Cuando te gustan los coches, de verdad, no hay sustituto para el cambio manual. Con un cambio manual tú decides cuándo cambiar de marcha, y si dominas la técnica del doble embrague, y más aún la del punta-tacón, es aún más gratificante. Por supuesto es menos efectivo y más lento que un cambio automático moderno. Quienes ya no puede vivir sin un cambio automático pensará que es un poco cómo escribir una carta con estilográfica frente a enviar un email. Es una idea romántica que requiere cierta destreza, pero superada por la tecnología.
Un estudio de la Universidad de Tohoku (Japón) añade un giro inesperado al debate: el argumento a favor de cambiar de marchas a mano podría ir más allá de la diversión y afectar positivamente a la salud del cerebro.
En el fondo, tu cerebro prefiere el cambio manual
El profesor Ryuta Kawashima, del Instituto de Desarrollo, Envejecimiento y Cáncer de la Universidad de Tohoku, ha investigado la actividad cerebral de conductores al volante de coches manuales y automáticos. Su nombre no es el de un académico cualquiera, es el neurocientífico que diseñó la saga Brain Age de Nintendo, los juegos de "gimnasia mental" que vendieron millones de copias entre 2003 y 2020.
Según recoge el medio japonés Best Car Web, la investigación encuentra diferencias claras en la corteza prefrontal, la región que gestiona la memoria, la atención y la toma de decisiones. Elegir la marcha adecuada, pisar el embrague, mover la palanca y dosificar el acelerador de forma simultánea obliga al cerebro a coordinar varias tareas a la vez. Un automático, dice Kawashima, "supone una carga menor para las funciones cognitivas" precisamente porque elimina esa coordinación.
Kawashima sostiene que cambiar de marcha con regularidad tiene "un efecto significativo en el mantenimiento de la salud mental y la función cognitiva". Es, en la práctica, un entrenamiento cerebral de bajo nivel que desaparece en cuanto el coche empieza a tomar esas decisiones por nosotros. Y es que estimular las vías neuronales preserva la función cognitiva, algo que el simple hecho de conducir un vehículo automático o semiautónomo no puede igualar.
El dato cobra más sentido en un país como Japón, con una de las poblaciones más envejecidas del planeta, donde el deterioro cognitivo es ya un problema de salud pública. Pero el mecanismo no entiende de fronteras. Cualquier estímulo capaz de mantener activa la corteza prefrontal suma, y son precisamente los gestos mecánicos y repetitivos los que menos protagonismo tienen en la conducción moderna.
Usar las levas del cambio automático, cuando el coche dispone de ellas y de un modo manual, es una forma de estímulo similar, aunque todavía más bajo, pues sólo hay que determinar cuándo cambiar de marcha. Pero son pocos los modelos con esta función en el mercado. Y con el auge del coche eléctrico, es algo que sólo modelos de corte deportivo equipan, como los Hyundai Ioniq 5 N y Ioniq 6 N.
La paradoja es evidente. Mientras la ciencia encuentra argumentos nuevos a favor del cambio manual, el mercado avanza en la dirección contraria. España e Italia son ya los últimos reductos europeos con cifras relevantes de coches manuales, un 41% y un 48% respectivamente. El resto del continente, al igual que EEUU -a pesar de un leve repunte- y Japón, empieza a dejar dormida esa parte del cerebro.
Imágenes | Porsche, Volkswagen
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