El cinturón de seguridad se hizo obligatorio en carretera en España en 1974, y en ciudad no llegó hasta 1992. Entre medias hubo casi dos décadas de resistencia cultural. Varias generaciones crecieron viendo el cinturón como una imposición incómoda, no como una herramienta que salva vidas. De ahí nació uno de los trucos más extendidos y más peligrosos de la automoción doméstica española: la pinza de la ropa en el cinturón de seguridad.
El invento más casero y castizo es también uno de los más peligrosos que se hayan ideado, a pesar de su aparente inocuidad.
El cinturón de seguridad no te oprime, te abraza
La mecánica era sencilla. La banda diagonal del cinturón, la que cruza el pecho, presiona contra el cuerpo. Para algunos conductores esa sensación era desagradable. La solución casera consistía en enganchar una pinza de tender o un clip de plástico en la cinta.
El conductor, o pasajero, tiraba del cinturón hacia delante para que quedara flojo y no le apretara el pecho. Enganchaba entonces una pinza en el cinturón, pegada al agujero de salida en el pilar central del coche. La pinza actuaba de tope y chocaba contra la ranura, impidiendo que el mecanismo del coche volviese a enrollar el cinturón. Así, el cinturón dejaba de apretar. También dejaba de ser útil.
Los cinturones modernos no son una simple cinta con hebilla. Incorporan un pretensor pirotécnico que, en el instante del impacto, retrae varios centímetros de cinta en milisegundos para eliminar cualquier holgura y fijar al ocupante contra el asiento antes de que actúe el limitador de fuerza. Ese sistema está calculado para una cinta tensa desde el primer milisegundo de la colisión.
Con una pinza generando holgura previa, el pretensor tiene que recorrer esa distancia extra antes de empezar a sujetar realmente al ocupante. En una colisión a 50 km/h, ese margen de unos centímetros se traduce en un desplazamiento del cuerpo hacia delante que puede ser decisivo. El ocupante gana velocidad relativa respecto al habitáculo antes de que el sistema de retención empiece a trabajar.
Esa holgura añadida es precisamente el escenario que provoca el llamado efecto submarino: la pelvis se desliza por debajo de la banda abdominal del cinturón en lugar de quedar retenida por ella, y el cuerpo se proyecta hacia arriba y hacia delante. Es una de las lesiones más graves que puede sufrir un ocupante en un choque frontal, con riesgo directo para el abdomen y la columna lumbar.
Por otra parte, hay que tener en cuenta que el airbag frontal está diseñado para inflarse en apenas 30 o 40 milisegundos y actuar como colchón para un cuerpo que el cinturón ya ha frenado parcialmente. Si el cinturón no ha hecho su trabajo por culpa de la holgura, el ocupante llega al airbag con mucha más velocidad de la prevista. Y en ese caso, en lugar de amortiguar, el airbag golpea. La combinación de cinturón flojo y airbag desplegado a alta velocidad de impacto es uno de los escenarios que más agrava las lesiones torácicas y faciales.
Actualmente, cualquier dispositivo que module la tensión del cinturón, ya sea una pinza o un clip comercial (supuestamente para "ajustar el cinturón", ejem), está sancionado por la DGT como uso incorrecto del sistema de retención y es equiparable a circular sin cinturón. Y es que según el artículo 117 del Reglamento General de Circulación, “el conductor y los ocupantes de los vehículos estarán obligados a utilizar, debidamente abrochados, los cinturones de seguridad homologados”; énfasis en “debidamente”.
La sanción económica, 200 euros de multa y 4 puntos menos en el carnet de conducir según la Ley de Tráfico, es la menor de las consecuencias. En caso de accidente, muchas aseguradoras pueden alegar mala praxis para reducir o rechazar la cobertura de las lesiones derivadas de una retención manipulada.
Imágenes | State Farm, Amazon
En Motorpasión | Los madrileños tendrán que pagar al Real Madrid casi 30 millones por un parking que era ilegal: el Ayuntamiento permitió el inicio de las obras
Ver 0 comentarios