China devora tantísimo pescado que ya tiene una solución drástica para ahorrar: dos “portaaviones” para criarlo en alta mar

Las inmensas granjas de pescado de China son capaces de criar peces en alta mar, esquivar tifones y reducir su dependencia de las importaciones

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Irene Mendoza

China lleva desde 2022 peleando una batalla menos visible que la de los chips o los coches eléctricos: la de la comida. Con una población de 1.413,5 millones de habitantes, según la Oficina Nacional de Estadística china, garantizar proteína abundante y barata se ha convertido en una prioridad nacional.

El pescado es clave en esa ecuación, pero sus aguas costeras están bajo presión y la dependencia de las importaciones es altísima (sobre todo, para las especies más demandadas). La respuesta de Pekín podría parecer salida de una serie de Netflix, pero nada más lejos: megabuques acuícolas que funcionan como piscifactorías móviles que, en lugar de salir a pescar, están diseñados para criar peces en alta mar.

Estos colosos que desafían las normas de la pesca tradicional ya están operativos, y van equipados entre otras cosas con sensores inteligentes, alimentación automatizada y capacidad para desplazarse allí donde el agua ofrece mejores condiciones para cada especie.

China pasa de pescar a “fabricar” pescado en mitad del océano

Uno de los proyectos más llamativos es el Wan Qu Ling Ding, construido por Jiangmen Hangtong Shipbuilding. Mide 155,8 metros de eslora, cuenta con 12 compartimentos independientes y puede gestionar unos 80.000 metros cúbicos de agua. Los responsables de este megabarco aseguran que puede producir entre 3.000 y 5.000 toneladas de especies de alto valor al año como seriola, mero o palometa dorada.

La principal diferencia entre estos megabarcos y las piscifactorías tradicionales es que no permanecen fijos en un mismo punto. En lugar de operar siempre en el mismo sitio, pueden navegar mientras mantienen la cría de peces en las condiciones perfectas, controladas dentro de sus tanques y compartimentos internos.

Muchos de estos tanques van semi sumergidos o integrados en el propio casco para estar en contacto con el agua del exterior. Así, gracias a sistemas de monitoreo en tiempo real, pueden detectar tifones, episodios de contaminación, mareas rojas o cambios bruscos de temperatura y desplazarse hacia zonas más seguras o favorables para el pescado. Así, la acuicultura es una operación mucho más flexible, cercana a “una industria logística flotante”.

Mucho más que pescado: seguridad alimentaria y poder industrial

Otro de estos barcos dignos de mención es el Su Hai No. 1, una mole de 250 metros diseñada para criar salmón. China importa gran parte del que consume, sobre todo desde Noruega y Chile, así que producir una parte dentro de su propio radio logístico reduce dependencia exterior y acorta tiempos de entrega. Además, incorpora planta de procesamiento a bordo para enviar producto fresco a los grandes mercados urbanos en menos tiempo.

Megabarcos

Con estos barcos China no está construyendo meras granjas flotantes; está probando tecnología de navegación autónoma, control remoto y eficiencia energética que mañana podría llegar a cargueros, ferris o barcos Ro-Ro que transportan coches. 

De paso, reduce presión sobre los caladeros y depende menos del exterior. A veces una revolución industrial no empieza en una fábrica ni en una carretera, empieza con un filete de salmón criado en mitad del mar.

Imágenes | CGTN Europe

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