China lleva siglos sorprendiendo al mundo con obras descomunales como la Gran Muralla o el Ejército de Terracota. Hoy esa tradición sigue viva con infraestructuras que parecen imposibles: el Puente del Gran Cañón de Huajiang, el más alto del mundo con 625 metros, o el Enlace Shenzhen-Zhongshan, una megaobra de 24 km que es al mismo tiempo macropuente, túnel y museo.
Ahora, a esa lista se suma una joya histórica mucho más antigua: una carretera imperial de hace más de dos milenios que muchos especialistas consideran la antecesora de las autopistas modernas. Bautizada como ‘Camino Recto de Qin’ o Qinzhidao, el tramo de 13 km ha salido a la luz gracias a una excavación realizada por un equipo del Instituto de Protección e Investigación del Patrimonio Cultural de Yulin, en Shaanxi.
Una vía rápida diseñada hace 2.200 años
Según datos recogidos por National Geographic, la calzada presenta una anchura de entre 40 y 60 metros en algunos puntos, medidas que sorprenden incluso hoy. Su función principal era mover tropas con rapidez hacia la frontera norte del imperio, una zona sometida a la presión constante de los xiongnu, pueblos nómadas que durante siglos fueron una amenaza para la China imperial.
Además de su tamaño, lo que más llama la atención es el trazado. Sus ingenieros querían avanzar en línea recta siempre que fuera posible. Para conseguirlo, excavaron laderas, rellenaron barrancos y abrieron pasos en la montaña. Los arqueólogos han identificado hasta nueve pasos consecutivos tallados en roca, una obra gigantesca para una época sin explosivos ni maquinaria pesada.
También sorprende la técnica con la que construyeron el firme. Diversos estudios describen “capas de tierra apisonada de entre 11 y 19 cm de grosor”, compactadas a mano hasta lograr una dureza cercana a la piedra. El objetivo era soportar el paso continuo de soldados, carros de suministro y animales, además de reducir la erosión causada por la lluvia y el uso constante.
La existencia del Qinzhidao ya aparecía en las Memorias históricas de Sima Qian, que situaban el inicio de las obras hacia el año 212 a. C. Sin embargo, gran parte de su recorrido seguía siendo un misterio. La fotografía aérea y los sensores satelitales permitieron detectar líneas rectas imposibles en plena montaña, lo que llevó a localizar este tramo oculto durante siglos.
Pero no era sólo una vía militar. Los investigadores han encontrado cerámicas, tejas y restos constructivos que apuntan a una estación de relevo junto al trazado, algo parecido a una antigua área de servicio donde mensajeros y caballos descansaban antes de continuar viaje. Fuentes chinas aseguran que la red completa superó los 700 km y atravesó territorios de las actuales Shaanxi, Gansu y Mongolia Interior.
Cuesta imaginar cómo pudo levantarse una obra así sin acero, excavadoras ni tecnología moderna, pero hoy, la que ha sido una auténtica “carretera fantasma” siglos nos deja una idea muy interesante: mucho antes de que existieran los coches, China ya construía grandes vías pensadas para viajar más rápido y controlar enormes territorios.
Imágenes | Government Shaanxi Province, SilkRoadDiaries, China Daily
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