En 1916, los primeros carros de combate atravesaban la Somme sobre orugas metálicas para salvar un barro que ninguna rueda de la época podía superar. Un siglo después, el barro de Ucrania ha vuelto a demostrar que los tanques de oruga no han perdido su utilidad, pero entre ambos episodios se ha instalado una nueva doctrina que recorre los ministerios de Defensa de todo el mundo.
Y es que para desplegar fuerzas rápidamente, reducir los costes de mantenimiento y transportarlas por carretera de un extremo a otro de Europa, mejor usar un blindado con ruedas.
El apogeo de los blindados de ruedas
Toda Europa lo vive en directo. El VCR Dragón español, el 8x8 que UROVESA y General Dynamics fabrican para reemplazar al veterano BMR-600, debe alcanzar las 348 unidades por valor 1.741 millones de euros antes de 2030. Italia ha llevado el concepto más lejos con el Centauro II, un vehículo de 30 toneladas con ocho ruedas equipado con un cañón de 120 milímetros, el mismo calibre que un Leopard 2, y con autonomía suficiente para cruzar la mitad de la península sin repostar.
Alemania apuesta por el Boxer, Francia por el Griffon y el Jaguar, Polonia mantiene su elección del Rosomak, y Estados Unidos respalda desde hace dos décadas sus brigadas de combate sobre Stryker. Australia y Reino Unido han seguido la misma línea con variantes del Boxer, señal de que el fenómeno no responde a un capricho nacional, sino a un consenso de toda la OTAN.
La lógica detrás de este giro es más económica que táctica. Un vehículo con ruedas requiere entre un 50 % y un 100 % menos de paradas de repostaje que uno con orugas para recorrer la misma distancia, según los estudios que el ejército estadounidense lleva años citando, y su mantenimiento resulta sensiblemente más barato, ya que no sufre el desgaste mecánico de una cadena de eslabones.
Además, pesa menos, lo cual es clave cuando hay que transportarlo por avión: un Centauro II, por ejemplo, cabe en un A400M, mientras que un carro pesado exige un medio de transporte mucho más grande, como camiones especiales, y una logística (camiones, trenes) que muchas fuerzas armadas ya no pueden permitirse desplegar con rapidez. A esto se suma la firma acústica, una oruga de eslabones metálicos se oye a mayor distancia que una rueda sobre el asfalto o la tierra, un detalle decisivo cuando el enemigo dispone de un dron de escucha a dos kilómetros de altitud.
De cierto modo, los ejércitos están priorizando una o dos de las cuatro funciones esenciales del blindado, a saber, la movilidad, la potencia de fuego, la información y la protección. Sin embargo, estas dimensiones son inseparables.
En la mayoría de ejércitos europeos, “al haberse concentrado durante 20 años en la lucha antiguerrilla, se prioriza la rueda, muy adaptada a los terrenos de las operaciones exteriores, frente a la oruga, y en materia de protección se refuerzan los blindajes para hacer frente a los artefactos explosivos improvisados”, explica Marc Chassillant, profesor de arquitectura de sistemas de armas en la ENSTA. “Sin embargo, las agresiones modernas han cambiado las reglas del juego. De ahí que las exigencias de protección balística estén en alza, lo que conlleva un aumento constante del peso”.
La guerra en Ucrania complica aún más esa idea de abandonar los tanques de orugas. Los drones han diezmado los blindados de ambos bandos, con más de 13.800 vehículos rusos perdidos en 2025 según el recuento del sitio Oryx, pero cuando las lluvias otoñales convierten el frente en un barrizal, son las unidades con orugas las que siguen avanzando mientras las de ruedas se quedan atascadas.
Es una conclusión que analistas ucranianos como Oleksandr Kovalenko han dejado clara durante las ofensivas rusas de finales de 2025. La rueda gana en carretera y en coste. La oruga sigue ganando en el barro y bajo fuego directo.
Lo que realmente está cambiando no es la despedida del carro de combate, sino la distribución de roles dentro de cada ejército. Los países europeos, limitados por presupuestos ajustados y por la necesidad de desplazar brigadas enteras por carretera de un flanco a otro de la OTAN, centran ahora sus inversiones en flotas de blindados 8x8.
Y estos 8x8 sirven para todo, como el transporte de infantería, el reconocimiento, el apoyo de fuego ligero e incluso la defensa antiaérea, mientras reservan los carros pesados, muy pesados, cada vez menos numerosos, para el choque directo. Se trata de una redistribución de recursos disfrazada de revolución tecnológica. La oruga no desaparece. Simplemente, ya no tiene que hacerlo todo.
Imágenes | IDV, Ejército de Tierra, Paul Korecky (militarnyi)
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