Reino Unido consiguió lo que quería con el Brexit: salir de la Unión Europea, pero para lo que interesa. Hay muchos sectores que todavía siguen ligados a la UE dentro de Reino Unido, y la industria automovilística es uno de ellos ya que sus fábricas siguen dependiendo, en gran medida, del mercado comunitario.
A pesar de estar fuera de la UE, la paradoja se repite porque Londres quiere ahora que sus coches y baterías sean considerados europeos para beneficiarse de las futuras ventajas industriales de Bruselas, aunque, repetimos: ya no forma parte del mercado único.
Francia y Alemania tienen una posible solución
Podría parecer una cuestión menor o franqueable, pero no, porque las nuevas reglas pueden determinar qué vehículos reciben ayudas públicas, cuáles pueden participar en determinadas licitaciones y dónde interesa instalar las próximas fábricas.
El origen del problema radica en la Industrial Accelerator Act (IAA), que es una propuesta legislativa que la Comisión Europea presentó el pasado 4 de marzo de 2026 basada en tres pilares: reforzar la industria comunitaria, acelerar la descarbonización y reducir la dependencia de las importaciones, especialmente de China.
¿Cómo lo harán? Pues la idea de Bruselas es utilizar las compras públicas y los incentivos económicos como herramientas para favorecer los productos fabricados en Europa. Y claro, ha generado preocupación entre los fabricantes británicos porque, a pesar de no formar ya parte de la UE, pues si sus vehículos quedan fuera de los criterios de origen europeo, podrían perder acceso a determinadas ventajas frente a modelos fabricados dentro de la UE. La paradoja.
La cuestión es que no bastaría con montar un coche en territorio europeo, sino que, para que un eléctrico pueda acogerse a esos incentivos que plantea la Comisión, se exige que el ensamblaje final del coche se realice en territorio de la UE; que el valor de al menos el 70% de sus componentes (sin contar la batería) sean de origen europeo (o “equivalente”) y que tres de sus componentes principales de la batería (incluidas las celdas) también sigan ese mismo criterio.
80.000 millones en juego
Así que, claro, Reino Unido no quiere darse fuera. Alemania y Francia parecen favorables a esa postura, y ya estudian cómo meter al país entre los socios industriales reconocidos por Europa. Si lo hacen, pues, y a pesar de estar fuera de la UE, permitiría dar ese tratamiento a determinados países que formaban parte del mercado único el 1 de enero de 2020, como Reino Unido, sin obligarlos a regresar a la Unión Europea.
Claro que no sería gratis: la fórmula exigiría cierta reciprocidad comercial y que Londres se alinease con determinadas medidas europeas como la de eliminar las importaciones de coches chinos.
La cifra con la que juegan son 80.000 millones de euros, tal y como data la asociación británica del automóvil SMMT. Y se entiende fácilmente con un dato: en 2025, el 60,4% de los coches exportados por Reino Unido tuvieron como destino la Unión Europea, mientras que el mercado británico recibió casi el 30% de las exportaciones europeas.
Naturalmente, fabricantes como Ford, Nissan o Stellantis tienen mucho que perder si sus fábricas quedan fuera de esas futuras ventajas que planea la UE. Incluso España, cuyas plantas forman parte de una cadena de suministro que funciona a escala internacional.
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