazado. La decisión se tomó en 2024, ante el infructuoso trabajo de Florence. Pero no ha sido hasta febrero de este año cuando se ha presentado esta nueva tuneladora de 178 m de largo, que ya ha comenzando a perforar. Ha costado unos 75 millones de dólares australianos.
De 1.200 millones a 7.300 millones de euros, y subiendo
Snowy Hydro 2.0 ha estado pues marcado por múltiples retrasos y una factura que no ha dejado de subir respecto al presupuesto inicial. No solo por Florence, el proyecto se ha visto afectado por problemas de seguridad: desde encontrarse gases tóxicos en los túneles, a la explosión de un ventilador industria. También se ha enfrentado a una huelga: a finales de enero de 2025, los trabajadores se plantaron porque las cámaras de refugio, esenciales para ponerse a salvo en caso de emergencia, no estaban operativas. Y ha sufrido auditorias por múltiples incumplimientos.
El coste estimado cuando se anunció el proyecto en 2017 era de unos 2.000 millones de dólares australianos (cerca de 1.200 millones de euros al cambio actual). Pero los sobrecostes ya van por 10.000 millones, estando cerca de los 12.000 millones de dólares australianos (cerca de 7.300 millones de euros).
Aunque el montante final será más elevado. Las voces más críticas sitúan los gastos totales del proyecto en unos 42.000 millones de dólares australianos. En esta estimación se incluyen 20.000 millones en costes directos, 8.000 millones en intereses tras años de construcción y otros 12.000 millones correspondientes a la parte del proyecto en las nuevas líneas eléctricas asociadas, como Humelink y VNI West, ligadas originalmente a este proyecto.
El nuevo calendario fijado es que esta inmensa batería de agua entre en funcionamiento en 2028, si es que no sufre más retrasos por el camino. Actualmente está completada a cerca del 70 %.
Imágenes | MegaBuilds en Youtube / Skynews Australia en Youtube, Snowy 2.0
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